n+1

Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

Crítica Vs Utilitarismo

leave a comment »

Jay Sherman en "El Crítico"

Jay Sherman en “El Crítico”

A vueltas con el concepto de crítica andamos estas semanas enfrascados en un interesante debate propuesto por Rodrigo Almonacid sobre un reciente artículo de Architectural Review (publicado en parte por ArchDaily) en el que se discutía sobre la existencia o no de un valor mesurable de utilidad en la actividad de la crítica arquitectónica o de si esta es, en los tiempos de internet, community managers, RP’s y demás, necesaria.

Comienza el artículo con esa pregunta, que nos retrotrae a otros textos publicados ya en Plataforma en los que se cuestionaba el futuro de la crítica, y adolece la cuestión –sin que defina exactamente la posición de AR- de los mismos equívocos que poblaban aquellos. Si para Basurto en cierto artículo  la cuestión quedaba reducida –e incluso simplificada- hasta el extremo de comparar la disciplina con una suerte de feedback estadístico de “me gusta” del que se esperaba la capacidad de generar por si solo conocimiento (Craso error, explicable únicamente por el interés particular de Plataforma como medio puramente acumulativo), en el texto de AR se emplea la extraña comparación sustitutiva (Quién necesita…existiendo…) con los “PR minions” dedicados a la labor puramente publicitaria y obsequiosa.

Ambos postulados –incluso como catalizadores de debate- parten de comparaciones disonantes. Las que mezclan un ensayo que merezca la pena ser llamado así, es decir que aúne investigación, uso racional de lo aprendido, de la experiencia o de lo conocido por la practica con una función expansiva del conocimiento, con una tabla estadística (Datos) o peor aun con la reseña editorial de la cubierta del mismo.

Una crítica de cine –una buena crítica de cine- no es jamás la sinopsis de la caja del DVD, ni el número de espectadores en taquilla porque ni sus esferas de actuación ni sus objetivos –pese a partir del mismo hecho- jamás podrán ser coincidentes.

Y es que la crítica, como parte fundamental e indivisible de la disciplina arquitectónica, está reñida tanto con la catalogación puramente numérica como con la obligatoriedad del positivismo exacerbado y en no pocos casos falsario. Si decíamos de un ensayo (O de la crítica) que debe partir del uso de los conocimientos, experiencias y sabidurías para el análisis pormenorizado de una cuestión (Sea esta edificio, libro, artículo  o actitud), y nos quedamos solo en esta parte estaremos olvidando la necesaria (Y tan difícil) asepsia requerida para enfrentar esa cuestión sin apriorismos resultadistas.

Sea este quizás el punto en el que el artículo en su parte final se desvía más de nuestro concepto de crítica. Si bien en su referencia a Sorkin (Michael, no Aaron) parece transitar más  cercano a la realidad disciplinar tal y como la entendemos (Miranda, Pevsner, Banham, Huxtable.. con sus enormes diferencias entre ellos) la mención de cierta practicidad objetivable y necesaria lo aleja completamente del concepto de practicidad universal en el que esta no se mide por lo positivo o lo negativo, por su capacidad o no de descubrimiento o de actuar como vocera para la sociedad de aquellos valores asumidos como aceptables, sino que se justifica en su propia existencia independiente de un fin más allá del ejercicio del pensamiento critico capaz de desmontar y analizar pieza a pieza y contexto a contexto cualquier fenómeno para someterlo con ello a escrutinio y debate públicos e informados.

Es conveniente aquí recomendar la lectura del artículo  de Ignacio Echevarria “Críticas Negativas” en el que el autor se hace eco del dialogo en el campo de la crítica literaria surgido alrededor de ciertos críticos que decidieron (Y anunciaron) evitar las críticas negativas (Aun asumiendo que la catalogación “positiva” y “negativa” debería ser accesoria en estas cuestiones, sirvámonos de ella para esta argumentación).

Parte de los motivos que aducen estas figuras para tomar esta determinación tiene también relación con internet, al que atribuyen un carácter popular y democrático que debería –según su criterio- desembocar en un estilo “Compasivo y generoso”.

De nuevo se trata de un apriorismo innecesario cuando nos enfrentamos al análisis argumentado que debe acompañar a la crítica. Esta no es compasiva como tampoco es malvada. Simplemente es (En su infinita variedad de acercamientos al mismo objeto o fenómeno) y con ello se justificará a sí misma en su capacidad argumentativa. Parte de este discurso entre compasivo y positivista preña la mal llamada “crítica curatorial” que –perdónenme la simplificación- consiste en la aceptación por selección o descarte asumiendo con ello que el ciudadano (O el profesional, o incluso la disciplina) son meros consumidores (O mercados, como el del arte) en los que este tipo de selecciones ayuda a la “compra” (en todas sus amplias acepciones, visionado, adquisición, lectura, uso…). Sin embargo se priva con ello a quienes tengan interés por la cuestión del análisis, del aprendizaje y la posibilidad de debate y profundización en cuestiones que van más allá –de nuevo- de ese “me gusta” excesivamente estadístico. No se trata pues de que interese o no esta selección, sino de que interesan los procesos analíticos y de pensamiento educado que han llevado a la misma, mucho más allá de la simple y elogiosa exaltación de lo seleccionado (Y –en ocasiones- lo postulado como selecto).

[Añadamos además que en casi la totalidad de los casos, estas selecciones se realizan desde posiciones interesadas, lo que convierte al supuesto “crítico curatorial” en juez y parte, eliminando en gran medida su necesaria imparcialidad]

En estas circunstancias es cuando la presencia de internet, con sus miles de voces (Muy poco democráticas en muchos casos y no tan compasivas como querrían creer los críticos literarios en otros) se convierte en ruido de fondo difícil de separar y clasificar lo que lleva en no pocos casos a una actitud excesivamente extensiva en la que todo se unifica como un único elemento cacofónico (En el texto que nos ocupa, “Un vasto miasma”).

La única diferencia entre encontrarse perdido en internet y hacerlo en la biblioteca del Congreso de Estados Unidos (Donde les recuerdo se guarda una copia de TODO lo que se publica en el mundo) es la accesibilidad –esta sí- democrática de la red (al menos de momento) y que –parafraseando a Spiderman- requiere de una mayor dificultad editorial por parte del usuario. Lejos quedan pues aquellas bibliografías sancionadas, aprobadas por el uso y la técnica y definidas por expertos aceptados (O al menos no son el único camino). No se trata pues ya de aprender un concepto, si no de aprender como buscar ese concepto. Como desarrollar las herramientas fundamentales para ejercer el pensamiento analítico necesario que permita (A cada cual según su conocimiento) editar la marea de hard data a la que nos enfrentamos.

Es sin duda parte fundamental de esas herramientas el pensamiento crítico, generador de dudas educadas, cuestionamientos argumentados y análisis racionales, o si lo prefieren y por entendernos: la crítica como disciplina, sin a prioris ni objetivos secundarios que se alejen del conocimiento extenso y pormenorizado de las cosas. No es esta labor sencilla, pero es sin duda un objetivo necesario e imprescindible para una disciplina como la arquitectura demasiado acostumbrada a cambiar la sinopsis de la caja del DVD o el press release obsequioso por la crítica en Cahiers du Cinema, la oda por el análisis.

Written by Jose María Echarte

septiembre 18, 2014 a 13:27

Publicado en General

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: