n+1

Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

Cuestiones de Fe

with 3 comments

Only cenaculum I'm interested in

Only cenaculum I’m interested in

Siempre he considerado que la crítica es elemento integrante de esta disciplina, entendida como un complejo ecosistema. Uno en el que el fallo de una de las partes empobrece –y no pocas veces pervierte- al resto.

No solo me refiero para esta reflexión a la crítica entendida como disciplina canónica, sino a la capacidad de cuestionamiento basada en el análisis y el desarrollo de una ética y un sistema de responsabilidades propios. Si son lectores habituales de esta santa casa, comprobaran que en el germen de muchos de los textos que aquí aparecen subyace ese interés (Para nosotros irrenunciable) por profundizar, comprender, analizar y cuestionar todo aquello de que una forma u otra configura el devenir de esta disciplina.

Solo a través de ese cuestionamiento, de esa critica si lo prefieren –despojada la palabra de las acepciones más pedestres- es posible un franco debate de ideas. Una contraposición de procesos, conceptos, corrientes… llámenlo equis. Solo cuestionándolo todo somos capaces de aprender y de mejorar.

Es muy probable, no obstante, que tras arduo debate, posicionamiento, acción y reacción, tesis y antitesis, llegue la cuestión sometida a análisis a un punto muerto, o que no se produzca acuerdo o síntesis alguna, sin que esto sea óbice para entender que es en el proceso anterior donde se encuentra la verdadera riqueza de una disciplina que debe, por su propia naturaleza, alejarse en lo posible de las cuestiones de fe apriorísticas que niegan la posibilidad de critica.

De ellas hemos tenido notable empacho en una década (Quizá más) en la que la divulgación se confundió con la critica. Nada en absoluto hay de malo en la primera –no quieran ver fantasmas aquí- y tan necesaria es como la segunda, siempre que su preeminencia no implique la sustitución fagocitaría de cualquier atisbo de análisis critico. Hablábamos al principio de un ecosistema en equilibrio que se descompensa, más aun, cuando esa divulgación evoluciona hacia el cenáculo, hacia el conciliábulo. Hacia el reparto de carnés por intereses determinados y que poco tienen que ver con el conocimiento y si con el pensamiento único -conmigo o contra mi- poco amigo de divergencias que agiten las aguas del estanque. El problema –y de nuevo, ejemplos hemos tenido- es que el agua tiende a estancarse.

Es la búsqueda de esa falsa calma impostada la que sustrae el debate por cuestiones de fe. De groupismo. O peor aun de interés. Se elimina así cualquier posibilidad de dialogo sustentada por una faramalla dialéctica empobrecida en la que se tiende a confundir lo personal con lo producido y su critica, quedando esta en ese proceso de simplificación reducida a una sola de sus acepciones, la más –esta vez si- mundana y raquítica.

Es esta una acusación perversa: La de personalizar. Curioso caso dado que quienes la esgrimen están dispuestos a ejercer una defensa ad hominem, bastante paternalista, basada no pocas veces en la búsqueda de aprobaciones externas que de nuevo eviten cualquier confrontación de ideas como si de un bálsamo de fierabrás que todo lo santificara se trataran. De nuevo en esa aceptación incuestionable de justificaciones exteriores se halla el germen de la banalización al tomarlas como artículos de fe inamovibles cuyo simple análisis es menospreciado –de forma no pocas veces servil con un poder que siempre debe ser analizado- con el empleo del cómodo “Es que no entendéis” y otras muletillas tan al uso como simplistas.

A modo de ejemplo baste decir que el –ahora- odiado Santiago Calatrava ha expuesto en el MOMA, en el MET, en el CNARS… que ha impartido lectures en Columbia, en Yale, en el RIBA, que acumula premios y Honoris Causa como para parar un mercancías… y baste decir a continuación que nada de lo anterior es un salvoconducto para nada, ni es bueno o malo en si mismo, sino parte de un todo analizable, sin que por ello pase Don Santiago a un olimpo intocable, que por fuerza solo conseguiría adocenar nuestras miras. Flaco favor nos haríamos como profesión si así procediéramos.

Y ese es el problema principal. Permítanme que sea franco: Cuando ciertos intereses derivan en un absurdo muro de protección basado en una pura cuestión de fe, perdemos todos. Tiene uno el absoluto convencimiento de que fuera de ese mundo, que me interesa poco o nada, aquellos a los que se pretende “defender”  (O mejor diríamos aislar) de cualquier cuestionamiento, serian muy capaces de debatir (Pues la actitud “defensiva” solo es entendida así por quienes aprecian en la disensión un ataque) sobre sus propuestas, permitiendo que con esa confrontación de ideas ganáramos todos y ganara la disciplina.

Al contrario, la querencia por la uniformidad de pensamiento –tenga esta la justificación que tenga, y venga de donde venga- y el desprecio por la critica sustentado en defensas de fe no argumentadas nos empobrecen a todos y –lo que es peor- empequeñecen a los propios autores -a los que absurdamente se “defiende”- quienes más interesados deberían estar, y probablemente estén, por debatir sus procesos y proyectos. Máxime si estos se pagan con dinero publico por una simple cuestión de transparencia e higiene democrática. Máxime cuando muchos de ellos se basan en el elogio de la confrontación democrática de ideas como base de análisis, algo que no parecen haber entendido quienes absurdamente ejercen de caballeros blancos de quienes –estoy seguro- no lo necesitan.

Es probable que –de seguir vivo- a Lester Bangs –el mejor crítico de rock de los 70- no le interesara musicalmente en absoluto Justin Bieber. También es probable que de escribir sobre su obra lo hiciera –como debe ser- de forma libre, escéptica y clara, sin dar por bueno o por malo el puesto que ocupara en el Billboard (O peor, en los 40 Principales).

Probablemente también, un belieber o el relaciones publicas de su discográfica, escribirían algo muy distinto, nada habría de extraño en ello pues distintos son sus intereses.

Nada salvo quizá confundir a los segundos con el primero o pretender estos que aquel escriba cien veces la letra de “Believe” como único análisis valido, no se vaya a despeinar el artista.

Anuncios

Written by Jose María Echarte

mayo 17, 2013 a 11:27

3 comentarios

Subscribe to comments with RSS.

  1. ¡Estupendo!, No se puede decir más claro, es necesario debatir discrepar, y construir “conocimiento” .La mezquindad intelectual evita el debate y asume la crítica como ofensa.

    maria g

    mayo 20, 2013 at 15:29

  2. […] construcción de pensamiento a partir de pluralidad, de la mayor honradez intelectual posible, y la exigencia de madurez y responsabilidad al propio pensamiento y al ajeno facilitaría la definición de un buen territorio de debate, necesario y que realmente […]

  3. Llevo años parloteando este discurso, pero nunca tan bien fundado como lo has hecho tú aquí… Lo malo es que poco a poco voy transformándome en un Echarteliever y eso reduce mi capacidad crítica. Maldición!

    @Mr_Lombao

    mayo 22, 2013 at 13:05


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: