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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

The Mountain Inferno

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El páramo.

El páramo.

Ayer, en una votación descacharrante de estas que tanto gustan a los políticos españoles –tan carentes ellos de principios o nada sólido que se le parezca y siempre pendientes de salir en la foto (Y por tanto no moverse, como ya vaticinaba Guerra)- el Partido Popular y el resto de fuerzas políticas de Galicia decidieron ponerle punto y final a las obras de la Cidade Da Cultura de Galicia.

En otras palabras, decidieron no seguir construyendo, lo que no significa que no vayan a seguir pagando en una liquidación que se prevé más tensa que un baile de vampiros en pabellón de hemofílicos, dado que sospechamos andarán pendientes modificados, reformados…. y dado el simple hecho de que lo que las constructoras contrataron fue la obra completa y la paralización implicara demandas de compensación. Les parecerá extraño, pero como me dijo una vez un jefe de obra de cierta constructora española: “Yo cobro por hacer y cobro por dejar de hacer”.

Pocas obras como la Cidade da Cultura (Con el agravante de llevar además ese nombrecito como recochineo) representan el pantano por el que ha circulado una parte de la arquitectura pública; una representación que permea todo el ecosistema y que incluye en igual orden de responsabilidad en el despropósito a la casta política (des)gobernante, a la profesión –representada por jurados, instituciones, universidades, etc- y a los medios de comunicación sean estos generalistas o especializados.

Veamos, someramente.

La obra empieza de la peor manera posible, y también de la más común para estos desmanes: con la única base de un ego desproporcionado, el de un Manuel Fraga Iribarne que encaraba ya los últimos años de su vida pública y que hizo buenos de golpe dos refranes: El de que si es bueno saber llegar, es más importante aun saber marcharse a tiempo y el de que los tigres de bengala, cuando presienten el final, es cuando más peligrosos se vuelven. Así, en la línea reinante por aquel entonces en este país de hacer las cosas “porque se podía” (O se creía que se podía) en vez de porque eran necesarias para una ciudadanía -que es a la postre la que paga la cuenta- se plantaron los cimientos para aquel funesto concurso de ideas del que aun hoy no hay salida más allá del garrotazo y tente tieso.

No es baladí recordar que la Cidade Da Cultura comienza en 1999, al rebufo inmediato de la inauguración de Guggenheim Bilbao, siendo precursora hasta en ese desnortamiento que pretendía trasplantar los resultados bilbainos únicamente a base de repetir lo más simplificado de la receta: Icono / Arquitecto famoso / Toneladas de dinero, sin contemplar que tras el fenómeno Guggenheim se hallaba una planificación a muchos años vista que no solo incluía el museo y que éste –pagado en su mayor parte por aportación privada- tenia detrás a una institución como la Fundación Guggenheim, con una enorme experiencia en estas lides de la que carecía el proyecto Gaias.

Se llega de esta forma a un concurso de ideas en el que participan los sospechosos habituales y en el que los resultados son peculiares. Un ejemplo preclaro de la epidemia de jurados –integrados por profesionales, lamentablemente- en los que se dejaba el mínimo criterio técnico, racional y responsable en la puerta, movidos por una parte por el afán de protagonismo y por otra por el terror infantil y patético a ser tachados de “antiguos” o peor aun de “formalistas” en una España en la que ya empezábamos a pavimentar las calles con oro y el icono corría suelto por los montes, como el lobo de Félix Rodríguez de la Fuente, y con la misma voracidad. Nadie quería ser menos. Nadie quería ser el jurado cuyo proyecto –sin ninguna otra consideración que la puramente estética banalizada de lo visual- no hiciera correr ríos de tinta en Pasajes o en cualquier medio generalista.

Ello cuando no cursaban otros intereses, mucho más espurios y menos confesables, con la presencia de jurados que se constituyeron en auténticos “negociadores” de lo que ya empezaban a ser las “Arquistars” (Por mucho que a Rem –ahora- le parezca falso el término).

Cabe recordar las palabras de Wilfred Wang, quien fue miembro del jurado y el UNICO que voto contra la elección de Eisenmann:

También es responsabilidad del jurado, a mí me podrían decir que por qué he participado en el proyecto de un megalómano. Un proyecto con el que no se sabe qué hacer a largo plazo y en la que la UE ha gastado ni se sabe cuánto. Y uno de los principales responsables es Galiano que influyó en que el área destinada al proyecto se duplicase respecto a lo previsto. La conexión de espacios y las circulaciones suponen un exceso y un gasto superfluo. Este señor tendría que venir ahora aquí y ver lo que ha hecho, es un desperdicio increíble. Y Eisenman no está comprometido con el proyecto, no ha puesto su corazón en él. Ha propuesto hacer muchos cambios, es muy irresponsable.

Más claro imposible, más allá de lo mucho o lo poco que ponga la víscera en las cosas Mr. Eisenmann.

Y así, con un proyecto desproporcionado, falto –desde el mismo principio- de medios y de presupuesto (Estaba claro que con la base de licitación no se llegaba), seleccionado más por intereses secundarios que por lógica, arrancan unas obras que, a su manera son también paradigmáticas.

Revelan, de nuevo, el absurdo y la ceguera colectiva de asumir el postulado proyectual de Eisenmann: La eliminación de la coronación del monte Gaias para sustituirlo por una topografía artificial basada en la transposición de un recorte de la trama del casco antiguo de Santiago sobre la orografía resultante. Semejante banalidad –endeble en cualquier caso- se torna locura y pura impostación cuando se lleva hasta los extremos de dar como resultado edificaciones completamente desproporcionadas, costosas de mantener y de interiores absolutamente falleros, cubiertos de ingentes cantidades de pladur y falsos techos absurdos, cuyo único propósito es mantener esa transposición (sostenella y no enmendalla) e intentar dar algo de valor a secciones inermes, vacías y caprichosas.

Desde la parte técnica, se presagia y repite el mal de la década pasada con fruición: El empleo de la industria como si fuera artesanía sin preocupación alguna por los costes de producción (Matar moscas a cañonazos) y mucho menos por los de mantenimiento, la aplicación sistemática del criterio –megalómano- de “poder hacerlo” sin cuestionarse en ningún momento el “deber hacerlo”. (Veanse esos paños de vidrio de piezas todas diferentes, lo que no los mejora en absoluto. Vease esas cubiertas con inclinaciones in-gunitables. Vease el empleo EN GALICIA de piedra traída de Brasil… y un largo, largísimo etcetera).

Incluso, y sigue la perfección del paradigma, durante las obras aparece en este ejemplo preclaro la nueva performancia que nos invade. El artisteo banal e impostado pagado por el poder para distraer de lo importante, descubierto que lo útil es comprar a los voceros recomendados por otros “negociadores” que se dicen distintos de aquellos que en su día formaron parte del jurado y que, en realidad, no lo son en absoluto. Comenzábamos a entender que el futuro era de Lampedusa: Gatopardismo puro y duro revestido de conciencia social.

Así, Andrés Jaque se dedico a preparar un proyecto para “hacer Trasparente” a Peter Eisenmann. No podemos añadir mucho más a lo que ya dijimos al respecto (Les recomendamos, a día de hoy, la lectura, por lo que tiene de profético) de esta repugnante propaganda política oculta tras intenciones buenrollistas falsas y cuyo único interés es el de adocenar a una ciudadanía que es la principal victima tanto de los perpetradores originales como de los embellecedores posteriores, por celebrados que estos sean.

Y la obra siguió, y siguió. El presupuesto aumento y aumento hasta los 400 millones de euros. Y lo hizo bajo administraciones políticas DE TODOS los colores existentes, sin que nadie –más allá de emplearla como arma arrojadiza cuando su bancada era la correspondiente a la de la oposición y su memoria frágil- pareciera estar dispuesto a poner pie en pared y empezar a exigir responsabilidades.

Unas responsabilidades que implican un aumento presupuestario de hasta un 300% y el extremo de que las obras, a día de hoy, permanecen -y permanecerán- inacabadas.

Pero eso si, en su momento se hizo la pertinente foto. La necesaria. Aquella que da sentido a este dispendio, este monumento a la incultura, al ego, al despropósito técnico. Aquella que convierte todo en el necesario fondo de Photocall delante del cual colocar a las fuerzas vivas- rancias como puedan estas ser- con el poco disimulado objetivo de cambiar titulares por votos y olvidarse –a la mayor brevedad posible- del desaguisado.

The usual suspects

The usual suspects

Y tras este recorrido, se preguntaran ustedes, ¿Dimisiones? Ninguna. ¿Asunción de responsabilidades, un cierto “nos equivocamos”? Menos aun.

Quizá seria bueno preguntar a Eisenmann si le parece que su proyecto aun sigue manteniendo su validez. Al jurado si siguen defendiendo su elección. A los políticos de TODOS los partidos por que jamás se vieron capaces de parar el dislate. A Jaque si le parece que Eisenmann es ya suficientemente transparente (O si lo va a ser durante las generaciones enteras que el cotizante gallego va a estar pagando la broma).

No mentíamos cuando lo decíamos al principio. Aquí hay de todo. Es el caso de estudio más preclaro de lo sucedido…y de lo que aun sigue sucediendo. El futuro, de hecho, con unos costes de mantenimiento desproporcionados e inasumibles bien podría llevar a un gobierno nada ajeno a las privatizaciones como es el Gallego a plantearse esta forma de quitarse “el muerto” de encima: la venta encubierta de dotaciones públicas al mejor postor, de la que nos tememos estamos viendo y veremos muchos ejemplos en estos años venideros.

El proyecto quedará, después de la votación a la “yenka” del otro día, parado. Camino de convertirse en una ruina más de las muchas que van a poblar el territorio español.

Quizá sea este su único valor de futuro, el que en “El Coloso en Llamas” asigna el arquitecto –Paul Newman- a los restos calcinados de su megalómana obra mientras el bombero –Steve McQueen- lava su casco y contempla la escena.

“I don’t Know. Maybe they just ought’a leave it the way it is. A kinda shrine to all the bullshit in the world”

“No lo se. Tal vez deberian dejarlo como está. Una especie de monumento a todas las gilipolleces de este mundo”

Well said, Paul. Well said indeed.

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Written by Jose María Echarte

marzo 27, 2013 a 15:36

7 comentarios

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  1. Jose María, solo hace falta volverse atrás 50 años y leer lo que pensaban arquitectos honestos como Jose Antonio Cordech. Disculpad su extensión, pero es lo más cercano a vuestro/nuestro discurso, respecto de la parte político-palmera, tu escrito es una bofetada de realidad. Saludos

    “No, no creo que sean genios lo que necesitamos ahora. Creo que los genios son acontecimientos, no metas o fines. Tampoco creo que necesitemos pontífices de la Arquitectura, ni grandes doctrinarios, ni profetas, siempre dudosos. Algo de tradición viva está todavía a nuestro alcance, y muchas viejas doctrinas morales en relación con nosotros mismos y con nuestro oficio o profesión de arquitectos (y empleo estos términos en su mejor sentido tradicional). Necesitamos aprovechar lo poco que de tradición constructiva y, sobre todo, moral ha quedado en esta época en que las más hermosas palabras han perdido prácticamente su real y verdadera significación.

    Necesitamos que miles y miles de arquitectos que andan por el mundo piensen menos en Arquitectura (en mayúscula), en dinero o en las ciudades del año 2000, y más en su oficio de arquitecto. Que trabajen con una cuerda atada al pie, para que no puedan ir demasiado lejos de la tierra en la que tienen raíces, y de los hombres que mejor conocen, siempre apoyándose en una base firme de dedicación, de buena voluntad y de honradez (honor).

    Tengo el convencimiento de que cualquier arquitecto de nuestros días, medianamente dotado, preparado o formado, si puede entender esto también puede fácilmente realizar una obra verdaderamente viva. Esto es para mí lo más importante, mucho más que cualquier otra consideración o finalidad, sólo en apariencia de orden superior.

    Creo que nacerá una auténtica y nueva tradición viva de obras que pueden ser diversas en muchos aspectos, pero que habrán sido llevadas a cabo con un profundo conocimiento de lo fundamental y con una gran conciencia, sin preocuparse del resultado final que, afortunadamente, en cada caso se nos escapa y no es un fin en sí, sino una consecuencia.

    Creo que para conseguir estas cosas hay que desprenderse antes de muchas falsas ideas claras, de muchas palabras e ideas huecas y trabajar de uno en uno, con la buena voluntad que se traduce en acción propia y enseñanza, más que en doctrinarismo. Creo que la mejor enseñanza es el ejemplo; trabajar vigilando continuamente para no confundir la flaqueza humana, el derecho a equivocarse -capa que cubre tantas cosas-, con la voluntaria ligereza, la inmoralidad o el frío cálculo del trepador.”

    J.A. Coderch, 1960

    Dandieva

    marzo 27, 2013 at 16:58

  2. Del director de “Spain is different”… a Cidade da Cultura!!!!
    Parece mentira que esta brillante ocurrencia (idea no, eso merece otro rango…) de Don Manuel aún merezca discusiones y debates. Lo peor es la falta de dignidad de un arquitecto como P.E. para agrandar esta auto-loa (oda, mejor?). No me vale más tarde que nunca, ahora no tiene mérito, y menos cuando el homenajeado ya no está entre nosotros…

    @ro_almonacid

    rarquitectura

    marzo 27, 2013 at 19:41

  3. Animo.

    cdj

    marzo 28, 2013 at 20:20

  4. Como bien dijisteis por aquí hace tiempo, ahora es época de subirse al carro de la crisis y “maricón el último”. Parece que toda esa fauna (periodistas, arquitectos, bloggeros tangenciales) que en su día endiosaban y se nutrían de ese escenario de galácticos de la arquitectura, ahora se han reciclado y como en el mundo descrito por Orwell, lo han olvidado y ahora son los primeros en criticarlo y ponerse medallitas.

    Enhorabuena por el post. Haría llorar a más de un profesor/arquitecto que yo me se…

    Tomas Garcia

    abril 2, 2013 at 13:18

  5. […] El gobierno de Feijóo en Galicia ha decidido paralizar las obras de lo que fue el sueño de Manuel Fraga. La obra faraónica de La Cidade da Cultura firmada por el arquitecto americano Peter Eisenmann se ha visto congelada por falta de presupuesto. La obra de 148.000 metros cuadrados y 300 millones, hasta la fecha gastados, deja enormes contenedores todavía sin uso definido y varios “huecos” por llenar. [No dejéis de leer la crónica de N+1] […]

  6. Buenas tardes José María,

    en general me parece un artículo interesante. Sin embargo, ¿en qué te basas para decir que buena parte de la financiación del Museo Guggenheim fue privada? ¿Podrías aportar alguna referencia al respecto?

    Creo que en ese punto -a no ser que me lo aclares- no estás en lo cierto. Fue el propio Gobierno Vasco el que aportó en su día (y sigue aportando anualmente) dinero a la Solomon R. Guggenheim Foundation, como suele pasar en estos casos.

    http://www.tvcp.org/prensa/guguenpren.pdf

    Un cordial saludo.

    Juan Antonio R.

    mayo 3, 2013 at 11:48

  7. […] a lo específico pues. Este es el país de la Cidade da Cultura (300% de incremento presupuestario), de la Ciudad de las Artes y las Ciencias (Aproximadamente un […]

    El Nueve Por Ciento | n+1

    septiembre 6, 2013 at 13:57


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