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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

Liberal, pero sólo lo normal

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Greenspan

All the liberals in the house say yeeeaaah

El último premio Pritzker ha traído consigo cierta polémica. Salvo honrosas y perspicaces excepciones, la mayor parte del debate se ha centrado en la falta de oportunidad de premiar a un jurado reciente y –sobre todo- en la pataleta de Patrik Schumacher al respecto en las redes sociales.

No es nuevo que Schumacher adopte un papel impostado de rebelde –rebelde con contratos millonarios, ya se sabe- camino de la santa cruzada para liberar a la disciplina de lo que él considera corrección política, buenismo o, por ser claros, elementos que no deberían formar parte del debate arquitectónico.

Trasluce tras estos ataques virulentos de espontaneidad (llamémoslos así, siendo generosos) un posicionamiento en el que se confunde la tecnología con la modernidad, lo complicado con lo complejo y el puro formalismo de efecto sorprendente y espectacular (en el más debordiano sentido de la palabra) con la evolución disciplinar.

El discurso parametricista –tal y como lo entiende y lo desarrolla proyectualmente Schumacher- parte en general de un postulado falaz, el de que lo que es pura tramoya complicada, orfebrería Lladró resuelta la mayor parte de las veces desafiando la pura lógica y con escasa sutileza técnica, transmuta en perfeccionamiento y avance arquitectónico de futuro. La realidad es que, de corion y en curva cuartica o de estucado y escayola, los excesos formales del parametricismo mal entendido se alejan poco del rococó más emplastecido o el chinés eclecticista, sin la base clásica del primero ni la libertad desenfadada del segundo perdidas ambas en los postulados de un manifiesto puramente estilista –sin fondo alguno más allá de lo aparente- que confunde constantemente diseño con arquitectura y que supedita todo a un efectismo excesivamente gustativo.

La evidente falacia económica de un estilo (y empleo esta palabra con toda su carga negativa y a conciencia) como el que Schumacher defiende –y que resulta de extremar una tecnología convirtiéndola en un principio de orden- ha provocado un acercamiento progresivo de su discurso a posiciones ultra libérales (en lo económico) que harían palidecer a Margaret Thatcher. La ecuación es sencilla, ante las más que razonables cuestiones sobre costes o clientes de dudosa jaez, la salida escapista consiste en leer –muy mal- a Hayek y a Von Mises y parapetarse tras la mano invisible de Adam Smith y baratos eslóganes cargados de clichés sobre lo que es el mercado y su aparente bondad frente a la perversión buenista de los “izquierdistas” controladores.

Hay ejemplos en sus escritos públicos sobre este posicionamiento (Las escuelas públicas de arte deberían desaparecer, por ejemplo). Sin embargo casi ninguno tan revelador del recurso constante a la simplificación –vergonzante- como su reciente explicación de la crisis inmobiliaria en Estados Unidos:

“the real estate bubble in the USA was a result of fallacious do-good-feel-good political intervention in markets which could not have spiralled out of control without the false signals and perverse incentives set by the fallacious social engineering programs of politicians cheered on by self-styled left-liberal intellectual evangelists”

[La burbuja inmobiliaria en USA fue el resultado de una falaz y buenista intervención política en mercados que no podían haber salido de control sin las falsas señales y perversos incentivos dispuestos por los falaces programas de ingeniería social de políticos animados por evangelistas intelectuales de izquierdas]

No. Lo cierto que es el primer paso para entender la crisis inmobiliaria de USA es saber que su origen está en la derogación de la ley Glass – Steagall a través de la ley Gramm – Leach – Bliley en 1999. Si la primera, tras el crack del 29, mantuvo a la banca de ahorro y la de inversión convenientemente separadas (Evitando así que un problema de mercado afectara a los ahorradores dejándolos expuestos o que los bancos se arriesgaran con los depósitos que se les confiaban) la segunda abrió la puerta a que las entidades financieras actuaran como brokers con capacidad para jugar con las dos barajas. Después debemos entender que ese mercado “inmaculado” que parece servir de explicación a Schumacher, no es, empíricamente, real. Este es el fallo principal de las lecturas interesadas de Hayek. Para el austriaco, los políticos y la banca (Empresas, inversores etc.) deben mantenerse siempre y a toda costa estrictamente separados. Algo bastante complejo en este caso cuando descubrimos que existe una puerta giratoria maravillosa entre la Reserva Federal y los principales bancos de inversión (Alan Greenspan y Morgan Stanely, sin ir más lejos) o que los contactos en el gobierno de las compañías encargadas de la valoración de activos jugaron un papel fundamental en la acumulación de riesgo conducente a la caída de Lehman Brothers como momento catalítico de la crisis de 2008.

[Sin ánimo de profundizar más, la afirmación de Schumacher es, para cualquiera que no busque una auto justificación a sus propios excesos, ridícula]

No es la peor declaración de Schumacher. Sus burdas simplificaciones cargadas de prejuicios rayan lo repugnante cuando, en la misma discusión sobre el Pritzker, el debate sobre la función social de la disciplina lleva a estas afirmaciones (Las negritas son mías):

“I can agree with the focus on users!!! … But the poor should not be presumed to be privileged users that should command our primary attention. They in fact are better equipped to design and build their dwellings themselves!”

[Puedo estar de acuerdo con el enfoque en los usuarios!!! … Pero los pobres [sic] no deberían entenderse como usuarios privilegiados [sic] que deban necesitar nuestra atención primaria. Están de hecho mejor equipados para construir sus viviendas ellos mismos]

“i agree that architecture is there to serve people … that’s my starting point too … the question is how to do this most effectively … AND it makes no sense to focus on the poor and presume that this is most important … they can best help themselves … they just need to catch up with very basic, well established standards … no need for the discipline’s best and brightest here …”

[Estoy de acuerdo con que la arquitectura está ahí para servir a la gente… ese es también mi punto de partida… la cuestión es cómo hacerlo de forma más efectiva… Y no tiene sentido centrarse en los pobres y presumir que esto es importantísimo … mejor pueden ayudarse a sí mismos … solo tienen que alcanzar unos muy básicos y bien establecidos estándares … no necesitamos a los mejores y más brillantes de la disciplina para eso]

Shcumacher_ARAVENA_2

Abandonen por un momento la sensación de asco. Incluso el exabrupto de preguntarse si para lo que necesitamos a los mejores y más brillantes de nuestra disciplina es para construir estadios con formas… ¿carnosas? en Qatar para que 22 millonarios den patadas a un balón o para diseñarle una garçoniere al exnovio de Naomi Campbell, todas ellas labores que sin duda alguna harán avanzar a nuestra sociedad hacia cúspides nunca vistas de progreso.

Analicemos en cambio –y con ánimo de diseccionar la cuestión- que quien pronuncia estas palabras dejó en España –por no ir más lejos- un pufo económico (vía modificado) de unos 88,3 millones para un proyecto presupuestado en unos 25. Un incremento de más del 300% que –oh casualidad- pagaron en cierta medida esos “pobres” que debían estar entretenidos alcanzando esos estándares mínimos dado que se trataba de un proyecto público [De hecho muchos de los proyectos de ZHA lo son].

Para la ocasión, lo que posibilitó la construcción del pabellón puente (Y tantos otros engendros del decenio del desparrame) fue la manipulación política de unos procedimientos de licitación por subasta, a todas luces alejados de la realidad económica, acompañada de la no menos maravillosa manipulación de la ley de contratos del estado para adjudicar los concursos a estrellas mediáticas como –vaya- ZHA. Parece por tanto que cuando tratamos con los objetivos de la disciplina o, por ser más claros “los pobres”, el liberalismo y la supuesta (y falsa) justicia de los mercados son la guía de un Schumacher que, en cambio, cuando necesita de la manipulación intervencionista de tintes megalómanos no tiene problemas en asumirla calladamente. Hipocresía de la más baja calidad.

Por traer el análisis a la actualidad, no podemos dejar de mencionar el caso del estadio de los Juegos Olímpicos de Tokio en 2020. Sin entrar en otras cuestiones –excesos de escala, envidias profesionales, nacionalismo japonés y otros debates periféricos- lo cierto es que el estadio, presupuestado en 162 billones de yenes, ha alcanzado la previsión de costes de 252 billones de yenes (2.100 millones de dólares) lo que ha llevado al primer ministro japonés a poner pie en pared y desestimar el proyecto para encargar un nuevo concurso capaz de ceñirse a unos costes más razonables.

Si bien es cierto que el proceso constructivo japonés resulta peculiar dada la participación activa de los contratistas en el proyecto de ejecución final, no lo es menos que estos condicionantes eran conocidos antes de empezar y que el sobrecoste es de un 155% (más de una vez y media el original).

Lo peculiar del caso es que ZHA lanzó hace poco un video para defender su propuesta. En el se explica la cifra de los 252 millones de yenes (minuto: 18:29) ¿La culpa? El incremento de costes en el mercado. La falta de empresas capaces de ejecutar la obra en el mercado. La subida de los precios de la construcción un 25% por –lo han adivinado- la mano invisible de Adam Smith en… el mercado.

Señalemos que el vídeo, en un alarde de incongruencia –minuto 18:40-, aclara que el precio de 252 billones de yenes no incluye el techo automático, ni las filas de asientos móviles y solo una parte del cerramiento lateral. Es –según nos dicen- el precio estándar de un estadio de 80.000 asientos en Tokio. Parece que lo que ZHA pretende justificar es que el diseño del estadio no es el culpable del sobrecoste, lo es –adivinan ustedes de nuevo- el mercado.

[No entramos en la falacia que se descubre si deducimos (sin quemar muchas neuronas) que si ese es el precio de un estadio estándar… el de ZHA será, evidentemente, mucho mayor. Bien hecho, primer ministro]

El mercado, ese mercado que Patrik ama tanto desde esas posturas liberales rayanas en lo soberbio e insultante es, de repente, muy malo. Quizá porque no nos conviene y ya se sabe, estas son mis convicciones pero con las cosas de comer no se juega y si no le gustan tengo otras.

Pero, ¿Y la solución se preguntan ustedes? La solución es, claramente, esta:

PROCESS NEEDS TO CHANGE MARKET CONDITIONS IN TOKIO NOT THE DESIGN

TOKIO_VID

Pero… Patrik … ¿Manipular el mercado? ¿Cambiarlo? ¿Hacer que el gobierno intervenga para favorecer el proyecto sobre el mercado? ¿Qué diría Ronald Reagan? ¿Y Margaret Thatcher? ¿Qué dirían Hayek y Von Mises?

Quizá simplemente dirían que uno de los problemas de la disciplina es la falta de coherencia. Quizá que el otro es la repugnante falta de ética que nos ha dominado en años pasados, capaz de convertir a dictadores en mecenas, a teócratas absolutistas en príncipes de las artes y a sus lacayos aúlicos (tuvieran una lira o un cartabón) en voces autorizadas para algo distinto a su afán por la fama y el poder.

Cuando me preguntan qué es arquitectura, buena arquitectura, suelo poner a mis alumnos esta frase de Antonio Miranda:

MIRANDA

Tan sencillo y a la vez tan complejo. Tan infinitamente poético (por productivo).

No sé para ustedes, pero para quien esto escribe hay cosas que ante la claridad de esta definición se revelan banales ejercicios de organicismo del poder.

Los estadios en Qatar entre ellas.

Y las pataletas ultra liberales también.

Written by Jose María Echarte

enero 26, 2016 a 0:54

Publicado en General

2 comentarios

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  1. Al sujeto ese -que no conocía y evitaré en adelante- deberían ponerle un bozal, pero ojalá -como señalas- sólo los ricos tuviesen que sufrir y pagar sus espantosos diseños. (Por cierto, me ha encantado la comparación del estilo paramétrico con “el rococó más emplastecido” y “el chinés eclecticista”)
    Enhorabuena por otra excelente entrada!

    iago lópez

    enero 26, 2016 at 1:59

  2. Ya van muchos años de excesos e incongruencias en la producción de “arquitecturas vitrina…”, de las cuales sin duda una de las más crueles con el tremendo derroche es ZHA – y ojo, que no es la única -, en tanto y en cuanto, no importa el costo sino la foto en primera plana, la tapa de la revista, la moda… y que la inutilidad de las obras, pasado el jolgorio de la inauguración, quede merced al tiempo y sus inclemencias, porque además, los mantenimientos de esos “gustos” y privilegios no tendrán límites… e indefectiblmente terminarán convertidos en elefantes blancos, como el tema del Mundial en Brasil.
    Que clara viene a ser la diferencia de ideología, de objetivos, de proyectos y de obras, cuando se trata de alcanzar beneficios sociales reales, como hace muchos años acontece con esa particular arquitectura social de A. Aravena.

    Miguelius

    enero 28, 2016 at 3:24


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