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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

El Sacyr Nuestro de Cada Dia

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¿Pediría Gaugin modificado cuando trabajó en el Canal?

¿Pediría Gaugin modificado cuando trabajó en el Canal?

Si tenemos que hacer caso a la leyenda, el edificio de la sede de las Naciones Unidas en Nueva York (El famoso “Proyecto 23-32”, fundamentalmente de Niemeyer con alguna cosa de Le Corbusier) debía costar en su día 85 millones de dólares. Durante el proceso de construcción la cosa se quedo en 65 millones, es decir, un ahorro de 20 millones.

[Añadan, para la comparativa de esta historia, que el proyecto se encargo a las “archistars” del momento. No, no como ventaja sino como posible inconveniente. Imaginen la misma situación hoy… y no habría presupuesto público capaz de sostener tanto ego enfervorecido (Ni papel couché suficiente para publicarlo)]

Ahorro. En una obra pública (La ONU bien puede considerarse un organismo de carácter estatal, aunque no lo sea en puridad). Eran otros tiempos, claro.

En estos, en los que nos ocupan, los del triunfo del neoliberalismo atroz que se transforma y muta para seguir siendo igual y no desaparecer, el caso suele ser el contrario. Todo cuesta más caro. Mucho más caro. Todo tiene –al menos en España- modificados, que así se llaman los procesos (Los proyectos, concretamente) cuando se parecen mucho a sus originales pero cuestan el doble. O el triple. O más.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo hemos convertido las desviaciones de presupuesto –que siempre han existido, entendidas como una cuestión accidental, pragmática- en el pan y la sal, la base de nuestro sistema de contratación pública y el fundamento económico principal de las empresas constructoras de este país?

Pues, como decía Enrique Pinti, de a poco… y, no se engañen, un poco entre todos.

Veamos.

[Disclaimer: Entiéndase que se habla de grandes corporaciones y estados (Y, en alguna medida, de quienes los gobiernan e implantan en ellos una determinada forma de proceder) y no de las personas individuales que en ellas trabajan. Que se habla de un sistema, su origen y sus resultados o su incapacidad para prever su paso al lado oscuro. Entiéndase que los modificados de obra existen, aparecen en la ley y es lógico que lo hagan, porque a todo el mundo le puede salir un esqueleto de diplodocus en la cimentación. Pero entiéndase a renglón seguido que se no alude a la normalidad lógica que contiene el espíritu de la ley, sino a la distópica que hemos conseguido convertir en normal, cuando jamás debió serlo]

Mañana. Ahora. YA!

Si algo queda claro leyendo la LCAP (Y su predecesora, la LCSP –ay, esos nombres-) es que está pensada para poder manejarla con un factor principal en mente. El tiempo.

Fundamental elemento este en un país en el que en todos los estratos de la vida pública se (des)gobierna no para los ciudadanos, sino para una partitocracia cuyo único objetivo es alimentar las maquinarias burocráticas de los partidos (Autenticas negadocracias o directamente cleptocracias) con aquello de lo que se nutren principalmente: Elecciones ganadas a cualquier precio. Se gobierna pues a cuatro años vista. Menos aun, dado que las campañas electorales duran cada vez más, prácticamente un año entero. Descuenten la pájara habitual del gobierno recién llegado y descubran que se gobierna en implementos de dos años y medio, tres a lo sumo.

Como entenderán, semejante plazo casa francamente mal con la obra pública y sus procesos, siempre que se quiera que estos sean garantistas. O, por ser más claro, siempre que se entienda que en su mayoría son procesos técnicos (Incluyo como técnicas las tramitaciones legales) con unos tiempos determinados regidos por la racionalidad y no por la propaganda a golpe de titular vació. Un proceso de aceleración, carente de toda visión social, en el que en este país pierde siempre lo racional (Y en gran medida lo social y participativo) a favor del puro efecto photocall. A favor de la necesidad imperiosa de “hacer algo para ayer” y sobre todo de que se vea que se hace (Hacerlo “transparente” dirían algunos). En suma, de inaugurarlo o –tan simple como suena- de cortar la cinta.

¿De donde creen que viene esta pasión lujuriosa de nuestras administraciones por, por ejemplo, el procedimiento de proyecto y obra? Esa magnífica figura que pone al vigilante a sueldo del vigilado por el único motivo de eliminar un procedimiento de contratación que, a lo sumo, supone tres meses más de tiempo. Si hablamos de –por ejemplo- la ciudad de la Justicia de Madrid (licitada en lostes por este procedimiento) es de entender que semejante obra tenía por objetivo servir a la ciudadanía durante ¿50 años? Dividan y comprueben que lo que importa no son esos 50 años de uso, que requieren de tiempo, cuidado y criterio, sino ese 0,005% de tiempo. Los resultados están a la vista.

Escasez de tiempo que conlleva atropellos a la razón sometida a cuestiones completamente espurias. Proyectos redactados en una semana. Supervisados en dos días. O directamente sin supervisar (Valencia, es la tierra de la flores, de la luz y de Santiago Calatrava auto-supervisándose).

Así que empezamos restando. En negativo. En un ambiente en el que no importa tanto lo que se va a hacer o a quien sirve o como se hace, sino poder cortar la cinta a tiempo de que nos voten. Lo que ocurra durante el proceso, los problemas acumulados o incluso las debacles posteriores palidecen frente a la foto del político de turno en pose inaugural. Lo que venga –que vendrá- con las elecciones ganadas, dolerá menos.

Hacerse trampas en el solitario

En ese proceso, en el que como hemos visto lo que importa… es lo que importa, queda claro que cuestiones como la técnica, o el sencillo uso de la razón crítica, sobran e incluso molestan. Hasta el extremo en el que el Estado (La administración, lo público, etc.) ha decidido que las cosas se licitan con medio ojo en la oferta técnica… y todo el cuerpo y el alma en la económica.

¿Cómo? Sencillo. La oferta técnica, es decir, el cómo se van a hacer las cosas, quien las va a hacer, etc. se suele valorar con menos del 50% de los puntos en disputa. La oferta económica en cambio se puntúa siempre con –como mínimo- el 50% (Al que bien podríamos añadir el porcentaje de puntos de esas falsas “mejoras”, tan habituales, que suelen emplearse como bajas camufladas). ¿Y sobre qué se hace la oferta económica? Sobre un presupuesto que –para este ejemplo- suponemos que ha redactado un técnico competente y al que se le hace una baja que en muchos casos roza lo absurdo cuando no lo fantasioso. [Si además, el proyecto se ha licitado y redactado atendiendo también a la cuestión económica sobre la técnica –o a dedo por ser vos quien sois- la suma de despropósitos es ya mayúscula]

Para el recuerdo quedan las declaraciones de la anterior secretaria de estado de infraestructuras sobre lo que ella venia a llamar “la cultura del modificado” y su solución, que consistía –agarrense si no están sentados- en:

[…] el Gobierno no quiere poner freno solo a los modificados. También busca un nuevo equilibrio entre la valoración de la oferta económica y técnica de cada proyecto. Hasta ahora puntuaban lo mismo. Pero en tiempos de crisis, la parte económica prima frente a todos los demás factores. Una sobrerrepresentación que Fomento cifra en el 15%. Así, los licitadores se encontrarán con que el componente técnico pesará un 46%, quedando el 54% restante reservado al económico.

O lo que viene a ser apagar un fuego con una manguera de queroseno. Para entendernos: La primacía de la oferta económica ha generado lo que es el autentico know how de muchas empresas españolas (Entre ellas Ferrovial –de cuyas filas procedía del Rivero- y Sacyr como primeras espadas): Llevarse la obra bajando hasta donde haya que bajar (Que es lo que da puntos) para después solicitar el modificado y solucionar lo ruinoso. ¿Y piensa usted que eso se soluciona puntuando la oferta económica con un 54%? Que San Le Corbusier le conserve la vista… y por favor done ese cerebro a la ciencia, que es caso de estudio singular.

Empleamos el termino “solicitar” para el modificado… y no deberíamos. La solicitud suele estar envenenada. Acompañada de no conformidades a partidas enteras del presupuesto que siempre estuvieron ahí y que no son otra cosa que una herramienta de presión contra la dirección facultativa. Cargada de recálculos innecesarios, cambios en obra a expensas de retrasos a veces pésimamente justificados, y la constante espada de Damocles de posibles chapuzas sin fin de quien es muy consciente de que los técnicos de la DF no viven en el tajo las 24 horas del día y para quien la obra es solo un balance de cash-flow que debe resultar positivo cueste lo que cueste, pero cuya responsabilidad heredaran esos técnicos durante diez años. La amenaza de paralización es el arma definitiva. Esté o no justificada. Ya la resolveremos, sabiendo como sabemos que el factor tiempo (Esos escasos 3 años) juega siempre a nuestro favor, y que lo que peligra no es la calidad del trabajo sino que los canapés del día de la inauguración no se nos pasen de fecha.

Ni luz, ni taquígrafos… ni responsabilidades.

Todo este proceso frente al que la administración se mantiene sorda y ciega voluntariamente, del que es consciente pero prefiere ignorar aun a sabiendas del resultado final, se nutre, como en casi cualquier aspecto de la vida pública cuando se desvirtúan sus principios básicos de servicio,  del oscurantismo que rodea a la administración española (Burocrática hasta lo absurdo) y su proverbial falta de transparencia. La obra (O el proyecto, ya puestos) se licitará, y probablemente se adjudique con bajas que rondarán el 50%, para unos presupuestos que, por ser públicos, ya se basan de por si en precios bastante moderados –por ser suaves-. Como ocurrirá con la inauguración, lo único importante será el anuncio propagandístico de la adjudicación e incluso se venderá la rebaja como un logro mayúsculo.

Sin embargo la realidad es obstinada, los duros a peseta no existen, y tras todo lo anteriormente descrito los modificados se aprueban en procesos oscuros, desconocidos, silentes y de cenáculo, en los que el dinero público fluye sin fin. Resulta a todas luces surrealista que solo en los últimos años hayamos sido capaces de conocer las tropelías de la obra pública española con cifras concretas, oculta su vergonzosa realidad en páginas perdidas del BOE.

Resulta más surrealista aun conocer como ningún responsable político ha respondido de los desmanes llevados a cabo durante sus mandatos por razones tan poco edificantes como las mencionadas anteriormente, con obras vacías, autopistas sin coches, palacios de congresos que no se llenan (Ni se llenaran jamás) expos universales con pabellón puente abandonadas, muñecos de famosa gigantes en China a precio de oro y filmados por cineasta con mensaje, paradas del AVE en las que no sube nadie, aeropuertos sin aviones y –en resumen- una orgía de capital público empleado en mantener el sistema perverso que hemos analizado: Oferta Económica – Baja – Obra a la contra – Modificado – Eliminación de la baja e incluso su superación.

Ninguno ha respondido de su pésima gestión. Ni siquiera se han molestado en dar una explicación  coherente al respecto. Ni piensan. La desvergüenza sale –lamentablemente- gratis.

Entenderán que, en el mejor de los casos, exista siempre la sospecha (En un país que ha dado motivos más que de sobra para sospechar) de que por el camino del modificado existen repartos poco claros. Maletines que van y no vuelven. Regalos escandalosos. Visitas al país del chocolate y los lápices G’aran D’ache. Amiguitos del alma a los que se quiere “un huevo”. Arreglos de áticos a alcaldes y otras figuras que lamentablemente forman parte del panorama diario de una sociedad en la que el servicio público no es una labor de gravitas, dignitas y nobilitas con carácter temporal sino una carrera maratoniana de enriquecimientos inexplicables.

Panamá

No se trata pues para este caso de que haya buenos y malos. Ni en Sacyr son unas almas cándidas ni en el gobierno Panameño deben abundar los angelitos con alas. Sin embargo, el proceso parece repetir –en principio- el esquema de cientos de obras públicas en España: El Sacyr nuestro de cada día, que lejos de provocar la indignación mediática necesaria –o el análisis técnico, político, económico y el escrutinio público moralmente obligados que en esta ocasión si parecen haberse producido- han pasado sin pena ni gloria por aprobaciones sucesivas de las que nadie ha dado cuenta.

[Las explicaciones sobre problemas geológicos, pudiendo ser ciertas en su base y sin entrar en unas cantidades que bailan excesivamente (¿1.600? ¿500? ¿700?) y que representan probablemente ese sistema de presión del que hablábamos antes, revelan la patochada absurdamente asumida de un proceso técnico (El de las licitaciones) en el que una obra de semejante envergadura se oferta (Con un precio al borde de lo insostenible) sin comprobaciones previas o análisis exhaustivo. De nuevo, el tiempo y la costumbre de unos procesos cuyo factor económico es tan acostumbradamente voluble funcionan como barrera a toda racionalidad técnica]

Sirva, eso si, el fiasco para conocer en algo las tripas del negocio de la construcción de altos vuelos y sus concomitancias (generalmente poco enseñables) con el poder, que explican en buena medida el por qué del sistema perverso del que hablamos. Sacyr, conocida por su buena relación con ambos lados del hemiciclo según interesara, fue durante años el brazo útil del gobierno de Rodríguez Zapatero en operaciones tan kafkianas como la de la toma de control del BBVA o la de Repsol. Una serie de movimientos que acabaron con la salida de su anterior presidente y con un endeudamiento descomunal que solo enjuagó la adjudicación de las obras del Canal con la intervención directa del gobierno –hasta el punto de otorgarle un sospechoso aval de 150 millones de euros-. No es de extrañar, por tanto, que ante las primeras amenazas de paralización el presidente Panameño apele a una muy difusa “responsabilidad moral” del gobierno de España. ¿Qué es exactamente esa “responsabilidad moral”? ¿Dónde se genera? ¿Es un gobierno responsable de lo que hagan con sus cosas de comer las empresas privadas? ¿Quizá habla veladamente de esas negociaciones a puerta cerrada, de esa intervención a favor de, de la que sería mucho mejor para determinados sectores de nuestra vida pública, empresarial y política que nadie supiera nada?

La ministra de Fomento, como no, ha dejado claro que si bien aquí todos somos iguales… unos lo son bastante más que otros, y lo ha hecho en víspera de reyes y en vuelo directo a Panamá para “mediar” en el conflicto, sin que tengamos aun muy claro en que va a mediar la señora Pastor en una discusión que es fundamentalmente técnica y contractual. Esto ha pasado en la obra, esto ha cambiado sobre el proyecto -por estas razones-, esto dice el contrato de cómo se paga… y lo demás es poner a las claras el funcionamiento de ese neoliberalismo de vía estrecha que gastan quienes nos desgobiernan, hartos de hablarnos de las bondades de unos mercados purísimos, justísimos e independientes. Tan independientes como para meter a toda una ministra en un avión a negociar bajas temerarias y precios contradictorios.

[Queda para ustedes la idea –ahí se la dejamos- de que, atendiendo al principio de igualdad, la próxima vez que tengan un modificado con 20 contradictorios infumables de “Construcciones Paco” sobre la mesa, llamen a la señora ministra a que se lo “medie”. Total, mas cerca que Panamá seguro que le pilla]

Nosotros… ¿Dónde?

Nosotros, en el mejor de los casos que es aquel en el que nos toca lidiar con el problema desde dentro en licitaciones en las que nuestro presupuesto queda reducido a la mitad (O menos), en medio. Una situación en la que somos los principales responsables de obras llevadas “a la contra”, en guerra continúa con constructoras que hacen del modificado su modus operandi, y con altísimas probabilidades de acabar siendo los únicos a quien la asunción de responsabilidad afecte.

[Hablamos de esto hace tiempo, cuando Santiago Calatrava empezó a convertirse en el chivo expiatorio favorito de la prensa (silente hasta ese momento), de los políticos que lo contrataron (a dedo) y –en buena medida- de una profesión de cuyos clichés ahora hablaremos. No seremos nosotros sospechosos de defender al arquitecto suizo, sin embargo no es el único responsable de la implantación del sistema de la obra pública –y mas la de relumbrón y alto copete “arquitectónico-modernista”- en este país. Si culpable es Calatrava, no lo son menos quienes le contrataron ni tampoco quienes –conocedores de lo que había – dejaron hacer y dejaron pasar, adocenados en las mieles de la época de las vacas gordas al aroma del ladrillo.]

En el peor de los casos no se trata de que el asunto nos haya pillado en medio, sino de que hemos sido absolutamente protagonistas de este dislate sistémico para el que el dinero público es poco menos que una hucha inacabable a la que acudir en proporción directa al ego de cada cual. Ego que –por lo visto- debemos obligadamente costear entre todos a fuer de ser tachados de reaccionarios, monaguillos malpensados y otra sarta de lindezas que revelan a las claras el desconocimiento absoluto de los mínimos de responsabilidad que deberían fundamentar esta profesión, sustituidos por un infantil juego de imposturas.

Cabe recordar de nuevo la Ciudad de la Justicia de Madrid, donde los proyectos costaban una cosa e inmediatamente después la contraria (Al alza, como es costumbre), porque lo habitual era ir al modificado sin problema ninguno. No solo lo habitual, era según algunos lo lógico. Lo digno. Si alguna vez estuvimos más perdidos, creanme que me cuesta recordar cuando.

Perdidos hasta el extremo de que arquitectos de renombre (Defendiendo a otros arquitectos de renombre en su justiciera lucha por esas dignidades de todo a cien (que por lo visto se pesan en euros) declaraban no hace tanto (Diciembre de 2008) que:

“Es absurdo decir que hay unas condiciones de partida de 1.000 euros el metro cuadrado tras ganar un concurso público” […] “Y si aplican esa determinación normativa habrá que decirles: ‘muy bien, tiene razón, pero adiós’; éste es un mal precedente para todos y una mala imagen para el campus, va a marcar lo que nos suceda a los demás”

La frase no tiene desperdicio. Explíquenme ahora, por favor, cual es la diferencia entre esta actitud (Infumable, pues cursa contra el dinero público y contra la limpieza de un concurso abierto en el que los compañeros que hubieran decidido ajustarse al presupuesto de licitacion, hubieran quedado injusta y tramposamente fuera) y lo que de momento sospechamos de Sacyr en Panamá. O la de tantas y tantas constructoras de cuyos desmanes ahora parecemos empezar a darnos cuenta (Estilo caída del guindo, falso hasta decir basta).

[Recuerdo que en aquella ocasión los únicos en decir las cosas claras fueron Milla, Mira y Navarro Arquitectos, que dieron en el clavo con precisión al declarar que lo ocurrido era algo previsible…

“En parte, por los vicios adquiridos en el gremio de renegociar los contratos que, para ganar los concursos, suelen ser leoninos”]

De nuevo uno de los clichés tontainas del gremio. Una de las muchas malas interpretaciones (perversísima esta) del “Liebre por gato”. De nuevo el absurdo seguidismo de un stablishment muy particular interesado en convertir la disciplina arquitectónica en un mercado para el comercio de valores sagrados, intocables, alejados de su propio contexto sin el que se convierten en puro capricho cuyas consecuencias –siempre ocultas- van más allá de esa exaltación fanática y acrítica, a la que hemos dedicado nuestras instituciones (Educativas, periodísticas, profesionales…). De nuevo ese comulgar con ruedas de molino y justificar lo que de otra forma (Y con otros agentes, Sacyr por ejemplo) no toleraríamos jamás, en aras de ciertos prestigios que se asumen por imperativo casi religioso, atenazados ante el temor –atávico e inexplicable en una profesión técnica- de ser tachados de “reaccionarios”, de “antiguos”, de pertenecer a aquel 98% que [Sic] “hace mierda” en este permanente reparto de carnés de buenos y malos en que hemos convertido lo que hacemos. La diferencia pues entre el Palau de les Arts y la plaza de la Encarnación es, contemplada toda su complejidad y no aspectos parciales, pura cuestión de debate compositivo (entiéndase la expresión, asumiendo lo que tiene de simplificado) considerando que en nuestra labor de análisis de la realidad, la segunda fue (Con casi los mismos mimbres que la primera: cúmulo de modificados, dificultades técnicas y demás) candidata a los premios Mies Van Der Rohe. Difícilmente podemos justificar lo que a todas luces es incomprensible.

El sistema pues, nos afecta a todos. Su perversión latente puede no aparecer y dar resultados validos, pero ofrece todas las posibilidades para hacerlo, para caer en lo irracional, en lo corrupto, en lo vergonzoso a lo largo de ese caminar por el filo de la navaja en el que se asume que lo que nunca debió suceder (España, paraíso del modificado de obra al alza) tiene visos de normalidad.

A ello deberían dedicarse nuestras instituciones con el CSCAE a la cabeza. A defender y plantear soluciones para unos procesos aquejados demasiado tiempo ya de un surrealismo galopante y de los que a la larga seremos (Ya estamos siendo) los más perjudicados. Las posibilidades son infinitas: Ir al tipo por ley, bajar la valoración de las ofertas económicas a porcentajes mínimos que permitan la primacía de la oferta técnica, establecer plazos lógicos para las licitaciones, eliminar los negociados absurdos, los concursos de proyecto y obra, revisar -en suma- en profundidad la ya insostenible LCAP y –sobre todo- analizar y debatir de forma crítica lo que hasta ahora hemos callado llevados por esa abulia (Mezcla de tontuna egocéntrica y fanatismo irracional) de la que esperemos podamos despertar pronto.

Lo de Sacyr suena mal, y puede que sea el hijo pluscuamperfecto de esta mezcla de connivencias con el poder, amiguismos, influencias, oscurantismo, partitocracia, desgobierno y chapuza en la que hemos flotado –inermes- como la rana en el agua tibia. El problema no es el caso singular, sino el sistema que lo origina y su capacidad de replicarse, el estar rodeados de canales de Panamá.

Algunos de ellos, para más lucimiento, con premio y medalla.

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Written by Jose María Echarte

enero 10, 2014 a 11:42

10 comentarios

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  1. .. interesante análisis .. aunque alejarse de planteamientos fáciles de buenos y malos es el mejor camino para entender el proceso de contratación y ejecución de este tipo de obras ..

    STEarquitectura

    enero 10, 2014 at 12:20

  2. Gracias!. No creo hacerlos, la division seria entre “honesto” y “deshonesto” que es diferente. Entre racional e irracional si prefiere, por llevarlo a lo tecnico. De cualquier forma no se como le llamaríamos a pedir avales públicos y tener cuentas en Suiza, pero se parece bastante a “malo” ^^ .

    Jose María Echarte

    enero 10, 2014 at 12:48

  3. En el clavo “as usual”. Solo un añadido (pobre) sobre la “querencia” del sistema a perpetuar este modelo de “cobra tú” que ya pringarán los técnicos. En la actual batería de normativas legales en torno a la Eficiencia Energética y la Rehabilitación (LRRRU), actualización DB-HE (CTE), etc., no hay ni un regloncito para las empresas constructoras: “Oiga, que si al final la obra la hace “Hermanos Paco Reformas Chim Pum” ya me dirá usted cómo consigo yo una calificación A…y ojo que esto también va a dar lugar a reclamaciones y tiene consecuencias en los presupuestos. Ni una palabra, todo lo vamos a solucionar engordando “papeles” (el CTE, el contenido de los proyectos, las herramientas de simulación, certificaciones ambientales, sellos de calidad, etc), a precio de saldo (mejor no entrar en el actual estado de la profesión en cuanto a competencia de honorarios) pero eso sí, sin alterar en nada los mecanismos (perversos) de adjudicación que bien se describen aquí (complicidad de la administración), ni la formación y especialización del resto de agentes implicados en la construcción.

    MADC Arquitectos

    enero 10, 2014 at 13:23

  4. …con lo sencillo que sería limitar por ley las bajas y la puntuación económica y a la vez, limitar o eliminar también por ley -salvo documentadísima y contrastada justificación- los modificados.

    Solo hay un problema: en ese momento, con unas adjudicaciones basadas mayormente en criterios más subjetivos que la simplísima oferta económica, se reabriría -aún más- la puerta de las adjudicaciones teledirigidas, los maletines y regalos que “engrasan” la adjudicación a los “amiguitos del alma”.

    Buen artículo, acertado como siempre. Comparto y difundo.

    fernando_mh

    enero 11, 2014 at 19:47

  5. […] El Sacyr Nuestro de Cada Dia […]

  6. ay, esos fuera de baremo…

    lo que me alucina es que TODOS los escalones disfrutan con esta fiesta

    y cuando alguien renuncia a recibir su “merecido pellizco” en un sobre marrón clarito le tildan de tonto con la consabida: “si no lo coges tú, lo coge el siguiente…”

    Eduvino Del Amor

    enero 12, 2014 at 14:02

  7. Primeramente, pido perdón por entrometerme en este foro sin ser invitado, pero me ha llamado la atención el artículo así como los comentarios, y me ha apetecido compartir mi experiencia de muchos años en la construcción. Si molesto, pido disculpas nuevamente y no tenéis más que borrar mis comentarios. Al grano.

    El procedimiento para estudios de obra siempre ha sido el mismo:

    – si es pública a medición abierta, valoras la ejecución material, la minoras en el 30% (10 de liquidación más 20 de complementario) y le sumas tus costes indirectos. El resto se llama “defender la obra”, y ya veremos cómo se justifica.
    – si es pública a precio cerrado, haces lo mismo pero midiendo la obra y una revisión somera de los errores u omisiones del proyecto para evitar sustos de última hora.
    – si es privada, generalmente a precio cerrado, haces lo mismo pero minorándola solo en el 10%.

    Y ¿por qué, estas diferencias? porque con el privado no se juega, ya que generalmente acabas en el juzgado, en tanto que el dinero público es de chicle, tienes los Pliegos a tu favor, y con una buena argumentación te sale el 30% sin rechistar. Si las barbaridades del proyecto son muchas, o hay estudios geotécnicos equivocados o fraudulentos, o simplemente tienes información “adicional”, nada te impide ir más allá, al 40 o al 50%, especialmente en obra civil. Al final, las cosas valen lo que valen y de una manera u otra acabarás cobrando.

    Estando completamente de acuerdo con quienes opináis que las bases de concurso promueven el fraude, mi opinión es que también el problema ha radicado en la fase de adjudicación de los proyectos. Desde que la administración comenzó a licitar, además de las obras, los proyectos, estos, que normalmente llevaban meses o años (a funcionarios de gran experiencia y altamente cualificados) sacar adelante, empezaron a hacerse como churros, a veces en semanas, y por supuesto -como no podía ser de otro modo- plagados de errores y omisiones de todo tipo, desde técnicas hasta de medición. Comenzó a pasar por “proyecto” lo que en otra época no hubiera sido más que un anteproyecto, arrojando a los pies de los caballos de la constructora a cualquier proyectista y dirección facultativa. Así planteado, el mejor negocio para la constructora es un mal proyecto, y dadas las condiciones en que se obliga a hacerlos. el resultado está cantado. Los medios que tiene un Jefe de Obra son infinitos en comparación con los del proyectista, y además el Jefe de Obra tiene toda la obra por delante para analizar en detalle todos los errores y omisiones que haya (siempre a su favor, claro). Y el tiempo, y el miedo, siempre corren a su favor.

    Todo este conjunto de barbaridades no puede ser casualidad ni incompetencia (¡ha habido 30 años de aprendizaje, más que suficientes por torpe que se fuera para saber si el sistema era bueno o malo, o claramente corrupto!!), sino que estoy convencido de que ha respondido a una estrategia evidente, tendente a eso que se dio en llamar tan pomposa como eufemísticamente: “generar oportunidad de negocio”, eso si, para los amigos, claro.

    Jorge

    enero 12, 2014 at 15:09

  8. […] va el Sacyr nuestro de cada día a Panamá y se queda corta de dinero. Hace Calatrava un palacio de la ópera y se quintuplica el […]

  9. […] va el Sacyr nuestro de cada día a Panamá y se queda corta de dinero. Hace Calatrava un palacio de la ópera y se quintuplica el […]

  10. ES UNA LEYENDA CON CONTENIDOS INTERESANTE DE MUCHOS AÑOS PASADOS POR ESO TIENE CINCO ESTRELLAS*****

    Margarita Peréz Diáz

    enero 26, 2014 at 2:24


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