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El Contrato de Mitrídates

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Pocos como Forges han descrito la realidad de los becarios. Como diría Stan Lee, ¡EXCELSIO!

Pocos como Forges han descrito la realidad -vergonzosa- de los becarios. Como diría Stan Lee, ¡EXCELSIO!

Pese a la galvana del retorno post-veraniego les hacemos a ustedes enterados del “affaire” de cierta empresa ubicada en la Gran Bretaña, dirigida por una española y cuyo nombre evoca soluciones habitacionales y colores [Y que al final se vio forzada a cambiar la oferta original y se ofreció a trabajar con una entidad de control de desarrollo de becarías]. Más allá del clarísimo ejemplo de efecto Streisand que trajo consigo el asunto, o de su propio desarrollo, la aparición de un reciente (Y acertadísimo) articulo en la web del Sindicato de Arquitectos, nos lleva a hacer un somero análisis de ciertas cuestiones que nos parecen, llegados a este punto, sistémicas. Endémicas si prefieren, dado que de lo que hablamos cursa con los tintes de una enfermedad infecciosa, con avances claros hacia la pandemia universal.

Vamos allá.

Hay algo perversamente común entre ambos casos –repetimos, más allá de lo repugnante del núcleo central que comparten- y es la agresiva respuesta de ambas “empleadoras” (Usemos el término MUY generosamente para entendernos) al ser cuestionadas por la validez de la oferta que suponía –a las claras y en ambos casos- trabajar gratis durante 6 meses.

Si en el primer anuncio, y haciendo caso al articulo original que lo destapo, la respuesta era (Y citamos) “eye wateringly rude”, en el segundo la cosa va más allá, entrando incluso en lo personal y chulesco y en ambos casos con un derroche de falta de principios absolutamente sonrojante.

Y es que –y en esto nuestro análisis es distinto del que hace el Sindicato sin que por ello estemos en desacuerdo- en ambos casos, lo que subyace es la flagrante normalización de lo distópico. La asunción, expresa, clara y manifiesta, de que se vive en una realidad paralela a la que se ha llegado bebiéndose hasta apurarlo el cáliz del peor neoliberalismo y copiando lo peor de la muy extensiva economía sumergida existente en nuestro país. Y si bien esa normalización no es nueva, lo peculiar –lo novedoso y preocupante- es la flagrante desvergüenza con que esta se exhibe.

Seamos francos, la economía sumergida en profesiones como la nuestra (Altamente vocacionales y con estructuras laborales endebles por su propia evolución histórica) ha existido siempre… la diferencia es que ahora se hace gala de ello hasta el extremo de publicarla en anuncios que no tienen empacho en pedir –en pocas palabras- trabajadores gratuitos y –eso si- con altísima formación y mucha experiencia. Se asume, se defiende, se acata y se publicita hasta el punto de que el término “sumergida” empieza a ser cada vez más solo una referencia para lo que es –a las claras- absolutamente visible.

Resulta pues altamente preocupante que se detecte –aun más cuando se hace en generaciones jóvenes- esa aceptación silente, aprovechada y absolutamente falta de ética profesional y laboral de lo que no puede en ningún caso ser normal, ni pasar por ello.

Y ello porque, y entremos en el segundo punto del análisis, lo que revela a su vez esta cuestión es la falta total de una mínima cultura empresarial seria. Honesta. Una que sea capaz de sacar al gremio y a la profesión (Y a otras que recorren los mismos angostos caminos) de la absoluta endeblez y podredumbre laboral que llevan décadas destruyéndola por dentro.

En ambos casos, como decíamos, se está trocando la formación de los trabajadores, esto es: UNA INVERSION para el empresario, en un chantaje laboral al que se añaden componentes de plañiderismo de la peor especie en folletín de quinta categoría y clichés falsarios sobre lo que supone tener trabajadores al cargo de uno.

Todo trabajador en un puesto de trabajo aprende algo (En función de sus capacidades y con un enorme rango de variables, pero asumamos la generalización) y ese aprendizaje, ese Know-How, esa formación especifica proporcionada por el empresario, no es otra cosa que una inversión que redundará en su propio beneficio. Mejores trabajadores, mejor empresa. Tan sencillo como eso.

Así, las alusiones –torticeras- al tiempo que se pierde formando al personal o a lo que saben o no saben cuando llegan (Absurdas, dado que se solicitan perfiles altamente preparados que distan mucho de ser tábulas rasas) no son sino excusas vergonzosas y repugnantes de quienes han decidido emplear la peligrosísima etiqueta “emprendedor” con la peor de sus acepciones ocultas: La que supone un lavado de cara posturista del tradicional explotador sumergido español. La que continúa con el tradicional “¿Con IVA o sin IVA?” pero lo reviste de “internship”, que queda mucho más aparente.

La cuestión está muy clara. Es cristalino –incluso en un país como este, con algunos de los peores y más explotadores modelos de contrato existentes- lo que es y no es un becario en prácticas, o al menos lo es en la ley. Si está en formación, si está en practicas, su trabajo no puede formar parte del sistema productivo de la empresa ocupando un puesto regulado por convenio (Y además debe tener horas de formación especifica, no puede estar sujeto a la disciplina laboral de la empresa ni a sus horarios etc…). El resto, las alusiones a “la oportunidad” o al hecho de que esa explotación sea capaz de separar a los “mediocres” (SIC) de los “formidables” (SIC) me resultan, seré claro, absolutamente amorales y repugnantes. Propias de un chantaje emocional sucio y oscuro en el que se pretende que el nivel de compromiso de un becario o de un trabajador se mide en su capacidad de abandonar cualquier mínimo respeto moral que tenga por su trabajo y por si mismo para convertir el primero en mercancía depauperada y convertirse el en esclavo de un sistema deshonesto y de rapiña humana de la peor especie. Propias de una sociedad enferma en la que se considera la explotación, oportunidad y se trueca la muy digna componente de enseñanza que cualquier trabajo conlleva, implícita como profunda responsabilidad empresarial, en mercadeo fenicio de baja estofa.

Con estos mimbres, con este mantenimiento de lo inmoral, lo anormal y distópico o incluso y en ocasiones lo probablemente ilegal, difícil tenemos recuperar en algún momento un ritmo que –en buena medida- perdimos por estas mismas causas. Unas que ahora cursan incluso –acatado el catecismo neoliberal y mentiroso de la “competencia” deshumanizada- con flagrante descaro.

Existe no obstante algo que merece la pena reseñarse en ambos casos. En el de allende nuestras fronteras no fue un sindicalista peligroso y con envidia -como este que suscribe- quien dio la voz de alarma, ni siquiera un Sindicato. Fueron los propios afectados. Aquellos a los que el mantenimiento de este sistema y su normalización perjudican en mayor manera. No estaría mal que en ciertas universidades existiera un “Students Newspaper” con la libertad suficiente como para denunciar aquello que no solo envenena el ambiente universitario, sino que destruye el tejido laboral en el que los futuros egresados van a integrarse.  Las sorpresas podrían ser mayúsculas… o bien pensado –y conociendo el mercadito- no tanto.

En el caso español, es encomiable la claridad de ideas de la aplicante al (ejem) “puesto de prácticas”. El respeto que demuestra tanto por su profesión como por su integridad al asumir –y créanme, no es fácil en ocasiones- que la respuesta adecuada –la única posible- es NO. Jamás. Porque si bien es cierto que como decía aquel “en mi hambre mando yo”, las consecuencias de futuro y a gran escala son siempre negativas: Pauperización del mercado laboral, competencia desleal, infravaloración de la profesión, precarización de la estructura profesional… etc.

Mitrídates, rey de Ponto del 112 al 63 AC, convirtió en normal ingerir pequeñas cantidades de veneno –tal era su miedo a morir de esta forma- con el objetivo de inmunizarse contra sus efectos. Con los años, las cantidades aumentaron y su resistencia con ellas hasta llegar el punto de no poder prescindir de su ingesta.

¿Podemos los arquitectos –et altri- prescindir de nuestro particular veneno? ¿Abandonar de una vez por todas las prácticas vergonzosas que nos perjudican y que son –en gran medida- responsables de la situación de precariedad o de emigración forzosa de tantos compañeros?

Podemos, simplemente porque debemos. Porque la opción contraria, la del “esto siempre ha sido así”, la de la normalización silente, solo conduce a nuestra desaparición.

A menos que –como algunos al parecer pretenden- queramos convertir a Mitrídates en el patrón de los estudios de Arquitectura.

Written by Jose María Echarte

septiembre 24, 2014 a 13:20

9 comentarios

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  1. Conocía el caso hispano-escocés, pero el otro no.
    Del primero, decir que lo que más me sorprendió, y muy gratamente, por cierto, fue la reacción del colectivo estudiantil denunciando el caso.
    Porque esta gente dirá lo que quiera, pero pidiendo gente a jornada completa, y con un currículum tan excelso, ya se están quitando de encima “a los mediocres”, así que no traten de lavarse la cara diciendo que la falta de sueldo en puestos claramente laborales es para ver si dan la talla… Talla es lo que les falta a este tipo de empresarios, concretamente talla moral.

    Carabiru

    septiembre 24, 2014 at 15:15

  2. Lo que no entiendo es cómo no les meten mano Hacienda o el servicio de empleo ya que, según tengo entendido, para que unas prácticas de x tiempo no remuneradas sean legales deben estar avaladas por algún tipo de entidad que asegure al becario, sea la Universidad X o Y. Vamos, que eso de… necesito alguien pero que no me cueste dinero, voy a pedir un becario en infojobs, como que no vale.

    Jose

    septiembre 24, 2014 at 18:45

  3. Efectivamente, la validez académica de esas prácticas es nula, en caso de ser estudiantes, si no están avaladas por un convenio con una universidad (Y similares) y por tanto controladas para evitar estos desmanes (Que, aun con todo, se han llegado a producir).
    Lo que esta gente está denominando “internships” o “prácticas” no es más que una explotación impresentable. Seis meses de trabajo gratuito que rompen desde el minuto cero con la confianza empleado-empleador mínima que debe existir en cualquier relación laboral. En el artículo nada impedía que ambas protagonistas de ambas historias hicieran cuantas entrevistas hubieran querido, incluidas pruebas de aptitud, psicotecnicos etc… pero justificar 6 meses de esclavitud como método para separar el grano de la paja es sencillamente vergonzoso.
    Jose, en hacienda no figuran. O al menos no por esto, porque no se genera actividad alguna. Nadie cobra y nadie paga. Esos “becarios” simplemente NO existen ni aparecerá en su vida laboral NADA. Trabajo puede actuar, pero lo hará sobre denuncia de parte (Hay a veces campañas de inspección generalizadas pero suelen quedar en nada) y muy escasas veces de oficio. Y aun así, cuando se denuncia se suele llegar a algún acuerdo (Tanto con trabajo como con hacienda o incluso con los trabajadores explotados en algunos casos flagrantes) y la cosa queda bastante diluida.
    Dicho de otra manera, a según que casta de negreros les sale mas barato seguir sumergidos… lamentablemente.

    Jose María Echarte

    septiembre 24, 2014 at 20:23

  4. Al final es la pescadilla que se muerde la cola… ‘tengo que rebajar honorarios para coger trabajo por lo que tengo que reducir gastos por lo que tengo que tener becarios para que salga rentable’. Un círculo al que se suman los concursos de licitación y la no existencia de bajas temerarias, muy chunga la dinámica laboral que hemos cogido en España. Yo, como he dicho en otros lares, sigo diciendo que la solución pasa por un baremo de honorarios mínimo. La solución empieza por ahí. De esa forma se evitaría la tentación (que se hace realidad) de rebajar honorarios peligrosamente por tal de tener trabajo o como yo le digo, estar entretenido, porque con los precios que se manejan… Por mi parte esa situación es lo que ha hecho que me dedique a temas tangenciales a la arquitectura, triste pero es así.

    Jose

    septiembre 24, 2014 at 21:09

  5. Siempre pongo de ejemplo al estudio norteamericano REX. Esto es lo que pone en su web, sección “contact/employment”:

    “REX does not accept offers for unpaid internships. This practice devalues our profession and provides lawbreakers an unfair market advantage.”

    Daniel

    septiembre 24, 2014 at 23:41

  6. Una pequeña puntualizacion, la expresion de Stan Lee es ‘excelsior!’

    Javier

    septiembre 24, 2014 at 23:43

  7. Hola José, yo no tengo nada en contra de los honorarios mínimos y pienso que sería una gran ayuda recuperarlos, pero no creo que sean la solución final en este panorama neoliberal y precario, pues siempre se encontrará la trampa para competir deslealmente.
    Nosotros tenemos un estudio pequeño y desde luego que nos vendría de perlas tener esclavos 6 meses a prueba, pasando planos, cogiendo el teléfono y presentándose a concursos; pero no podemos, porque nuestros honorarios van tan justos que sólo podemos pagar nuestra propia subsistencia.
    El empresario debe comprender que si no es capaz de generar mayores beneficios, es por su culpa, por los clientes que capta y por las concesiones que hace para competir. Y aquí el límite lo marca cada uno dependiendo de si quiere comer pasta, carne, caviar o piedras.
    Lo que se necesita es concienciación y compañerismo, algo que en las escuelas escasea mucho. Se nos expone a la competitividad más feroz desde el colegio y en la universidad más de lo mismo. Salimos al mercado laboral sin ninguna preparación acerca de fiscalidad básica, legislación laboral o deontología. Se nos priva de esas herramientas, porque muchas veces, los propios explotadores son profesores en nuestras universidades….
    Lo dicho, honorarios mínimos, genial. Pero sin una mínima conciencia profesional, sin ética y sin respeto al colectivo, estoy seguro que daría lo mismo.

    andrés

    septiembre 25, 2014 at 14:16

  8. Si una profesión no asume sus costes y se empeña en buscar subterfugios y fraudes de ley para sobrevivir esta condenada a desaparecer. El día que transmitamos a los clientes nuestros costes y nuestra responsabilidad podremos exigir unos honorarios dignos.
    Sobre la practica de Meltriades y la homeopatía me parecen remedios más cercanos a la religión, de creencia y a los cuentos de hadas (“La princesa prometida”), que a solucionar un problema real.
    Genial la posición de REX: ya me gustaría verla en algún estudio de renombre español.

    JMMacanas

    septiembre 25, 2014 at 14:20

  9. Por cierto, el arquitecto jefe de REX es el ex-nº1 de OMA en NY.

    Daniel Moyano

    septiembre 28, 2014 at 17:44


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