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Archive for agosto 2015

El Fracaso o el Fraude

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A este páramo solo le falta Humungus.

A este páramo solo le falta Humungus.

El sábado por la noche, zapeando, me encontré de lleno con parte de un debate en TeleCinco, parte del programa “Un Tiempo Nuevo”, en el que, casualidades de la vida, escuché a una periodista –lamento no saber su nombre [Es, según me cuentan, Alicia Gutiérrez. Gracias @MarVelRam]- la siguiente frase (parafraseo):

“Lo importante es la transparencia, porque ¿Hubiéramos tolerado estos despilfarros si hubiéramos sabido todo esto?”

No seguí escuchando, en parte porque me da ictericia la pose, en parte porque Mr. Robot me tiene muy ocupado.

Pero vayamos a lo importante. Agosto de 2015… el debate en Tele Cinco se iniciaba con los datos de la Ciudad de La Justicia de Madrid, tras la publicación de la cuentas esta semana pasada. 105 millones dilapidados. Un edificio construido. [Permítanme apuntar que yo, en esto, estoy con los japoneses: Doy por buenos cada uno de esos 105 millones si con ello nos libramos del cúmulo de despropósitos que trufaban el resto de cuestiones asociadas al proyecto]

Sin embargo, la pregunta tiene una respuesta muy rápida: Estando absolutamente de acuerdo con que la transparencia es necesaria… ¿En serio puede afirmarse, sin sonrojo, que no sabíamos nada de todo esto?

Lo cierto es que no. No es cierto. A menos claro que se sea Gollum y se viva en una cueva adorando al anillo único o un eremita recalcitrante. España, a este respecto, resulta tan celtibérica hoy como cuando Carandell escribiera su famoso libro, si no más.

De hecho, y por ir a lo concreto, hace ya un tiempito, concretamente en Diciembre de 2008, El País publicaba la noticia del abandono del encargado de los proyectos y la dirección de obras del Edificio de Medicina Legal (El único construido).

La noticia, contenía las siguientes perlas:

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Written by Jose María Echarte

agosto 31, 2015 at 14:07

¡Kafka Vive!

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It’s all laugh and giggles.

Bremmer, Bird & Fortune era un programa del Channel 4 británico conducido por Rory Bremmer y el equipo formado por John Bird y John Fortune. Un programa de humor, con este punto extremadamente ácido y lacónico del humor inglés (cuando lo es realmente, en la mejor tradición de Monty Python pero con puntas de realismo).

El programa solía terminar con una entrevista entre Fortune y Bird en la que el primero actuaba como entrevistador y el segundo, generalmente siempre con el mismo nombre: George Parr, representaba el papel de un entrevistado casi siempre relacionado con aspectos económicos y sociales de actualidad. Así, Parr fue almirante a cargo de la construcción de portaaviones innecesarios, responsable del eurofighter… que no volaba, director del Eurotunel… que quería demandar a los ferris porque llevaban pasajeros, banquero de inversión… que seguía siendo rico, y un largo etcétera de elementos cuestionables.

Lo más interesante de las piezas (Auténticas obras de arte de timing y preparación) era que las respuestas de Bird estaban basadas en citas, noticias y datos completamente reales –en su mayoría obtenidos de la prensa- que desgranaban de forma tremendamente clara. Sin aspavientos, de la manera más normal posible dejando la crítica a la pura contemplación de la realidad elevada a la categoría del absurdo más surrealista que imaginarse pueda. Fortune preguntaba con una inocencia flemática y Bird respondía -con la misma inocencia- con las atrocidades más kafkianas como si no pasara absolutamente nada porque –y esto es lo tremendo- la realidad es que no pasaba. Ni pasa.

Y, amigos, si esto ocurre en Inglaterra, país medianamente civilizado ya saben, ¿Qué no ocurrirá en la España del champan y los amiguitos del alma?

Desde n+1, sección ¡Kafka LIVES!, hemos decidido combinar a todos los políticos españoles, arquitectos absurdos, representantes económicos y demás en un solo personaje y, en la tradición de Bird & Fortune, entrevistarle. Les advertimos de antemano, eso sí, que ningún político, empresario, arquitecto o demás subespecie fue dañado durante la producción de este artículo. Entre otras cosas porque… como ya saben, y como sabían los dos Johns, nunca pasa nada.

[Les advertimos también, que todo –TODO- lo que aparece en esta entrevista es absolutamente –lamentablemente- real]

Allá vamos.

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Written by Jose María Echarte

agosto 26, 2015 at 17:16

The Crowdsucker Proxy

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You know, for the kids!

You know, for the kids!

BSO no obligatoria: Ghost Riders in the Sky. Johnny Cash.

En la poco apreciada “The Hudsucker Proxy” [Traducida por algún negado en español como “El gran salto” y que en realidad significa “El delegado de Hudsucker” o más bien “El sustituto de Hudsucker”) Tim Robbins interpreta el papel de Norville Barnes, un empleado de bajo nivel de Hudsucker Industries al que el personaje de Paul Newman elige precisamente por su inocencia como “proxy”, como hombre de paja interpuesto al que colocar como fachada de un fin secundario, algo más perverso y oculto.

[El dialogo de la reunión en la que se toma la decisión de colocar un tonto (un “proxy”) al frente de Hudsucker –justo después de que el propio Hudsucker se haya tirado por la ventana- es, para quien esto escribe, puro hermanos Cohen at their best]

En realidad, lo que preocupa a Mussburger –Newman- es que el control –el efectivo- de la compañía pase a estar en manos de accionistas menores que adquieran el 86% de las acciones de Hudsucker en una oferta pública. La medida es pues una estratagema de confusión.

No seremos en esta santa casa culpables de no creer en el sistema de crowdfunding. Hemos participado en varios, y su funcionamiento se ha demostrado más que valido para la financiación de proyectos que de otra manera no hubieran encontrado posibilidad de llevarse a cabo.

No obstante, y cuando nos acercamos a la arquitectura, la cosa comienza a experimentar síntomas de cierta perversión preocupantes que están mucho más cerca de los perversos planes de Mussburger que de la oferta pública de Hudsucker.

Hablamos de este tema al referirnos al crowdfunding organizado para la construcción del pabellón de verano de Izaskun Chinchilla en Nueva York. En aquel caso, el empleo de la herramienta parecía extraño cuando lo que se solicitaba eran fondos para un divertimento (uso la palabra sin acritud) de verano en Manhattan financiado en parte por un sector (el de los arquitectos españoles) que no está para dar muchos saltos. Más allá de esta circunstancia menor, el análisis cuestionaba la conversión del arquitecto no solo ya en alguien que debe buscar su propio trabajo, sino en alguien que debe buscar su financiación y dejar sus honorarios al albur de un simplista “lo que sobre” que perpetuaba la imagen del profesional como una suerte de artista que debe estar agradecido por el simple hecho de trabajar o, por ponerlo claro, porque le dejen construir algo.

Ya en aquel momento voces tan lúcidas como las de Julen Asua de Multido prevenían contra una evolución del concepto crowdfunding que lejos de llevarnos hacia la búsqueda de financiación alternativa podían convertirse en un añadido interpuesto, probablemente innecesario como fuente de financiación, y cuya percepción participativa y “amable” podía (intencionadamente o no) simplificarse hasta convertirse en una forma de socialwashing que banalizara ciertas cuestiones hasta convertirlas en –precisamente- proxys.

No hemos tenido que esperar demasiado. Veamos porque.

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Written by Jose María Echarte

agosto 20, 2015 at 13:49