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Ser Más Arquitecto

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THE TASK

Nuestra tarea, según P. Schumacher.

Podrían ustedes, con razón, alegar que el título de este artículo no tiene mucho sentido. Ser arquitecto es, a la postre, un estado binario. Se es o no se es. No se puede ser “más” o “menos” arquitecto, se podrá ser mejor o peor, pero no “más”.

Sin embargo, hay algo relativo a la cantidad en ese “más” que resulta tremendamente significativo en el subtexto de la afirmación. Más arquitecto. Más grande. Más alto. Bigger tan life. ¿Más espectacular(izado)? Quizá.

A la vez, y extrañamente, ese “más” –lejos de ampliar- reduce. Ser más arquitecto era (sigue siendo en gran medida) serlo solo en un campo. En una cosa. En una actividad. Haciendo lo que se supone que hacen los arquitectos. Lo que han hecho toda la vida. Lo que se les enseñaba a hacer (¿Aún se les enseña? ¿En serio?) sin opción aparente-.

Y créanlo o no, para que sepamos en que campo jugamos, no es una frase que me haya inventado. Escuchada más de una vez en la Escuela de Madrid, incluso en primera persona “Ya sabes que yo soy más arquitecto que X” (sustituya X por el nombre de otro arquitecto que, por lo visto, era menos).

Es esta una cuestión constante en una profesión que gusta de reinventarse constantemente sin llegar a hacerlo jamás; al menos de forma pública. Todo cambia y todo sigue igual, incluido el habitual rant de Patrik Schumacher sobre lo que es o no es la bienal y que, en el fondo, lo es sobre ser más arquitecto.

Schumacher, un mal chiste desde hace tiempo que se mueve entre la adulación de sus sicofantes y el épater le bourgeois más burdo, no deja de ser constante en su consideración ultraliberal de la disciplina entendida como un juego autosatisfecho cuya única prioridad es el “diseño” aislado de toda consideración ajena a la pura construcción formal (y tautológica) como avance. Curvier, higher, stronger… bigger tan life. En este sentido resulta coherente su afirmación continuada sobre la corrección política y –en este caso- sobre lo que significa conseguir algo como arquitecto (¿Ser más arquitecto?) [Las negritas son mías]:

We have the duty, I think, as a discipline, to participate in the computation empowerment of this civilization, and we, as sort of protagonists on the label of parametricism, are taking this seriously. We are trying to learn, understand, an appropriate computational intelligences and utilize the empowered engineering capacities to the best advantage and I’m going further and now trying to use computational techniques to get a handle on social processes… accommodation, occupation, interaction in social spaces… I’m talking about a new kind of form of sociologically informed crowd modelling to get a handle on the very, very complex interaction processes in spaces… I’m working with social projects or sociological project, but I’m doing this in the primary arenas of world civilization, in Manhattan, in London, in Mumbai… with key clients, corporations like Google, this should be the signal task where you can test whether you are ready to engage on the highest level and contribute to civilization. If you can make Google more productive, the most prosperity driven highly sophisticated organisation, then you know that you have something to offer, whereas the Mumbai slum dwellers know what they need, electricity, water, all of this is very laid out, so it is false to presume that this is our task.

[Tenemos el deber, creo, como disciplina, de participar en el empoderamiento computacional de esta civilización, y nosotros, como protagonistas del campo del parametricismo, nos estamos tomando esto muy seriamente .Estamos tratando de aprender, de comprender, una inteligencias computacionales apropiadas que utilicen las capacidades ingenieriles empoderadas para obtener una mayor ventaja,  yo estoy yendo más allá y estoy tratando de usar técnicas computacionales para manejar los procesos sociales…. ubicación, ocupación, interacción en espacios sociales… hablo de una nueva clase de modelización de multitudes sociológicamente conformada para manejar las muy muy complejas interacciones en el espacio… Estoy trabajando con proyectos sociales o proyectos sociológicos pero lo estoy haciendo en los foros fundamentales de la civilización mundial, Manhattan, Londres, Mumbai… con clientes clave, corporaciones como Google, ésta debería ser la tarea fundamental donde puedes comprobar que estás listo para funcionar al más alto nivel y contribuir a la civilización. Si puedes hacer que Google sea más productivo, la organización más guiada por la prosperidad y más sofisticada, entonces sabrás que tienes algo que ofrecer, mientras que los habitantes de los suburbios de Mumbai saben lo que necesitan, electricidad, agua, todo esto está muy trabajado, así que es falso pensar que ésta es nuestra tarea.]

La constancia, no obstante, no elimina lo estomagante de una afirmación que niega la posibilidad de mejora panhumana y la capacidad de la profesión para civilizar. Para realmente civilizar, trocando el termino en una suerte de perversión ultraliberal y economicista basada en la separación elitista entre esas “primary arenas” y una sociedad cuyas partes débiles o precarizadas Schumacher considera externas a dicha labor civilizadora, condenándolas a la ausencia de progreso técnico, urbanístico y social. Por ser claros, la labor fundamental de la profesión, para Schumacher, es hacer más productiva a Google.

Curiosamente, esta negación del avance, este conformismo antiprogresista y reaccionario, no le aleja mucho de los postulados de Alejandro Aravena. Ambos representan la cara y la cruz de una misma moneda cuyo interés por alterar el statu quo es nulo y cuyo desempeño tiene por objetivo la conversión de la disciplina en una herramienta al servicio del poder (provenga éste de una compañía petrolera, de un dictador teocrático o de Google).

Así, para el chileno, la negación de cambio proviene de la asunción del problema como solución evitando cuestionamientos de base cuya formulación debería estar en la raíz misma de la profesión entendida como un ejercicio al servicio de la sociedad. No se trata pues en este caso de alterar un sistema que produce slums aislados en los que el espacio urbano –el espacio de la urbanidad, del aprendizaje ciudadano- se niega desde el primer momento, se trata de glamourizar –levemente- lo existente sin modificarlo en sus perversiones más profundas. Para Schumacher la cuestión es más evidente –y no por ello menos repugnante- cuando su percepción del progreso es el mantenimiento clasista de una división entre los merecedores de nuestros conocimientos (una elite en muchos casos extractiva a la que Schumacher –de forma absolutamente snob- asocia con la “sofisticación”) y quienes no los necesitan. Dicha división es en realidad un reconocimiento de incapacidad, de esa estrechez de miras que suponía el “más” del que les hablaba al principio. Habitabilidad, existenzminimum, movilidad, urbanismo, espacio urbano, comunicaciones, instalaciones urbanas, infraestructuras… todos estos términos son plenamente afectos a la disciplina y todos ellos están presentes en los trabajos de arquitectos que desarrollan su labor en esos slums que para el arquitecto alemán son ajenos a nuestros conocimientos. Para quien esto escribe, lo fácil es construir un edificio aislado, una superestructura de un rococó tecnificado –formalista y autosatisfecha- a la mayor gloria de un único cliente (¿Un dictador tal vez?). Puede parecer complejo, pero en realidad… sólo es complicado. Si Antonio Miranda nos decía que la buena arquitectura debía poder sostenerse con dignidad en una lista que incluía –entre otras cosas- el voto femenino, los derechos del hombre y la mujer y la sanidad gratuita universal, las orfebrerías propagandistas que Schumacher produce son en muchos casos forma sin fondo, banales y vacías, que pertenecerían más a otra enumeración entre la que estarían la estatuaria más egocéntrica y el absolutismo paternalista y empobrecedor.

Frente a esto, frente a esta corriente para la que la pura espectacularidad de la forma es motivo y justificación en sí misma confundiendo progreso con avance, civilización con cultura, hay quienes han hecho de su labor una prueba de excelencia, vanguardista y encomiable, sin establecer esa línea absurda entre quienes pueden pagar (a la postre no se trata de otra cuestión) algunos de nuestros caprichos y quiénes no.

Mis clases de Teoría y Crítica de este año terminaron enseñando a los alumnos un informe técnico de Médicos sin Fronteras. Su título es “OCB Ebola Review: Ebola Treatment Centres (2016) [OCB Analisis del Ebola: Centros de tratamiento del Ébola (2016)]” y analiza las soluciones empleadas en la instalación de centros de tratamiento contra el ébola en Africa.

Puede parecer una forma peculiar de acabar un curso de Teoría y Crítica. No lo es tanto si les digo que el informe está escrito por una magnifica arquitecta, Verónica Sánchez Carrera (miembro además de n’undo). Si preguntáramos a Verónica, estoy seguro que nos diría que hace las cosas como una arquitecta, que su forma de entender los problemas y sus soluciones, provienen de su formación y de su aproximación a una disciplina a la que su labor como profesional no limita ni falsea (como parece sugerir Schumacher) sino que expande y amplía.

Si me preguntan, les diré que –para quien esto escribe- esto es ser más arquitecto. Mucho más arquitecto. Mucho más arquitecta.

Por supuesto Google seguirá construyendo edificios y seguirá necesitando un arquitecto. Por supuesto –ya nos lo decía Tafuri- toda arquitectura es ideología y quizá sea el tiempo en que abordemos nuestro papel en un mundo en el que cada vez podemos escudarnos menos en nuestras habituales mentiras sobre lo qué es y no es nuestro problema. Nada hay en ello de extraño, nada de novedoso. Sin embargo limitar la disciplina y su progreso, su avance, a una simple cuestión técnica-exhibicionista, a un “más difícil todavía” en muchos casos absurdamente formalista con un trasfondo social -generalmente- muy poco enseñable, es no solo reduccionista sino también reaccionario.

Es, a falta de mejor expresión, ser menos. No sé si menos arquitecto, pero –en definitiva- menos.

Mucho menos.

Written by Jose María Echarte

junio 9, 2016 a 13:19

Una respuesta

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  1. Como se suele decir, todo depende del cristal con que se mire. L@s que trabajamos “a pie de calle”, haciendo lo que está trillado según ese señor, podemos no formar parte del star system (ni ganas…) pero la sociedad nos necesita, no sé si más o menos, tal vez lo podemos dejar en igualmente.

    AP Arquitecto

    junio 9, 2016 at 14:16


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