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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

Repetir, Reflexionar, Ocultar

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El panorama está negro. Y a brochazos.

El panorama está negro. Y a brochazos.

Muchas cosas han ocurrido estas semanas. Venecia y el Congreso sobre lo “necesario” (Ojo a las comillas) con la caída (Que es más bien lanzamiento, Fosbury) de Fernández Galiano del guindo de los concursos icónicos que tanto gustaba de organizar.  En suma la sensación general de que al paso de los años, lo importante sigue sin modificarse, alterándose solo un discurso estético-visual, gastado y vació, que deja de lado cualquier cuestión ética y, por el mismo precio, cualquier tipo de reflexión o análisis en profundidad. Pasemos página. Ni un paso atrás, ni para tomar aliento.

A estos efectos es altamente recomendable leer los artículos de Fredy Massad y Anatxu Zabalbeascoa. Poco más puede uno añadir a sus palabras.

Quizá únicamente la percepción personal de que dentro de la infinita capacidad para la abulia de la profesión, esta falta de reflexión –que ni es de ahora ni es discreta- tiende a traer como consecuencia la herencia y el mantenimiento de lo peor que las generaciones anteriores nos dejaron a modo de regalo envenenado, aquello de lo que –no importa cuanto alardeemos de bienales y MOMAs– seguimos siendo esclavos.

¿Es el detonante el “Fundamentals” de Koolhaas? Si no lo es si representa claramente este intento de huida hacia delante (O tal vez, y leído todo lo de Koolhaas, hacia atrás) aceptado de buen grado y hasta con alborozo. Koolhaas quiere acabar con las arquiestrellas y proclama de hecho su final –olvidando por el camino que el fue (y es) la más rutilante luminaria de este firmamento- cuando lo que parece traslucir detrás del discurso cargado de sentencias bigger than life es que con lo que ha querido acabar el holandés es con cualquiera que pudiera hacerle sombra en el evento veneciano, y de paso sacar un libro. A la postre, lo que queda en Venecia es Rem Koolhaas, que es de lo que se trataba desde un principio.

Resulta peculiar la fascinación con una propuesta de cuya capacidad entomológica exhaustiva no dudo –becarios mediante, esto AMO lo hace muy bien- pero que es en su sectarismo falso claramente impostada. El propio Koolhaas recorre junto al articulista Oliver Wainwright -de The Guardian- la exposición, y en un momento determinado se detiene ante un corte en el cartón yeso del que cuelga la colección de ¿picaportes? y a través del cual se pueden ver las tripas originales del edificio  para mostrarnos la epifanía detrás de “Fundamentals”:

This is us (los 2 cm del carton yeso) That is them (todo lo demás).

Obnubilado por la frasecita lapidaria pierde el redactor de The Guardian la oportunidad de preguntar: ¿Who is us, and who is them? ¿Quién es quien en esta asignación de papeles a la que parece haber despertado un Koolhaas que nos habla de la arquitectura convertida en ficción, cuando tal vez debería hablarnos –visto lo visto– de ciencia-ficción?

Tal vez lo que Koolhaas voluntariamente está ignorando es que para una mayoría de profesionales (Eliminada buena parte del club del Jet Lag del que es socio fundador y presidente) la imagen es más bien un “This is it” (Por parafrasear a Michael Jackson). Un todo inclusivo en el que lo importante no son esos dos centímetros, ni es el aspecto renderizado final, sea este un algo en medio del desierto o una replica de la estrella de la muerte en Abu Dhabi. No existe el “us” y el “them”. No hay tal separación o, al menos, no debería haberla para quien entiende –y sobre todo, ha entendido siempre- que la eliminación de todos los condicionantes (Técnicos, sociales, económicos, lógicos y en alguna medida morales) que hacen compleja esta disciplina y que vivimos durante la década pasada, lejos de “liberar” la arquitectura (Así pensaba Frank Gehry sin ir más lejos) la convirtieron en esclava de una simpleza absoluta y vacía, servil con el poder y caprichosa hasta el extremo.

Pasar de aquello a este glorificación del catalogo -como alternativa, solución o explicación- sin un mínimo análisis de las causas que nos llevaron a adorar por la peana lo que no era sino banalidad visual, es receta segura para –cambiado el objeto de pleitesía divina, y manteniendo al sumo sacerdote- repetir unas conductas y unos errores, ya endémicos, que ni están desaparecidos ni mucho menos han sido estudiados con la misma minuciosidad que la evolución del tipo de urinario.

Entiéndase bien que uno, ser humano tan fallido como cualquiera –quizá más-, no pretende una expiación de los pecados de nadie pero que, a la vez, tampoco está dispuesto a asumir que los adalides de una cosa se levanten adalides de otra completamente distinta sin que medie reflexión alguna y sin que, como derivada evidente, no exista un interés nada altruista presente.

Porque ¿Qué otra cosa más que un Koolhaas en easy-listening pretende ser Bjarke Ingels? Desprovisto de la capacidad teórica del holandés (Que nadie niega, se esté o no de acuerdo con él) y sin la potencia de AMO detrás, la entronización del arquitecto “fulgurante y en bicicleta” (Según un editorial de AV) sin cuestionamiento crítico alguno supone la continuación del sistema “rock’n’roll star” reducido a sus componentes más banales y con el agravante de ser estos cada vez más burdos, sin que por ello medie recato ninguno y hasta el extremo de estar invitado a un congreso -en el que finalmente no apareció- en el que se pretendía que nos hablara de “lo necesario”. ¿Por qué? ¿A quien interesaba su presencia, a todas luces innecesaria (perdónenme el juego de palabras) y hasta contraproducente? No parece haber cambiado mucho el sistema cuando estos son los mimbres (Y las pleitesías del interés y los juegos de poder) con los que se pretenden construir los discursos del cambio.

[Mientras este articulo se edita, Patrik Schumacher (La versión easy-listening de Zaha) se lanza de nuevo cuesta abajo por el camino del ego desproporcionado y la desconexión con la realidad, exigiendo a través de su muro de FB un lamentable “Architects unite” cuyo objetivo no es –por ejemplo- la denuncia de la esclavitud en Qatar con motivo de las construcciones y proyectos asociados a la Copa del Mundo (Entre ellos, el suyo) sino la “reconquista” de la bienal de las pérfidas garras de los curators para que puedan los arquitectos ir a enseñar sus cositas. Del orden de prioridades de Mr. Schumacher poco podemos decir salvo que tiene la brújula moral completa (y repugnantemente) perdida, aunque cabría preguntarse a qué arquitectos se refiere y cual  es la necesidad de –en un mundo donde la información es prácticamente global e instantánea- irse de turismo a Venecia, salvo satisfacer sus afanes propagandístico-económicos. Como coda, la pregunta real es si Mr. Schumacher es el Iznogud que quiere ser Califa en lugar del Califa Koolhaas y, de nuevo, si es entendible que este absurdo –y execrable- discurso sobre formalismos paramétricos desconectados de la realidad (Tan sucia como es el caso) se mantenga sin mayor análisis]

Los ejemplos abundan, en todos ellos es la falta de discurso crítico (y autocrítico) detonante de una carrera hacia la repetición de errores, hacia una desconexión con la realidad (social e incluso legal) que lejos de enmendarse va camino de alcanzar cotas de sima oceánica. Todos sabemos o imaginamos de que manera tan poco edificante se gestionó la construcción de las obras de la China Olímpica (Ni eran los mejores los unos ni lo son los otros) y al menos Herzog y De Meuron inventaron aquella historia sobre los espacios para el encuentro (Que nadie creía), por el contrario, Zaha Hadid, abandonada ya toda necesidad de justificación (Imposible por otra parte), se lava las manos como Pilatos sin mayor problema y no mucho más que una ligera polvareda en internet que dura menos que lo que se tarda en escribir los pocos artículos al respecto que han cubierto la noticia.

No es diferente en España. De las contrataciones en explotación que circulaban de forma silente en el gremio (Quizá porque la banda de explotadores que las practicaban al menos sabían que lo que hacían era impresentable) corroyendo  la estructura laboral de la profesión y dejándola inerme ante la crisis, al descaro con el que se alardea de “trabajadores altruistas” en entrevistas públicas (sea esto lo que sea) al socaire de esas mentiras –sucias, interesadas y falsamente romanticotas- del “atelier” y el “aprendizaje” dignas de figurar en el “Sixteen tons” de Ernie Ford.

El cuento (de terror, digno de Lovecraft) no acaba aquí, evidentemente. Concursos entre amigos, pleitesías a cenáculos absurdos, bienales con comisarios que siguen seleccionándose vaya usted a saber cómo y por qué, juegos de poder y de influencias, de interés y de favores, el chiste del dentista y el “no vamos a hacernos daño” elevado a la enésima potencia. El pasado es por lo visto cíclico y cada vez más burdo, como una mala fotocopia mil veces repetida en la que además de la falta de variación, debemos apechugar con el trazo cada vez más grueso con el que se produce. Con la exhibición inconsciente -y hasta chulesca- de la desvergüenza.

Las generaciones se suceden, y el tiempo pasa inexorable. Domenico di Siena suele preguntarse sobre quien será el relator de estos años pasados y de la situación actual. Sospecho que Domenico se lo pregunta porque los relatores parecen ser los mismos y sus criterios –bajo una capa de maquillaje- idénticos. Atenazados por los diferentes frentes en los que la profesión batalla actualmente (LSCP, crisis, paro, desestructuración… mas todos los anteriores) no tenemos mucho más tiempo que perder, ni muchas más generaciones que desperdiciar repitiendo unos errores históricos que, lamentablemente, nos empeñamos en sostener dándoles carta de naturaleza sistémica (“esto siempre se ha hecho así”) cuando son en realidad disfunciones perversas y destructivas, sobre las que –al menos- deberíamos reflexionar mas allá del acto egoísta e interesado que supone correr un velo. Por muy (es)tupido que sea este.

Written by Jose María Echarte

junio 26, 2014 a 12:35

3 comentarios

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  1. Estrellas enamoradas de su nuevo papel de “agujeros negros”…

    m0e:)

    junio 26, 2014 at 12:39

  2. […] aparecidos en diversos medios digitales especializados no han hecho mella en su figura (one, two, three, ¡caramba!)  pues para él “es muy fácil opinar sobre esto o aquello desde el sillón de tu […]

  3. Hola Jose María, efectivamente la razón de mi pregunta es la que tu apuntas en el texto. Los relatos y los relatores siempre son importantes, aún más cuando en lugar de vivir tiempos de “equilibrio” (que algunos llamarían de bonanza) vivimos tiempos de transformación (que algunos prefieren llamar crisis). Necesitamos más relatores y nuevos relatos, nuevos modelos para alcanzar nuevos equilibrios. En Italia es muy famosa una novela, se llama “Il Gattopardo”, allí se narra de aquellos cambios aparentes que se hacen desde arriba justamente para que nada cambie de verdad. Me divierte muchísimo asistir al espectaculo de los Dioses que dicen de no querer siendo dioses. En España hay uno de esos que tenía una oportunidad historica de hacerlo de verdad, y no lo ha hecho. A quién me refiero? Al Rey por supuesto!!! Pero esa es otra historia, o quizás es exactamente la misma!… y allí está el corazón del problema!


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