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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

El Caníbal y el Tenedor

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Darth, explicando que lo importante no depende de la herramienta.

Darth, explicando que lo importante no depende de la herramienta.

En una de las más parodiadas (Y amadas) escenas de “Star Wars” Darth Vader advierte al almirante Motti (el fallecido Richard Le Parmentier) que no se ofusque con el terror tecnológico que se ha construido porque la posibilidad de destruir un planeta no es nada comparada con el poder de la fuerza. En otras palabras, Vader es más malo que la quina (Aun a George Lucas no le había dado por los osos de peluche y el mensaje tróspidamente ecológico metido a hachazos) sin necesidad de adminículos, por mucho que vengan con cañón de partículas.

Sin negar  pues que la ley de Moore se cumple a rajatabla, no deja de ser cierto también que en ocasiones la generación de tecnologías tiende a olvidar que. más allá de lo epatante de su resultado. sigue habiendo una parte con la que muchas de ellas interactúan, el usuario y que olvidar a este o convertirlo en aquello que no es implica un camino directo al fracaso.

[Cabe aquí recomendar encarecidamente la lectura de “The Design Of Everyday Object” de Don Norman (Vean aquí una fantástica entrevista a Norman realizada por Ken Grobe para la extinta Wantmag.]

Resulta interesante recordar la intrínseca malignidad sin herramientas de Vader en estos días en que Patrik Schumacher se olvida de tomarse el librium y arremete contra todo lo que tenga pulso en sucesivos arranques sobre el parametricismo, la bienal, lo políticamente correcto y todo lo demás. Descuiden, no voy a entrar en detalles: no creo que merezca la pena y los discursos de PS son tanto una cuestión de ego sobredimensionado como una justificación –imposible- de ciertas declaraciones de su socia y de la práctica de su oficina. No obstante la ocasión sirve para replantear ciertas dudas y consideraciones –asumo que muy personales- sobre el parametricismo y su evolución a lo largo de la pasada década.

Podría aquí enumerar todo lo que me resulta paradójico con respecto a los principios de algo que comenzó con cierto interés como un intento de integración de la complejidad y ha acabado convirtiéndose en un festival de exaltación –absurda y fallera- de la complicación. Sin embargo quizá sea esta la mejor definición –la más sintética- que puedo dar de lo que es a todas luces en estos momentos un estilo, empleando el uso más reduccionista del termino: La manipulación de la realidad a la búsqueda de la repetición de los resultados (Tan negativa para PS, por ejemplo) con ligeras variaciones para contentar a un publico expectante, vaciando de contenido el resto de aspectos y a la búsqueda del efecto formalista. [Si aplicáramos el método científico, una falacia demostrativa en la que las condiciones de partida se manipulan para obtener un resultado repetido y pretendídamente inevitable]

Sin embargo sobre estas cuestiones impera para mi otra fundamental. En su dependencia cada vez mayor de una tecnología (a priori ni buena ni mala) que nos ha llevado de ZHA usando Grasshopper a Grasshopper featuring ZHA, es decir, a la que se da primacía sin cuestionar si no será tan restrictiva como aquello de lo que dice huir, ¿En que lugar queda el usuario, el habitante o, por ser más generales, el ciudadano?

En sucesivos escritos y conferencias sobre la cuestión se hace constante referencia a la arquitectura como un marco de integración de relaciones humanas. Siendo esto cierto, lo apreciable tanto en estos desarrollos teóricos como en la realidad, publicada y construida, es que el ciudadano –o el usuario- queda reducido a una condición unidimensional en la que solo le permite un mínimo grado de movimiento: La sorpresa. La exaltación de la emoción simplista -por efectista- que aparentemente busca convertir a todo habitante que establezca una relación con las infinitas complejidades de la arquitectura en un turista (No en un viajero, ni en un visitante, términos estos muy distintos) con la mandíbula presta a descolgarse y la cámara preparada para inmortalizar lo “vibrante”, “excitante”, “fluido” o “espectacular”.

Este sacrificio en aras de la formalidad visual conlleva, en casos extremos, un desapego completo no solo de las circunstancias del usuario sino de todas las cuestiones que rodean un proceso tan intrínsecamente complejo como el arquitectónico. No resulta, desde este prisma, extraño (Aunque si completamente rechazable) que se apele a la separación de la forma de los contenidos -o por ser más claro, el fin de los medios- como tabula rasa moral sobre la que justificar que –y desde un punto de vista estrictamente material y de intendencia- las complicaciones derivadas de este estilismo en buena medida tiránico, sean más propicias en regímenes muy determinados y para programas muy concretos con clara tendencia a la propaganda como único contenido y al ego dictatorial como objetivo de la misma. Si la imagen es lo valido –la pura forma “sorpresiva”- y se niegan las evidentes implicaciones sociales, económicas y políticas de lo que hacemos, el camino hacia la posterización (Por poster) de la arquitectura es más que evidente y de ese punto a los maridajes algo más que cuestionables solo hay un paso.

El parametricismo suele componer un discurso en oposición con la modernidad (Y menos con sus inmediatamente más próximas tendencias). Dicho discurso simplifica hasta extremos vergonzantes los parámetros de esta, convirtiendo sus profundas implicaciones tecnológicas (Otras tecnologías) y sociales en sus aspectos anecdóticamente visuales. Así, se oponen las imágenes croquizadas de Kahn sobre el campo de Marte a nurbs, la seriación (tomada aquí por “aburrida” repetición) a la diferencia, el ángulo recto a la spline… Se olvida por el camino que si bien los resultados pudieron ser variables y que tampoco estuvo la modernidad exenta de despropósitos, existía una raíz de búsqueda primordial del beneficio panhumano con fuertes implicaciones sociales (En palabras de Antonio Miranda y al menos durante un periodo) que en el caso que nos ocupa se niega de raíz para eliminar posibles análisis y preguntas al respecto para los que la respuesta no parece existir (O no parece ser muy edificante).

Comparativa extraída de una conferencia de PS.

Comparativa extraída de una conferencia de PS.

Sin llegar pues a la simplificación –tan de moda en algunos contextos- que predica que hasta abrir un cartón de leche es política, es bien cierto que lo que hacemos no es una forma autónoma pura y que sus implicaciones son tan intrincadas como extensas. Entendido como un sistema de gestión e integración de la complejidad, el parametricismo no deja de ser una muy interesante herramienta basada en una tecnología que nos permite otra aproximación a la disciplina. Convertido en una receta estilística capaz de hacerse trampas en el solitario cientifista y reducido a la pura cuestión formal de impacto –empequeñeciendo con ello a los usuarios y ciudadanos hasta una dimensión puramente visual- todo se acerca excesivamente a una servidumbre de fanatización tecnológica en la que sin importar lo espectacular (O banalmente espectacular) de los resultados la herramienta adquiere una primacía descompensada.

Discutíamos recientemente Blanca Espigares Rooney y yo en animado debate si algo parecido sucede con el cine y la animación CGI, cuyos excesos han poblado –y aun pueblan- el panorama cinematográfico mundial. Tras décadas de ordalías CGI en incremento exponencial solo recientemente empieza a emplearse el recurso como tal y no como objetivo (Algunas partes de Gravity por ejemplo, que no toda ella). La comparación es aun más clara si se emplean películas próximas como “La Amenaza Fantasma” y “El Imperio Contraataca”, record de efectos por plano la primera en la que el guión desaparece para permitir el lucimiento rococó de las capacidades de la ILM, y road-movie espacial que aun es la mejor de toda la saga la segunda, en la que el guión de Lawrence Kasdan es lo prioritario.

Que tiempos aquellos, antes de jar-Jar-Binks

Que tiempos aquellos, antes de jar-Jar-Binks

Así, podríamos reducir las dudas aquí planteadas a una pregunta aun más sencilla (A un tweet de 140 caracteres), vista en los comentarios de uno de los documentales –escasamente criticos- sobre parametricismo que pueblan la red y que recordaba el aforismo de Stanislaw Jerzy Lec:

¿Si un caníbal usa un tenedor, lo consideramos progreso?

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Written by Jose María Echarte

marzo 24, 2014 a 13:47

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