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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

CONCURSORAMA (1)

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Y, detras del panel (Din A1) número dossss...

Y, detras del panel (Din A1) número dossss…

B.S.O. No obligatoria: Spanish Flea (1 hour). Julius Wechter (Tema del concurso: The Dating Game)

El arquitecto debe dar liebre por gato. Esta frasecita, en determinado contexto, tiene un sentido. No deja de ser una metáfora. No pasa de un mantra sencillo para explicar porqué a veces el trabajo en esta profesión conlleva abordar cuestiones en las que el cliente no habría pensado o no le parecían relevantes (Y por tanto quizá no solicitó) y que la técnica y la experiencia o el saber hacer de un arquitecto son capaces de prever y ofrecer.

Nada extraordinario, pues. Se trata de lo que hacemos (O de lo que deberíamos hacer). Algo que va más allá de cumplimentar el nefasto CTE, de construir o de que “las cosas no se caigan” [Por cierto, #NOalaLSP].

Sin embargo, la frase, repetida mil veces, acaba por generar un malsano caldo de cultivo en el que no es ya que se de gato por liebre… es que se vende a un hijo como esclavo manumitido para comprar la liebre y ofrecérsela (A la sal rosa del Himalaya y sobre cama de cebollitas confitadas en su humo de chutney de pera) a quienes ni siquiera están dispuestos a pagar el gato que originalmente pidieron.

Veamos, despacito.

Sea porque la asignatura de proyectos se ha convertido, progresivamente, en una asignatura de “concursos” (Una cosa no es la otra, aunque se parezcan). Sea por la incapacidad de nuestras escuelas para educar a los futuros profesionales en unos mínimos empresariales / económicos / laborales (Origen de muchos de nuestros males), sea por el altísimo componente vocacional de la profesión –del que no renegamos en absoluto, pero que debe combinarse con un mínimo lógico: Poder comer-, sea como fuere, repetimos, lo cierto es que hay un ámbito en el que todo lo anterior –frase liebresca incluida- se combina para producir una distopía laboral que está alcanzando cotas de surrealismo altísimas (Lo que en esta profesión es como decir que Freüd fuera bipolar).

Y ese ámbito, amiguitos, no es otro que el de los concursos públicos de arquitectura.

No es la primera vez que escribimos sobre el tema. Y no es la primera vez que nuestras instituciones entonan el “que barbaridad” sin que nada haya cambiando sustancialmente en un sistema de contratación al que se le dio la mano y se ha tomado ya hasta el omóplato… del lado contrario, y que no tiene en absoluto trazas de mejora ni de estar camino de reconducirse (aprovechando quizás para ello el parón actual en la obra pública, que bien podría utilizarse de forma positiva para algo).

Así, pese a los madres mías, los cantos de sirena y las protestas más o menos impostadas, siguen apareciendo concursos como los dos que van a servirnos de ejemplo, y que aúnan muchos –si no la mayoría- de los problemas que produce el regalado desinteresado de liebres.

[Vaya por delante, para aquellos picajosos que tienden como Sonny Corleone a tomárselo todo por lo personal, que nos interesa el FORMATO y lo que representa, y no quien haya ganado o dejado de ganar. Eso lo dejamos para otra ocasión]

El primero es el concurso TRANSIT-ARTE, organizado por el Ministerio de Educación Cultura y Deporte, a través de la Subdirección General de Promoción de las Bellas Artes y destinado como dicen las bases a “arquitectos emergentes”.

Antes que nada, déjenme decir que esta cosa de los arquitectos emergentes –contra la que no tengo nada en particular- comienza a molestarme cuando se convierte en una forma de sustraer seriedad a las cuestiones profesionales. Me explicare.

El concurso, destinado a profesionales hasta 40 años, aborda la construcción de un “espacio expositivo móvil y funcional que acoja exposiciones de arte contemporáneo en núcleos rurales y urbanos que carecen de este tipo de infraestructuras”. Siendo el objeto lo menos importante, nos llama poderosamente la atención (Y esto no es exclusivo del caso que nos ocupa) que en arquitectura la juventud y la cuestión emergente se alargue hasta los 40 años, edad en la que gran numero de profesiones consideran que han alcanzado una madurez suficiente como para haber dejado el “emergimiento” atrás. Es esta –lo admito- una cuestión menor del asunto, pero no es baladí, y seria conveniente el análisis de unas estructuras profesionales que alargan esta fase más allá de lo comprensible hasta alcanzar mas de un tercio de una vida laboral normal.

Pero metidos en el asunto, y leyendo las bases, lo que debe entregarse son tres DIN-A2 y un video subido a VIMEO (Máximo 2 minutos). El premio consiste en (y cito):

El Jurado concederá un único premio que consistirá en el encargo del proyecto de ejecución para la construcción del módulo/recinto propuesto.

Los honorarios del proyecto de ejecución serán de 3.000 €.

El proyecto ganador podrá verse completo en la exposición virtual alojada  en la web del MECD, así como una entrevista en vídeo al/los autor/es de  la propuesta.

El Jurado concederá además  dos accésit que recibirán un Diploma del MECD donde se refleje tal consideración. Estos proyectos podrán verse  completos en la exposición virtual alojada en la web del MECD, así como  las entrevistas que se realicen a sus autores.

Por último, el Jurado podrá seleccionar hasta un máximo de 10 proyectos que considere de interés, para difundirlos y mostrarlos al público  mediante su inclusión en la exposición virtual en la web del MECD

Si se tratara de un concurso organizado por el Ayuntamiento de Bollullos de la Cogolla uno entiende que a lo mejor 3.000 euros es todo lo más que las mermadas arcas de la casa consistorial pueden permitirse. Tratándose de todo un Ministerio la cantidad suena a broma de mal gusto si se considera además que a cambio de esos –míseros- 3.000 euros los señores del Ministerio tendrán un numero ingente de propuestas (Mas de 100, si no recordamos mal) para elegir. Por otra parte, como decíamos, la emergencia tiende a convertirse en una frivolización –“para ti que eres joven”- de cuestiones básicas que si bien pueden no tener el glam de un “espacio expositivo móvil y funcional” (Ay, los clichés y la arquitectura) son fundamentales si uno pretende –y pretende por tan poco dinero además- recibir y juzgar el trabajo de los demás.

Por concretar: Esos 3.000 euros… ¿Son con IVA o sin IVA? ¿Son con retención o sin retención? ¿Son brutos o netos, por hablar claro?

¿Se va a exigir el proyecto visado? ¿Quién paga el visado?

¿Quién paga el seguro de responsabilidad civil? Mas aun, dado que se trata de un elemento móvil que se instalara en diversas localizaciones… ¿Se hace responsable al redactor del proyecto de cada una de esas instalaciones sucesivas o solo del proyecto original, descontada la construcción y la instalación posterior (Lo que tendría repercusión en el coste del aseguramiento)?

¿Hay que entregar papel? ¿Cuántas copias? Puede parecerles esto muy pedestre, muy alejado de las elevadas cuestiones que estoy seguro el jurado ha tenido en cuenta para elegir al ganador, pero, a unos 100 euros la copia (Y lo ponemos barato), las SEIS habituales para las administraciones se convierten en 600 euros de la forma mas tonta. (1/5 de los honorarios, si estos fueran netos).

Podríamos seguir, pero el concepto es claro: No es de recibo publicar estas bases, incompletas, que minimizan la realidad profesional trocada infantilmente por la posibilidad de darle una liebre de haute cuisine a los señores del Ministerio, lo que se supone que debería llenarnos de gozo y satisfacción, a precio de saldillo.

Pareciera por tanto que la inclusión en unas bases de las palabras Online, emergente, joven, espacio móvil y otras similares son capaces por si solas de eclipsar la pregunta más prosaica del mundo:

¿Voy a perder dinero con este concurso?

Algo que quizá no importe en ciertos casos, pero que con una edad de “emergencia” prolongada hasta los 40 empieza a adquirir cierta relevancia.

[La estupidez de llamar, en pleno siglo XXI concurso “online” a esto, solo por el hecho de que los paneles se envían en PDF, lo que debería ser ya obligatorio y lo es de facto en todo el mundo civilizado, resulta de un ridículo digno de maestros del metalenguaje y de darle un infarto a Juan de Mairena]

Si esto es lo que entiende el Ministerio por apoyar a los arquitectos emergentes, nos coja San Le Corbusier confesados.

El segundo ejemplo, opuesto e igual de preocupante, ejemplifica los excesos no remunerados de unas instituciones públicas que pretenden obtener –previo a la selección del proyecto- una parte sustancial del mismo, solicitando cantidades ingentes de trabajo cuyo único objetivo es –no pocas veces- la obtención de una exposición gratuita y enseñable que entretenga a la prensa y la ciudadanía –que hablen…- sabedores de que un buen proyecto es algo que tiene un desarrollo temporal pocas veces compatible con las urgencias electorales.

Así el concurso para el Edificio de la Antigua Estación de Ferrocarril de Burgos, difiere del anterior en que es –a todos los efectos- una licitación completa. Cumple todos los requisitos de la LCAP, deja claro lo que se cobra y lo que no se cobra, como se cobra y cuando se cobra, quienes pueden participar, como, donde se entregan los sobres… nada que objetar en suma a la claridad (Es un decir, claridad administrativa, ya me entienden) de unas bases perfectamente puestas en “legal”.

Ahora bien, se pide a los participantes que entreguen 3 DIN A1 y -aparte de toda la documentación administrativa- una memoria completa en la que se incluirá un avance de las instalaciones y conexión con las redes municipales, técnicas de rehabilitación a emplear y soluciones constructivas para las patologías del edificio, urbanización. Un presupuesto desglosado por capítulos –y olvídense del numero gordo porque es desglosado por partidas específicas (Paginas 4 y 5, AQUÍ). Y por si todo ello fuera nada –y lo del ojo lo llevara en la mano- añádanle un cronograma y un plan de trabajo.

En otras palabras, lo que se está pidiendo –grosso modo- es un proyecto básico. Incluso puede que más (dado el hecho de que con los planos habituales de un proyecto básico NO se llenan tres DIN-A1, y perdónenme la simplificación al peso).

Un proyecto básico por el que, si hacemos caso al propio pliego, se va a pagar al ganador alrededor de 45.000 euros y que se solicita gratis et amore a los participantes.

Esto ya no es que sea dar liebre, es que es dar el menú completo con camareros, copazos finales y licores variados regados con buen vino de la tierra al precio de un McMenu. O peor aun gratis, dado que al ser un concurso de licitacion y no de ideas existe un único premio, el encargo de la redacción del proyecto y dirección de obra quedando para el resto el magro consuelo de verse expuestos.

Hace tiempo que venimos diciendo que el problema, en muchos casos, no es tanto de modificar la ley –que con sus más y sus –Calatravianos- menos, parece razonable- sino emplearla de forma coherente. Lógica.

Como lógico es, para el primer caso, que uno debe saber los condicionantes completos a los que se enfrenta a la hora de presentarse a un concurso que, por mucho que se revista de postureo emergente, no deja de ser una forma de acceder a un trabajo con la administración que implica responsabilidades, gastos, seguros… y la muy honesta aspiración humana de comer al final del día (Y si puede ser más veces) no echando el dinero en financiar los caprichitos de un Ministerio que probablemente gaste mas en dietas para cualquier idiotez que para pagar los honorarios de este encargo.

Como mas lógico aun es que, en nuestro segundo ejemplo, lo que no se cuenta en 3 DIN A3 para una primera selección, no merece la pena contarse o sobra. Y después, con un número reducido de participantes ya preseleccionados pida usted si quiere esa cantidad de documentación equivalente a un básico… pero páguela. Al menos, pague los gastos de producción que son muy fáciles de obtener. Tendrá quizá el único problema de que la cosa se le alargue mínimamente un par de meses, ganará a cambio el respeto de quienes trabajan para usted y ganará sobre todo en honestidad, puesto que no parece justo que para seleccionar la redacción de un proyecto Básico y de Ejecución, pida usted –de mangazo- el 40% que suele suponer el primero.

Resulta pues surrealista que en un país no excesivamente grande como este, haya una miríada de formatos, pliegos, bases, peticiones, documentaciones diversas… y que con una misma ley de base no exista un mínimo desarrollo reglamentario o acuerdo institucional para facilitar –de forma lógica- la labor (y la movilidad) a los profesionales que están aun dispuestos a trabajar en la obra pública. Que no exista un criterio único a la hora de definir qué se pide, cómo y cuánto se paga, y que los duros a peseta perjudican a una profesión que no pasa precisamente por sus mejores momentos mientras asiste al sucio espectáculo del gasto de millones de euros –públicos- en yates reales, en informes inexistentes editados a golpe de ctrl.+c / ctrl.+v por cuñados impresentables o en pagar los incrementos presupuestarios de quienes cobran a dedo por hacerlo… y cobran más por hacerlo mal. Como en todo, las comparaciones resultan odiosas, y en este caso incluso repugnantes.

Los arquitectos debemos dar liebre por gato. Si, puede ser cierto. Pero no lo es menos que –llámenme sucio materialista, o bloguero sindicalista- de darla, debemos cobrarla y que jamás deberíamos haber aceptado sin protesta este estado de cosas en el que el trabajo se considera poco menos que un favor –glamourizado o no- por el que debemos dar las gracias de forma sumisa y callada.

Quizá se trata menos de inventar nuevas leyes (¿De la arquitectura?) y más de proceder desde abajo, yendo a lo básico. A lo lógico como decíamos. A lo que se pide y como se pide. A que se pida siempre de la misma forma, con el mismo procedimiento (¿Es mucho pedir un modelo de pliego UNICO para todo el territorio español?). A lo que se paga y como se paga. Y quizá también de que nuestras instituciones –por doloroso que pueda parecer en estos tiempos en que el trabajo escasea- tengan la valentía de decir que no, alto y claro, cuando lo que impera es lo del fraile, la boca ancha para pedir y la estrecha para dar poco, o más bien nada.

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Written by Jose María Echarte

mayo 29, 2013 a 11:36

12 comentarios

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  1. Pues si la forma de pago en los pliegos de los concurso de arqutiectura son malos o perniciosos para nosotros, no te quiero contar los CRITERIOS DE EVALUACIÓN para la adjudicación, querido José María. Llevo años haciendo concursos y no hay forma de resoverlo…
    Nos generan conflictos entre nosotros mismos al valorar las ofertas económicas de nuestros honorarios muchas veces con un porcentaje superior al 50-60% del total evaluado. Ahí reside un mal mayor aún que en el de la forma de cobro, pues estás dando un claro mensaje de que: “Lo único que, como Administración, me interesa de Ud. Sr. Arquitecto es lo que cobra; nada de su calidad en términos de excelencia, o de garantías de ser un diseño sostenible, o con el control de costes en obra y en su futuro mantenimiento, etc.”. Está clara la cosa, no?

    Y, sí, para ésto sí que los Colegios Profesionales deberían dedicar sus esfuerzos, participando ACTIVAMENTE en cada redacción de los pliegos, y formando parte de las mesas de contratación donde se decide el adjudicatario final. Pero no, eso no les interesa, no sea que ahora que estoy dentro del sistema no me pueda llevar “mi tajada”, como antes lo hicieron otros…

    @ro_almonacid ……… [r-arquitectura]

    [ r-arquitectura ]

    mayo 29, 2013 at 12:09

  2. Estoy muy poco puesto en temas de honorarios, pues todavía no sé lo que es cobrar de eso (será que todavía soy emergente…), pero ¿no sería tan fácil como pedir presupuesto de ejecución material y comprobar de qué modo se ajusta a las antiguas tarifas? ¿No se cobraba entre un 6% y un 10% de ese presupuesto de ejecución, o algo parecido? ¿Esos 3000 euros qué porcentaje del Presupuesto representan? Creo que vendría a ser del orden del 0,04%, o algo parecido. Creo que la convocatoria del concurso es denunciable. Se están aprovechando de la situación de precariedad que atravesamos. Que lo haga el Ministerio de Cultura, en fin, dice mucho de nosotros, de por qué estamos como estamos. Una vez más, gracias por el artículo.

    Jesús Cordero

    mayo 29, 2013 at 12:10

  3. Suerte que el genio de la “innovación política”, osea, Andés Jaque, estaba en el jurado para repartir premios entre sus colegas. Y suerte que dice que sabe de política, porque todo este mundillo de los arquitectos es una vergüenza que te hace odiar la profesión, o mejor dicho, al colectivo de arquitectos. ¿Colectivo? Ufff, qué difícil es definir esto. Cada uno va a su bola y luego vende discursos para mearse…

    Antonio

    mayo 29, 2013 at 12:32

  4. Sé que a veces la gente se ríe cuando digo que al salir a la calle los arquitectos cambiamos al profesor de proyectos por el cliente- público o privado- y esperamos que sea este quien nos azote los nudillos. Esto nos permite replicar la actitud de sometimiento ante el todopoderoso adquirida en la ETSA- origen de esa interpretación del liebre por gato- y bajo ese conductismo profesamos nuestro trabajo proyectual, amén nuestro trabajo.
    Insisto en que esto requiere una nueva reordenación nacional de la profesión porque ir poniendo parches ya no sirve; que nuestros gallos, responsables del gallinero en que se ha convertido esto, poco más harán que elevar la cola a ver quién la tiene más grande y evitar bajar del palo- que ahí abajo se pasa hambre; y que seguir quejándonos porque sí no nos va a llevar a ningún sitio.
    Aprovecho para mandaros un abrazo.

    geciar

    mayo 29, 2013 at 12:51

  5. Transitado, leí las bases de los dos concursos, pero en una segunda lectura confundí los pliegos de condiciones y decidí presentarme al TRANSIT-ARTE, creyendo que el premio eran los 45.000 euracos, porque pensaba que además tenía muchas ideas para proponer. No me di cuenta que era un arquitecto sumergido, aparte de off-line y de otros incumplimientos. Llamé a un amigo taxista retirado y nos presentamos en UTE, proponiendo un artefacto, a modo de isocarro tuneado, desplegable, flexible, de propulsión eólica y conducción participativa que serviría para recorrer la meseta de feria en feria, exponiendo acciones de innovación política, desobediencia comercial, instalaciones con jóvenes profesionales hambrientos mostrando brillantes maquetas, escombros de resorts abandonados y otras manifestaciones de arte contemporáneo.
    Además del video y los A2, presentamos una maqueta a escala 1:1, producido por una flamante impresora 3D que tenemos en el equipo multidisciplinar. Parece ser que al jurado no le gustó que fuéramos tan veteranos y nos desclasificó. No me importa porque llevamos toda la vida presentándonos a concursos y regalando liebres de todos los tamaños. Además, tanto un miembro disidente del jurado, como mi agente comercial nos han dicho que con una propuesta tan rompedora nos pueden llevar a varias bienales y a partir de ahí nos lloverán ofertas para conferencias, talleres, labs, que están mejor pagadas que los concursos, que no hace falta visarlas y que no tienen responsabilidad civil….#nohaymalqueporbiennovenga

    Francisco Camino

    mayo 29, 2013 at 20:33

  6. La culpa es nuestra, que vamos borregos a presentarnos a estas paridas. Claro está que hay concursos más deshonrosos que otros… Lo peor que le ha pasado a la arquitectura y al oficio de arquitecto son las ETSA’s

    pedacicosarquitectonicos

    mayo 29, 2013 at 22:04

  7. En Transitarte, por algun apartado dice que se somete a la regulación fiscal vigente, de lo que me dio a entender que los 3000 eran netos y que el ministerio no pensaba soltar ni un céntimo mas. Es cierto que las bases eran un poco… ¿freshcas?; pero se aprovechan de que el colectivo “emergente” tiene demasiada hambre y ganas de hacer cosas como para dejar pasar una oportunidad.

    sane

    mayo 30, 2013 at 2:07

  8. y como se ve, me equivoqué cuando quise decir brutos; asi que tienen ustedes mucha razón en todo el artículo.

    sane

    mayo 30, 2013 at 16:55

  9. Lo habiamos entendido, tranquilo ^_^. Aun asi, no es de recibo la forma de expresarlo (Y menos si son brutos, porque se queda la cosa -como dirian en mi tierra- en “naíca”)
    Gracias!

    Jose María Echarte

    mayo 30, 2013 at 16:59

  10. Os habéis dejado la impresentable manía de pedir, de un tiempo a esta parte, planos en formato dwg en toda prestación con la administración. Y digo yo. ¿En que parte de la LCAP se exige que dwg será el formato standard de intercambio con la administración? Porque los habemos que no usamos AutoCAD. Y en los contratos con la administración nunca aparece la partida que me compense comprar una licencia de AutoCAD para hacerles las copias de los planos en dwg. Y los que hemos visto alguna vez la administración por dentro, sabemos que ellos tampoco tienen licencias de AutoCAD para abrirlos.

    Nos toman por imbéciles

    Rogelio Carballo

    junio 1, 2013 at 1:12

  11. el prespupuesto que presentan de ejecucion material del pabellon desmontable asciende a 14,400 euros

    lo que hace que los honorarios representen un 20%, eso sí ignoro el tema de visados, seguros e IVAS

    Edgar

    junio 3, 2013 at 12:01

  12. Edgar, cuando se trata de cosas tan especificas -en mi experiencia al menos- el calculo tradicional y aproximativo por porcentaje de PEM falla estrepitosamente. Y hay que tener en cuenta todos los “poyaques” (Seguros, copias, fiscalidad, visados, duracion del proceso, visitas de “obra” obligatorias etc) que pueda tener el asunto y que en buena logica deberian venir expresamente descritos en el pliego (que repito, no es que sea de la Peña Madridista de Retuerta del Bullaque, es que es de todo un Ministerio).

    Podriamos discutir tambien donde va el ministerio con esos 15.000 euros de PEM, pero esta es otra historia.

    En realidad, mas que de lo poco que se pague, de lo que se trata es del poco criterio con el que el Ministerio -la administracion en general, el MEC es solo un ejemplo- trata estas cuestiones, banalizandolas cuando deberia prestarles el mayor cuidado, dado que son fuentes de trabajo tan serias como pueda ser un contrato por concurso de meritos de un cirujano. Es esa mi preocupacion: Que el “glamour” de las propuestas (Entiendase el termino y las comillas) sirve a veces para restar seriedad a las formas, que en cosas tan serias como contratar con una administracion (O simplemente, trabajar) no deberian perderse.

    Jose María Echarte

    junio 3, 2013 at 22:50


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