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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

Maestras

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Mª Gloría Ramos Ortiz recibiendo la medalla de oro al merito educativo de la Junta de Andalucía

Hoy me van a permitir que me ponga un poco personal.

Hoy, con 70 años, se jubila mi madre de su puesto de maestra (a ella le gustará que lo diga así) como directora del Colegio Público de Educación Especial de Apoyo a la Integración de Sordos “Rosa Relaño” de Almería.

Siempre recuerdo a mi madre siendo maestra. Preocupada por sus alumnos y alumnas, por “sus niños”, por transmitirles el amor por aprender, por los libros, por el conocimiento. Recuerdo como se encontraba por la calle con sus alumnos -algunos mayores, ya pasados los años- y como hablaba con ellos en lengua de signos animadamente ante la mirada atónita de mi hermano Iñaki y mía.

Recuerdo su paso por diferentes colegios hasta llegar al de sordos, donde creo que encontró su lugar en el mundo, la recuerdo incansable aprendiendo constantemente con una energía, una capacidad y un interés que, créanme, le envidio. Recuerdo cómo relativamente mayor (pero siempre muy joven) estudió psicopedagogía y cómo defendió su tesina para obtener el DEA, su pasión constante por la docencia que la llevo a dar clase en la universidad compaginándola con su labor en su puesto en el colegio, y a participar en grupos de investigación, a escribir artículos y libros.

No tengo suficiente espacio para transcribir sus méritos; diré, no obstante, que si los padres de uno son –en ocasiones- su mejor ejemplo, en mi caso son una meta a la que llegar. Mi madre obtuvo la medalla de oro al mérito en la educación de la Junta de Andalucía en el año 2012, perdónenme la falta de imparcialidad, pero creo que pocas medallas habrá tan merecidas.

Si de mi padre, ingeniero de caminos, he aprendido sobre la honestidad y la poética de una profesión técnica (aunque fuera la tradicionalmente contraria, ya saben) creo que de mi madre he aprendido mi pasión por escribir, por leer, por saber un poco más cada día y por transmitirlo. La vida da todas las vueltas del mundo: he acabado siendo arquitecto (a la postre, un técnico como mi padre) y he acabado siendo docente (espero que al menos una porción de capaz de lo que ella lo ha sido). Cuando pensaba, hace ya tres años, como me enfrentaría a mis clases, no pude tener mejor ejemplo: recordé alguna vez haberle escuchado que si eres bueno, lo serás gracias a tus alumnos, y lo demás será trabajo. No sé si lo hago muy bien o muy mal, pero creo que lo hago siempre pensando en cómo lo haría ella.

Los arquitectos empleamos con frecuencia el término “maestro”. Las más de las veces lo hacemos mal, llevados por un exceso de idolatría, sin considerar el origen gremial del término: aquel artesano capaz, sancionado por la habilidad, que transmitía sus conocimientos. Que enseñaba y que enseñaba a amar la labor aprendida. Aquel “saber, saber enseñar y querer enseñar” de Julián Marías tantas veces citado por Alberto Campo Baeza.

Mi madre ha sabido y ha sabido enseñar, y sobre todo ha querido enseñar. Por sus manos han pasado generaciones de niños sordos y oyentes almerienses. Hablando con ella (en la distancia que viene con estos tiempos convulsos) me contaba cómo algunos antiguos alumnos habían ido a su cena de jubilación; muchos de ellos rondaban la cincuentena y aun la recordaban cuando llegó al colegio, alegre y deseando trabajar.

Creo que –por una vez en esta publicación tan iconoclasta- usaré el término maestra para celebrar la carrera de mi madre y que lo haré en sus dos acepciones: la que enseña y la que es un ejemplo para los demás –para mí siempre lo ha sido, siempre lo será- haciendo lo que mejor sabe hacer.

Esa pasión, esas ganas, ese amor por la labor silente del docente que lo es por vocación es algo poco común, créanme, y es además especialmente encomiable –en este mundo en que vivimos- cuando lo que se hace es educar e integrar.

Para mí, como hijo, como arquitecto y como profesor incipiente, es un orgullo.

Y además es su cumpleaños, así que, ¡Felicidades!

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Written by Jose María Echarte

junio 12, 2017 a 9:30

4 comentarios

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  1. ¡Qué bonito homenaje, Jose Maria! ¡Felicita a tu madre doblemente!

    Carlos Cámara

    junio 12, 2017 at 10:53

  2. Gracias Carlos!

    Jose María Echarte

    junio 12, 2017 at 14:52

  3. Fantástico artículo, Jose María. Felicita a tu madre de mi parte, con todos los honores que como docente se merece.

    Germán Cintas

    junio 13, 2017 at 5:35

  4. Mis felicitaciones a esa gran maestra

    Laura

    junio 24, 2017 at 18:05


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