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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

Estrategias y Perversiones Laborales

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Aunque la fuente se vista de seda...

Aunque la fuente se vista de seda…

Verán, llámenme cascarrabias, llámenme sindicalista envidioso, llámenme Susan (como a Bullet Tooth Tony), pero uno, con la edad, va soportando cada vez menos la impostura –y la mentira- especialmente cuando esta se mezcla con el asunto laboral.

Así, ciertas cuestiones ocurridas recientemente en las que se mezclan con el salario justo conceptos tan absurdos como lo bonito, lo molón, lo buenrollista y otras zarandajas que hacen que quiera afeitar a Mr. Wonderful con una motosierra, me ponen la vena del cuello del tamaño de una vela ibérica especialmente cuando se generaliza la tendencia a solicitar “gente con ganas de aprender”.

El truco es conocido. Gente con ganas de aprender, entorno de aprendizaje, becarios, interns, internship no remuneradas… permítanme que sea franco: Engañufas. Humo. Aires de aroma de tufo de trilero a la espuma de croupier del Missisipi.

Las formas, por ser claros, son malas. Porque son ridículas las más de las veces. Sin embargo es mucho peor el fondo.

El fondo confunde salir de fiesta con un trabajo y hacer amigos con tener empleadores. Confunde una empresa con una academia. La vocación con una excusa para la explotación. Confunde al empresario con una suerte de amiguete insoportablemente paternalista o –peor aún- con una especie de maestro del templo de Shaolin cruzado con Paulho Coelho con imparable verborrea gurú. De esta forma, la sencilla formula TRABAJO – PLUSVALIA – SALARIO se pervierte hasta extremos repugnantes, siendo el más clásico el que entiende que el buen ambiente en el trabajo o el aprendizaje son regalos o gabelas que afectan directamente a la retribución de un trabajador.

Es sencillo: El buen ambiente incide en la producción, y por tanto beneficia al contratante (No negaré que también al empleado, pero no sólo a este). La formación, el aprendizaje, son formas de INVERSIÓN del empresario que responden a la cuestión: Trabajadores formados – trabajadores mejores – trabajadores más eficientes – mejora de los servicios ofrecidos y crecimiento del negocio. Ni el uno ni lo otro, por poner dos de los más claros ejemplos, son nada que se regale ni –por tanto- computables como salario.

[En Google algo me dice que se cobra. Hay un futbolín creo. Pero no creo que paguen en partidas gratis]

Por cierto, empecemos a llamar a las cosas por su nombre: UN TRABAJADOR. Ni un colaborador, ni un meritorio ni Liberace en tanga. Si de lo que usted produce –querido amigo con profesión vocacional- se obtiene –por mínimo que sea- un beneficio económico que recibe en primera instancia un tercero, es usted un trabajador. Sin maquillajes. Sin atelieres. Sin comunidades creativas. Sin sinergias y sin términos en inglés. Que oigan, me parecen muy bien, pero cuando hayamos llenado la olla de lentejas.

Y los trabajadores, recuerde, deben cobrar.

El verbo no es opcional. No es pueden. No es “oye, si se empeñan”. No es “Ya si eso lo vamos viendo”.

ES DEBEN.

Y lo es por razones muy concretas, de la honestidad y equidad en el cobro por el trabajo realizado depende la estabilidad (o, en otras palabras, la realidad) del mercado laboral y, por extensión, de la estructura profesional completa.

Para nuestro caso, la endémica, repugnante y extendidísima perversión de los falsos autónomos, los interns que no cobran y los colaboradores en régimen de explotación permanente produce una bajada de salarios hasta niveles de miseria. Esta bajada perjudica –esto es lo más surrealista- a los propios trabajadores, engañados en una suerte de teatrillo autosatisfecho (que a ratos parece lucha de gladiadores a ver quien se vende más barato, o incluso (true story) PAGA POR TRABAJAR) en el que se impone el criterio de marcar la casilla de “haber trabajado en” como certificado de calidad –falso- cuyo único objetivo es el mantenimiento retroalimentado de… ¡Oh sorpresa! los sueldos bajos.

Como corolario, a sueldos –costes- bajos, honorarios profesionales falsos. Y de ahí, bajas ridículas, proyectos al 10% del coste mínimamente razonable y una estructura laboral precaria hasta decir basta. Los perjudicados, a la larga, somos todos. Y los beneficiados únicamente aquellos capaces de llevarse por delante cualquier criterio ético con tal de seguir engordando el sistema hasta dejarlo como al señor Creosota.

Así que, siguiendo las enseñanzas del genial Julen Asua en este magnífico post, estén preparados y recuerden que:

Si alguien les habla en vez del salario del espíritu de equipo, de lo divertido, de lo molón o del buen rollo, contesten que el futbol es así. Que ellos son 11, que ustedes son 11, que no hay enemigo pequeño… y que su cláusula de rescisión es como la de Cristiano Ronaldo. Pero de buen rollo ¿Eh? Ah, y que ustedes son más de leer “El Capital” que a Coelho y que Tagore les da urticaria.

Si alguien les dice que el horario es flexible, pregunten a cuánto va la hora extra. O que de ser, ustedes prefieren que sea comprimible.

Si alguien les dice que van a cobrar poco pero es porque les van a formar, pregunten por la posibilidad de no aprender nada y aplicar lo que ya sabían de antes (Incluso añadiendo que están dispuestos a prometerlo ante notario) cobrando con ello ustedes lo justo por convenio. Pregunten también si la formación es más bien un curso acelerado en “hacer las cosas como le gustan al jefe”, que como formación es cuestionable a menos que  el jefe se clone a sí mismo y monte otros estudios.

Si alguien les habla de internship no remunerada (fuera de las admitidas como parte de la formación reglada), pregunten en que apartado de la legislación laboral aparece la figura. Pregunten también si son ustedes de los que van a quedar enterrados en la pirámide al acabarla, ya puestos. No niega uno que hay muchos tipos de contrato repugnantes en este país, pero al menos son contratos y se sujetan a la legislación laboral que indica -entre otras cosas- el máximo número de contratos de prácticas permitidos por trabajador fijo.

Si les hablan del buen ambiente, aclaren que ustedes, por un sueldo según convenio, trabajarían en el cuarto círculo del infierno (destinado a los avaros) con Dante pegándoles collejas. O, por ser claros, expliquen que un trabajo deja de ser una fiesta (en espíritu) desde el punto y hora en que es un sitio al que te pagan por ir y al que dejas (deberías dejar) de ir si no te pagan.

Si les preguntan “¿Cuánto crees que debes ganar?” respondan que 10.000 euros al mes. O más. Si un tipo que va a contratar a alguien no sabe cuánto puede pagar, mal vamos para empezar. Y para el resto de la absurda cuestión… un trabajo no es un mercado fenicio.

Si les dicen “Esto es un taller, más que una empresa, nos interesa la pasión…”… SIMPLEMENTE HUYAN.

Huyan muy lejos. Y no miren atrás.

Y oigan, valórense, leche, que les ha costado a ustedes mucho sacarse el titulo para permitir que les traten así. Recuerden que esto es una combinación de, básicamente, cuatro factores: Sueldo, horario, responsabilidad o puesto a desempeñar y contrato.

Y que esto, en helvética, en comic sans, en rosa Hello Kitty o en negro AC/DC, es la madre del cordero y lo demás… las más de las veces… pura tramoya.

Written by Jose María Echarte

septiembre 15, 2015 a 13:20

Publicado en General

2 comentarios

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  1. Como ex-falso autónomo y ex-“colaborador en prácticas” de gratis total en un mega estudio famoso, por pura desesperación tras años en paro después de terminar la carrera y donde te hacen sentir que entran nada más que los elegidos por los dioses, sólo puedo decir una cosa ante un artículo así: bravo.

    Y añadir que siempre pagamos por trabajar en el caso de becarios, aunque sea el gasto de desplazamiento, y sobre todo pagamos con nuestras ilusiones y esperanzas, que son pisoteadas sin contemplaciones.

    Mario

    septiembre 15, 2015 at 15:37

  2. Parece increíble que 18 años después de que advirtiera a mis compañeros de la ETSAM de este círculo vicioso aún se siga practicando tan descarademente el engaño y los alumnos se sigan dejando engañar… puede que haya cometido muchos errores en mi vida pero mi gran acierto fue cobrar por mi tiempo. Espero que algún día cambie la situación que, por otro lado, parece darse sólo en nuestra querida España… en el extranjero (al menos los países que conozco y en los que he residido) ni se les ocurre contratar a coste cero.

    Antonio

    septiembre 20, 2015 at 21:06


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