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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

¿Are You Experienced?

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Jimmy, a punto de quemar algo más que la guitarra.

Jimmy, a punto de quemar algo más que la guitarra.

BSO de este Post: Voodoo Child. Jimmy Hendrix and The Jimmy Hendrix Experience.

El verano es la época del calor, de las minifaldas, de las cervecitas frías, la playa, los concursos de agosto (Subespecie de jonda raigambre) y, a lo que se ve, de la proliferación de las becas que no lo son y del surrealismo laboral en el campo de la arquitectura.

Así, en estos meses en que aprieta el calorcito, nos hemos encontrado con la reedición de la Beca (En fin, la “beca”) Arquideas –de la que ya hablamos el año pasado- en la que se paga por poder optar a un concurso para poder (Tal vez) ser becario de EMBT. (Tiemble, después de haber llorado)

No menos sicalíptica fue la aparición de la Menis Student Experience (Que por lo visto cursa sin Jimmy Hendrix) en la que se ofrece (a las claras)

Experience the thrill and rewards of working in a student program at Menis Arquitectos Studio in Tenerife. Whether you’re an undergraduate architecture student or recently graduated looking for an International Architecture Studio for trainees where selected candidates join in the day-to-day work.

Es decir, currar en formato “unpaid”. Toma thrill… y no tomes reward.

El unpaid estaba en el anuncio original bajo el formato “With Scholarship / Unpaid” y se retiró -por lo que se ve- tras preguntarles en su muro de FB por el asunto, obteniendo finalmente la respuesta de que la “Experience” era sin pagar, que la referencia a las becas aludía a los programas Leonardo y Erasmus (Ajenos al asunto), y haciéndose finalmente una pregunta que me hace temblar las carnes. Se lo reproduzco aquí (Literal) para que vean como esta el percal:

[…] no ofrece remuneración económica, sin embargo la remuneración se ve reflejada en una experiencia invaluable para cada estudiante, ya que le permitirá vivir la realidad de la profesión y prepararse para su futuro profesional en un estudio con proyección internacional, con lo que ello significa de aprendizaje de la vida real (muy dura últimamente para todos) y de cumplimiento con BOLONIA. Nadie sin experiencia real puede enfrentarse debidamente a una profesión.
Y para qué si no son las prácticas?

Para muchas cosas, desde luego, pero no para trabajar sin cobrar. Las veremos a continuación, por aclarar el concepto.

Estomagantes y asquerosos como me resultan los discursos anteriores por lo impostado y lo falsario hay tres aspectos que me resultan especialmente preocupantes.

El primero es la tendencia a la explotación patente en las profesiones que implican un alto componente vocacional (Arquitecto, cocinero –como bien sabe Ferrán Adrià- publicista…). Este factor no solo hace mucho más repugnante el aprovechamiento de quienes pervirtiendo esa vocación, esa implicación de los jóvenes titulados o trabajadores, la emplean como excusa para estos oscuros y aberrantes fines, sino que revela además un problema endémico en las formaciones de estos profesionales a los que se sumerge en un caldo de cultivo regido por una fuerte componente mitificadora (Los que han llegado, los buenos – los que no, los malos, el camino único, la moralina) para cuyo mantenimiento se establece –de forma falsaria- este statu-quo de la precariedad y la explotación digno de un guild medieval y completamente ajeno a lo que deberían ser las relaciones laborales (Y laborales – formativas) en una sociedad seria.

Derivado de este ambiente, el segundo aspecto consiste en la precarización profesional conducente al establecimiento de un sistema que se soporta en la transmisión de la explotación. En admitir un juego consistente en cerrar los ojos y padecer una precariedad laboral impresentable con la promesa estructural (A modo de premio) de poder repetir el comportamiento a la mínima oportunidad. Da igual que esas perversas reglas del juego conviertan un mercado profesional en una autentica cleptocracia donde el que más está dispuesto a suspender la realidad –y la honestidad laboral- es el que más posibilidades tiene de alcanzar ese estatus a medio camino entre capataz de Tara y gurú del talento y la creatividad. Da igual que la cadencia del sistema sea una curva en caída libre. Da igual que la rapiña sistémica suponga la incapacidad de competencia exterior de un mercado mermado por unas estructuras inexportables (Caso claro este en arquitectura).

Lo que se transmite es, por tanto, una dinámica empresarial que resulta, a origen, perversa: La que se basa en que la formación de los trabajadores es una dadiva por la que tienen estos que pagar (Y no cobrar por trabajar es pagar) y no una inversión de la propia empresa con un largo –pero rentable- periodo de retorno. Como bases de enseñanza de un espíritu empresarial (O de una cierta honestidad profesional) resultan del mismo pelo que irse a aprender cirugía con Jason Vorhees.

En este aspecto, la justificación basada en la peregrina excusa de que después  se encontrará trabajo de forma muy rápida (Absolutamente falsa en un alto porcentaje de los casos), está aplicando el maquiavélico concepto de que el fin justifica los medios por tremendos que estos sean. No existe pues la mejora. Ni la modernidad (Pues esta solo se entiende acompañada del avance humano, siendo lo demás modernismo al servicio del poder) por mucho que se vistan estos procesos con términos “amables” al uso (Taller, academia, equipo, experience, beca-concurso…). No existe el avance social en un campo laboral cuyo estancamiento es patente y cuyos mimbres se asientan en trabajo –sencilla y llanamente- esclavo.

Siendo estos dos conceptos preocupantes, lo es sin duda mucho más el tercero.

La IMPUNIDAD. Acompañada de una inexplicable vanagloria en publicitar lo que en buena lógica debería discurrir por caminos menos iluminados.

Vean, precariedad en este país –que ha tolerado con imbecil gesto la picaresca como un mal menor idiosincrásico- ha existido siempre. Y sin embargo, en épocas pasadas, la generación anterior a la de estos gurús de la nueva creatividad, era consciente de lo muy poco enseñable de sus comportamientos y los mantenía en un conveniente segundo plano del que jamás se hablaba y al que –mucho menos- se le daba bombo y platillo.

Sin embargo –y me remito al punto anterior, que explicaría como lo aberrante crece exponencialmente al asumirse como normal infectando el sistema- no solo los explotadores de hoy no sienten resquemor alguno por su proceder, sino que –habiéndose bebido el Cool-Aid hasta el fondo- no tienen reparo alguno en publicar libros donde cuentan (Como si fuera algo admirable encima) que no pagan a sus trabajadores, en hablarnos de becarios sin beca que trabajan de forma “altruista”, en decir que lo de no pagar les parece “nice” o en ponerle nombres rimbombantes y anunciar con toda la parafernalia “Experiences” para recién licenciados sin cobrar o esa reciente “Academy” publicitaria que a las claras indica que de lo que se trata es de que la formación especifica para adaptarse a la empresa contratante (Supuestamente, ya veremos, quizá) la pague el aspirante (A razon de 20.000 euros por nueve meses. Eso si que es “nice” ¿Eh Sou?).

La otra justificación común es el aprendizaje: ¿Se aprenderá algo? Magra excusa esta esgrimida por esta nueva casta de explotadores que tiene una sencilla contestación: SI.  En todos (EN TODOS) los trabajos se aprende algo, por la sencilla razón de que uno no desconecta el cerebro al llegar. Lo que aprenda un trabajador, como lo aprenda o el uso que le de y si beneficia a la empresa, es cuestión aparte que afectará y dependerá de la relación empleado-empleador. Una relación que debe basarse en una mínima confianza que parece pérdida -o de chiste malo- cuando la inversión se convierte en (falso) regalo y la formación en trabajo precario.

En lo que parece de otro planeta, les contare que en mi experiencia personal he trabajo en empresas que han (Y me han) pagado cursos. Masters de los caros. Programas de formación (Para TODA la empresa) sobre programas recién adquiridos. Que daban tiempo para conferencias formativas (Del horario laboral). Y que todo lo hacían, como es lógico, pagando. Quizá porque entendían que un trabajador formado es una inversión para la empresa. O quizá porque eran de otro ramo en el que la componente vocacional no se empleaba como sucia excusa para aprovecharse de los demás.

El problema no es pues el “talento” o los conocimientos según estos se generan en los centros de formación tradicionales (Universidades, Masters etc). Nuestra opinión es que el problema es pagarlo.

Es de todo punto surrealista pretender que un recién acabado (Recién licenciado, novato, llámenlo X: Alguien sin experiencia) va a saber exactamente como trabajas en tu empresa y se va a integrar con la fluidez de Bruce Lee haciendo la tetera.

Estoy seguro de que habrá trabajadores que se adapten con mucha más facilidad a lo que estos señores buscan. Trabajadores ya formados. Con experiencia y con capacidad de adaptación a otros sistemas empresariales. Pero -claro- ni vendrán directos de un centro de formación –sino del mundo laboral- ni probablemente salgan baratos. Y este es el problema. Gestionar el talento, apreciarlo y valorarlo es también SABER PAGARLO. Duros a peseta… de nunca.

El surrealismo anterior se convierte en desvergüenza cuando la idea que te sobreviene en ese momento es que para formar a tus trabajadores lo mejor es no pagarles o directamente cobrarles, o que contratar está sobrevalorado habiendo practicas obligatorias en múltiples universidades europeas integradas en Bolonia que te sirvan como proveedoras de una mano de obra precaria, inacabable y gratuita. (Por cierto, haría bien el Consejo Superior en considerar estas actitudes de clara competencia desleal como motivo suficiente para una intervención deontológica de las graves).

La desverguenza alcanza cotas dignas de algodonal del sur secesionista (Y sin Escarlata O’Hara) cuando se extiende la repugnante especie de que la formación es algo que debe costear el trabajador –mientras se beneficia la empresa, sea económicamente, sea por la obtención de un trabajo sea porque están recibiendo dinero por dar algo que a la postre aprovechan ellos.

Y miren, por la cosa personal –mi madre es maestra, ha trabajado en la educación publica toda su vida- cuando escucho a esta suerte de personajes hablar de “educación” o de “formación” el asunto ya me resulta estomagante. Me asquea hasta límites insospechados la tranquilidad con la que –como la rana en el agua tibia- se va instalando este sistema en el que hemos convertido la irrealidad más explotadora en normalidad con tintes de postureo buenrollista.

Me pone malo –no lo puedo evitar- esta elevación a los altares del gurusismo con ínfulas de lo que no deja de ser la picaresca despreciable que nos viene lastrando hace siglos y que, se vista de negro Prada o gane Pritzkers, salga en el Croquis o sea todo lo “internacional” que uno quiera, nunca dejara para nosotros de serlo.

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Written by Jose María Echarte

julio 25, 2013 a 12:14

8 comentarios

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  1. Me parece tan increíble que haya que explicar las cosas que se caen por su propio peso….
    A mí también me han pagado dos cursos de programas, en horario laboral… porque es evidente que si yo manejo mejor el programa iré más rápido y el estudio tendrá más beneficios.

    Sigo sin entender como es “legal” y “cool” tener becarios unpaid, y no entenderé nunca que encima sean titulados. Las cosas están muy mal, pero sino cobras y esperas que tus padres te sigan manteniendo hasta los 40 no creo que vayan a ir mejor.

    En Austria existe aún el aprendiz, y las empresas reciben bonificaciones por contratarlos.

    Pero claro la diferencia es abismal por varias razones:
    La primera es que en general tienen 16 aöos con lo cual están en edad de aprender, les pagan (por convenio, bastante poco) pero es que además no pueden ocupar una plaza, se están formando en la empresa (media jornada, creo) y luego tienen horas de estudio. Pero la diferencia más abismal es que están obligados a incorporar a alguno a su plantilla, cosa que los empresarios serios hacen de mil amores…
    En el estudio se plantearon coger a un delineante aunque al final no les compensó, pero por supuesto a los estudios grandes si les compensa.

    eugenia

    julio 25, 2013 at 17:45

  2. Yo creo que es muy sencillo..
    Un centro educativo es aquel en el que la centralidad la tiene el alumno y todo se organiza para él y su aprendizaje.
    Un centro de trabajo es en el que hay encargos profesionales pagados por un cliente, y los que trabajan (todos) ,cobran por su trabajo…
    Obviamente el arquitecto “responsable” ganará más, los demás arquitectos titulados ganaran de mayor a menor responsabilidad/experiencia…y los aprendices/becarios/personas en practicas ganaran bastante menos …
    Todo lo demás son milongas escupidas por explotadores

    Guillermo

    julio 26, 2013 at 9:04

  3. Os imagianis que todos los bares de España se declaran de un dia para otro academias de hostelería??
    O que para ser camarero tuvieras que ser autonomo??
    Los Arquitectos y Diseñadores Españoles hemos y estamos demostrando dia a dia que somos como colectivo,seguramente, los mas papanatas y canivales
    of the universe..

    Guillermo

    julio 26, 2013 at 9:12

  4. Si todos los arquitectos organizados se negaran a certificar ni un euro hasta que el mercado de la Arquitectura quedara organizado a la Alemana o a la Danesa….(Im-possible Mission?)

    Guillermo

    julio 26, 2013 at 9:15

  5. el problema esta en las escuelas de arquitectura, que salen tontos

    felicio

    julio 30, 2013 at 13:41

  6. Espero que lo de tontos sea porque no sabemos pedir lo que nos corresponde de acuerdo a nuestra educación……… porque si va porque no salimos preparados ya te digo yo que te equivocas del todo.
    Es evidente que no se sabe de todo y que cada día se aprende algo nuevo, pero de ahí a tener que trabajar gratis (o pagando) con la esperenza de “aprender” lo que no se ha aprendido en la universidad va un mundo.
    Entonces que cierren las universidades, vamos todos a aprender con “maestros” y luego hacemos un examen para demostrar lo que valemos, entonces podría entenderlo… que cojan a chicos de 16-18 y les enseöen.

    eugenia

    julio 30, 2013 at 14:04

  7. […] ver como se anuncian con descaro vergonzante “Becas” y “Experiences” que consisten en petar el estudio hasta la bandera de estudiantes locales, Erasmus y Sócrates […]

    Vivir en la Inopia | n+1

    diciembre 19, 2013 at 17:39

  8. […] ninguno. De Sou Fujimoto a Patrick Schumacher, de Benedetta Tagliabue a Aravena pasando por la Menis Experience. Posicionamientos que abusan de la vocación. Que ofrecen una visión –quizá sea esto lo que […]

    Comer Prestigio | n+1

    mayo 1, 2017 at 11:04


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