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Estrategias de Defensa Contra la LSP. Parte 2

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A la LSP.

A la LSP.

Continuamos con la segunda parte del artículo sobre estrategias de defensa contra la LSP.

Como vemos en los últimos días, cada vez más necesario, dado que continúa la estrategia del gobierno de crear un ambiente pre-legislativo que sustituya por rozamiento a la necesidad real de la sociedad. Esta semana pasada le toco el turno de obedecer a la voz de su amo al presidente de la Comisión Nacional de la Competencia, Juez de profesión (Curioso, un sector poco competitivo este), que sin dato ninguno (de nuevo, la fe) se despachaba a gusto relacionando la reforma del sistema de Colegios Profesionales con la liberalización de servicios.

Se quedaba Don Joaquín García Bernardo de Quirós en la mismísima gloria con declaraciones como:

“Parte de la remontada económica de Estados Unidos fue por la liberalización de los servicios profesionales”

Falsa, y torticera afirmación sobre un mercado laboral, económico, profesional y fiscal (Y no lo olvidemos, educativo) completamente diferente al nuestro, del que seleccionar la parte sin mirar el todo es hacer trampas de demagogo.

O la no menos altisonante:

“Lo que defendemos es que la colegiación no sea una barrera de entrada, sino un plus

Vaya por delante que la actual situación de los Colegios es función DIRECTA de la labor política de atomización de cualquier entidad civil que suponga un problema para el poder político (Sea este del color que sea) y que por tanto estas dignidades sobrevenidas resultan falsas e impostadas. Y continúe la cuestión por añadir que si bien los Colegios necesitan una profunda reforma, esta es en muchos casos para deshacer la labor de los que han colocado a Don Joaquín en su puesto y sus pares. Y que, por añadidura, y por muy poco de acuerdo que estemos con la situación de los Colegios, afirmar que suponen “Una barrera de entrada” es una FALACIA (en mayúsculas) que oculta detrás la verdadera intención del declarante: Expresar sin decirlo que constituyen una barrera de entrada para el movimiento horizontal de competencias que este gobierno y sus queridas multinacionales desean.

Por tanto, y recordando que la negras mueven, todo el rato, y suelen ganar, procedamos:

1.- Habilítame Baby.

El sistema español de competencias se basa en los planes de estudio establecidos para la adquisición de un titulo habilitante. Dichos planes de estudio y dicho titulo son las condiciones básicas que establece el estado para con ello asegurar un mínimo garantista a la ciudadanía, especialmente en cuestiones como las obras públicas, la ingeniería industrial, la de caminos, la arquitectura o la medicina en las que se manejan altísimas responsabilidades económicas, civiles y penales y otros factores –en el caso de la arquitectura- de índole urbana y social.

No se trata por tanto de una simplificación ad hominem relativa a lo qué sepa hacer fulano o sepa hacer yo, sino la legislación racional de un estado cuya función es garantizar esos mínimos antes referidos. En otras palabras: No se legisla de forma individual sino para el conjunto de la sociedad. No estamos legislando para un ingeniero ideal, ni para un arquitecto ideal, genios ambos, ni para sus némesis más tróspidas y chapuceras, sino para el sector completo de servicios de arquitectura e ingeniería, y con esas bases la ley no puede tomar como referencia a los individuos singularizados sino aquello que es comprobable y registrable: La formación establecida para cada caso, entendida como el mínimo necesario para adquirir unas determinadas competencias.

Bien es cierto que –y este es el ejemplo ad hominem– existen individuos con intereses diversos y amplísimas capacidades personales cuya formación profesional posterior, su experiencia o su interés personal les acercan a otras competencias. Cabria hablar de injusticia para ellos si ese fuera el final de su camino educativo. En cambio la realidad es que el propio sistema formativo universitario ofrece la posibilidad de establecer pasarelas, convalidaciones y cursos puente entre carreras del mismo grupo que garanticen un acceso más rápido (Todo lo rápido que las diferencias de los planes de estudios permitan) a las competencias deseadas. Así, un arquitecto que quiera tener las competencias de un Ingeniero de Caminos deberá cursar –con toda lógica- la parte correlativa de asignaturas que no contemplaba su plan de estudios y viceversa.

En cualquier caso, y vistos los comentarios (Muchos de ellos falaces) sobre el sistema anglosajón de habilitación, cabe una reflexión posterior.

Si se llegara a admitir que el sistema actual [planes de estudio – formación – habilitación – competencias]  no es deseable pese a que ha cursado con eficiencia durante décadas, la solución no puede pasar, en un estado de derecho garantista, por un laissez faire, laissez passer descontrolado sino por un cambio en el organismo y sistema habilitante. En el caso británico y dado que la formación es mucho menos reglada que en el ejemplo español (infinidad de escuelas, academias, formaciones etc.) para el sector de la arquitectura encontraríamos el ARB (Architects Registration Board) cuyas condiciones de acceso son, si cabe, más complejas aun que las del sistema universitario español, y el RIBA (Royal Institute of British Architects) como entidad voluntaria con control –complejísimo- de acceso de sus miembros a la que están adscritos cerca del 80% de los arquitectos británicos. Fuera de ellos, el ejercicio no reglado o habilitado es prácticamente imposible por dos cuestiones:

1.- No puede definirse como arquitectura o como arquitecto lo que, o quien no pertenezca al ARB bajo pena de ser demandado por ambas instituciones.

2.- Las condiciones de aseguramiento en caso de obrar fuera de esos parámetros son tan absolutamente prohibitivas que su concurrencia es prácticamente testimonial.

Por tanto, ¿Qué están solicitando quienes enarbolan este ejemplo? Simple y llanamente el cambio de un sistema de habilitación, el actual, acorde con nuestros planes de estudios, organización universitaria, formación y estructura de mercado por otro que dimana de un sistema educativo completamente diferente, una legislación más diferente aun (El sistema británico se basa en la Common Law y se apoya en la jurisprudencia más que en un cuerpo de leyes definido como en el caso español) y un sistema de responsabilidades penales y civiles ajeno al nuestro. Un cambio que, a la postre, no supone diferencias sustanciales y si un incremento de entidades interpuestas: Donde ahora hay una, el estado, empezaría a haber dos, el estado y los organismos habilitantes. Como suele ocurrir, querer la parte sin querer el todo es camino directo al fracaso y copiar algo de forma parcial y atropellada receta segura de conflicto con lo existente.

Seria conveniente señalar aquí que no es el arquitecto español el equivalente al británico, ni probablemente al que producen (lamento la expresión) el resto de sistemas educativos europeos. De la misma forma que el ingeniero español no es parecido al europeo. Nuestros niveles formativos y capacidades (Las de ambas profesiones) son muchísimo más amplios (Compruébese de nuevo el grafico del articulo anterior) y, repetimos, querer extrapolar las situaciones de otros países parcialmente es un juego de falacias muy fácilmente desmontables cuando no de desmejora y pauperización de un esquema formativo y competencial demostradamente eficiente.

2.-CODA: El Gusto Para los Jamones, La Sensibilidad Para Jane Austen.

A tenor del grafico de la semana pasada, podría afirmarse -y de hecho se hace con una patente ignorancia- que si bien las diferencias están muy claras (De nuevo, vean la columna Proyectos) estas provendrían no de las capacitaciones en edificación (Reduccionismo este muy al gusto, propio de ignorantes e interesados) sino de el “gusto y la sensibilidad”, cliché muy extendido y no por más simplón menos falso y malintencionado.

Ya hemos referido en anteriores post la soberbia falta de respeto que apareja esta afirmación que considera que más de la mitad de la carrera de arquitectura, (el 71,67%, según veíamos) resulte para algunos un ejercicio de diletantismo para “artistas” manirrotos y caprichosos.

Antes al contrario, cabe señalar que las asignaturas más humanistas (Aunque esta definición nos parece precaria), forman parte indisoluble del carácter técnico de la profesión. Son, sencillamente, técnicas diferentes. Negamos pues esa diferenciación simplista -e inculta- entre “lo técnico” (Aquello que se hace con una calculadora, o que atañe a estructuras, construcción etc) y lo “artístico” (Todo lo que no incluye ese 28,33%): Tanta técnica requiere saber composición como saber de instalaciones.Es este uno de los principales puntos a aclarar y en el que basan sus irresponsables comentarios algunos representantes de otras profesiones: La arquitectura no es “lo de los Ingenieros Industriales y un poco de arte, que es prescindible”. No. Es una carrera técnica completa, con técnicas y saberes diferentes e indisolubles, no troceables, y por tanto con competencias diferentes.

Los recursos a “cumplir el código técnico”, “que no se caiga” y un largo etcétera de lugares comunes son, por su obviedad, simples excusas de mal pagador. Van de suyo. Son un mínimo. Es, sencillamente, obligatorio cumplir el CTE y “que no se caiga” por lo que no son estas las condiciones que definen la labor de los arquitectos (ni por supuesto la de los ingenieros). Cuestiones diferentes, complejidades diferentes, formaciones diferentes: Competencias diferentes que no se adquieren con “una colección de libros”. Tampoco teniendo buen gusto, dado que esto no es una cuestión de gusto –no estamos catando jamones- ni una mal definida sensibilidad que dejaremos para lectores tardíos de Jane Austen. Los contenidos de la carrera de Arquitectura van bastante más allá de esta simplificación más propia de la revista “el Mueble” que de un debate serio.

Y si, es cierto que hay arquitectos muy malos. Parafraseando de nuevo a Cano Lasso, tan malos como lo son muchos de sus clientes. Y no menos malos que otros profesionales, ingenieros entre ellos. De nuevo, se está legislando el cuerpo de conocimientos formativos establecidos y las competencias que de ellos dimanan, y no el uso particularizado por individuos que de ellos se haga ni su actuación (Que seria objeto, todo lo más, de cuestiones deontológicas que no vienen al caso en este momento).

3.- INTERMEDIO: Falsas Dicotomías

A este respecto, declaraciones como las de ciertos presidentes de Colegios de Ingenieros Industriales resultan reveladoras de que la ignorancia (O peor, el puro interés) es atrevida.

No confunden los arquitectos edificación con arquitectura, lo que se seria el equivalente de confundir dar puntos con la cirugía (Ya saben, la parte, el todo). Máxime cuando obvian quienes así se expresan que, independientemente de este “cogérsela con papel de fumar nominativo”, los ingenieros tienen competencia con apellido: El que establece el grupo correspondiente de la LOE, relativo a la edificación industrial (Acéptenme el término resumido) y que si bien la definición “Arquitectura” es tan amplia como compleja, no puede escindirse –como ya hemos comentado- en un ridículo binomio del que se extraiga la edificación como ente separativo.

Ocurre además que esta falsa dicotomía implica que lo que estos adalides de la falacia defienden es lo prescindible de esa segunda parte (lo que no es en sus definiciones “edificación”) compuesta en sus muy estrechas concepciones por clichés a cual mas rancio. Vean a este respecto las declaraciones del Señor Balibrea, de quien ya vimos su coherencia la semana pasada, sobre emociones y proyección de sensaciones que revelan, en primera instancia, un desconocimiento enciclopédico, o una hipocresía galopante.

4. – Ah Reality, Thou Heartless Bitch

Llegados a este punto, es el momento de analizar lo que se esconde tras la afirmación categórica de que la LSP vendrá a favorecer al ciudadano a través de la simplificación neoliberal del exceso de oferta como regulador –a la baja- de precios y saneador de mercados.

El mercado de servicios de arquitectura sufre actualmente una situación de claro oversupply, es decir, de exceso de la oferta muy por encima de la demanda actual y futura. Es España uno de los países con un mayor ratio arquitecto / habitante, que alcanza los 1,1 arquitectos / 1000 habitantes, muy superior a los de nuestro entorno.

Los honorarios están liberalizados hace ya décadas. Lo están hasta el extremo de que en la actualidad, y sobre los baremos orientativos, la media de bajas para la administración alcanza con facilidad el 60%, muy próximo –cuando no en muchas ocasiones incurso en- al dumping o la venta por debajo de coste.

Lo mismo sucede en el ámbito civil-privado donde esta sobreoferta de profesionales produce la aparición de empresas que se dedican a la organización de CONCURSOS PRIVADOS para seleccionar arquitecto, teniendo los profesionales no ya que ofrecer su trabajo gratis para competir sino además que pagar para poder hacerlo unas abusivas y vergonzosas tarifas de inscripción. Exactamente como lo leen: Pagar por trabajar, o mejor aun: Pagar por quizá poder trabajar.

Lo anterior cursa para un mercado en el que según datos del Sindicato de Arquitectos una cifra de entre el 70y el 80% de los arquitectos que trabajan por cuenta ajena lo hacen en condiciones de PRECARIEDAD. Sin contrato, como falsos autónomos, sin coberturas sociales e incluso en ocasiones sin cobrar agrupados bajo la figura del “becario” falso que ocupa en realidad un puesto de trabajo productivo.

Esta situación, tan vergonzosa como es, tiene una contrapartida real: Los costes de los servicios de arquitectura son bajos POR EXCESO, esto es: Al provenir de situaciones laborales en un 70-80% ilegales son muchísimo más bajos (cerca de un 35-40%) de lo que deberían si se cumpliera la legislación laboral mínima.

Esta es la realidad y como tal resulta poco contestable. Es en esta realidad donde el ministerio de Economía, como elefante neoliberal en cacharrería desconocida, pretende aplicar la formula empírica de “más oferta, mejores precios, mejores servicios”.

El problema es que en esta situación de oversupply precarizado, con los precios rozando ya el coste de producción y unos costes fijos inamovibles (Seguros de responsabilidad civil, autónomos, seguros sociales –en caso de existir estos, claro- alquileres, luz, consumibles) ¿Dónde está el margen para esa reducción de precios competitiva que postulan los apóstoles del liberalismo empírico y muy poco pragmático?

Podríamos tomar como ejemplo el oversupply de veterinarios de Australia en la década de 2000-2010 y que tuvo como efectos reales una reducción de salarios de casi un 50%. Y la precarización de la formación y especialización (Datos del Consejo Australiano de Decanos de Facultades de Veterinaria).

Lo cierto es que, a costes prácticamente fijos (Y ya de por si bajos, merced a la precariedad laboral que asola el sector) la única opción de seguir compitiendo si el oversupply se incrementa -gracias a la transferencia horizontal de competencias- es la bajada de costes a expensas del tiempo dedicado a los proyectos, de su calidad, de su cuidado y de –esto quizá sea lo más grave- la formación continua y el I+D de los profesionales.

Tengamos en cuenta para esta afirmación que el cliente tipo del proceso edificatorio cuyas competencias mantienen los arquitectos es mayoritariamente el promotor privado profesional o la administración y no el cliente único y casual.

Si bien para este último es entendible un mayor nivel de búsqueda comparativa (Que no obstante no elimina el factor precio) para los dos primeros es la competencia tarifaria el factor primordial. Atiéndase si no a cualquier licitación pública (La baja suele ser como mínimo el 50% de la puntuación) o al mercado inmobiliario en el que la selección  es función mayoritaria del coste. El darwinismo económico no engaña y en el mercado de la construcción al menos un 50% de la capacidad de adaptación reside en el control estricto de precios a la baja.

Estaremos pues en una situación cuyo resultado obvio es la desaparición en guerra abierta de precios de PYMEs, profesionales libres y especialistas, que por el camino habrán sacrificado no ya solo los puestos de trabajo que en su momento generaban (aumentando el problema de oversupply) sino la formación y calidad que les hacia (les hace hoy en día) más competitivos a la hora de poder internacionalizarse (ellos o sus empresas).

¿Y quien será el favorecido? Parece obvio que no lo serán los ciudadanos, dado que existe un precio mínimo más allá del cual la venta comporta peligros por lo que tiene de irreal y las necesarias bajadas de calidad que lleva aparejadas. Es evidente que mucho menos lo serán los técnicos –unos y otros- dado que el simplista “trabajar más los mejores” no es una derivada directa en un mercado con las características antes reseñadas y que no funciona cuando (Como sabemos) un porcentaje elevado de la selección de profesionales –y más en tiempos de vacas flacas- radica en el precio.

Estén seguros de que los auténticos beneficiarios de este dislate serán sin duda grandes corporaciones –estas si con tendencia al monopolio, pero al real- cuyo interés es la obtención de una masa activa de mano de obra formada (Que no olvidemos hemos pagado entre todos, vía impuestos) e intercambiable que valga lo mismo para un roto que para un descosido, eliminada la posible competencia de PYMEs y profesionales autónomos. Lo serán dado que los salarios irremediablemente bajaran en una situación en la que podrá contratarse a un profesional muy formado o a quince menos formados por el mismo dinero dispuestos a hacer el trabajo del primero por acumulación (Deslocalización por edad y ley del florete y el mazo).

Y lo serán además jugando con una estafa moral: La de igualar aquello que en ningún momento se estableció formativa ni legalmente como equivalente (Y me refiero por igual a los arquitectos con los ingenieros y a estos entre ellos). Lo serán habiendo engañado de forma activa a quienes empeñaron su tiempo, su dinero (Y el de la sociedad) y su esfuerzo en formarse para unos mínimos establecidos para servir a los ciudadanos y que actualmente solo servirán al puro y duro interés económico privado y depredador.

El resto, si unos son muy buenos, otros muy malos, si unos creen en Hayek o yo en el Señor Spock, es terreno propio de la fe y la rica anécdota, y ni la fe ni las anécdotas es lo que estamos legislando. Estamos legislando convertir a un sector completo de la sociedad (Arquitectos, ingenieros, etc) en consumibles de usar y tirar en aras del becerro de oro de la liberalización experimental que tanto parece gustar a este gobierno, más entretenido en favorecer a sus amigos que en emprender medidas realmente necesarias.

Leemos así con estupor –por la falta de capacidad critica, se sea del Che Guevara o del tuerto de Intereconomia- vivas y aplausos a un gobierno que lejos de encarar reformas altamente necesarias, ha decidido de forma inconsciente e ignorante tirar por la calle de en medio y desmontar un sistema formativo y profesional que lleva mucho tiempo dando excelentes profesionales y magníficos resultados. Como comprenderán, es mucho más sencillo esto –esas líneas en un PowerPoint escritas sin criterio ninguno- que tener la valentía de, por ejemplo y sin afán de ser exhaustivo:

-Reformar la actual normativa, redundante, replicada y extensa hasta la hipertrofia y muy necesitada de una necesaria recentralización que evite que el fuego, aparentemente, queme más a un lado de una raya de división de comunidad autónoma que al otro.

-Unificar ordenanzas (Locales comerciales, vivienda…), normativas, parámetros (VPO, IES, Hospitalarios…) rescatando si es necesario las competencias y facilitando así la vida a los profesionales y a quienes les contratan y con ello abaratando –esta vez si- costes.

-Controlar el IOC (Impuesto de Obras y Construcciones) y las Tasas cobradas por unos ayuntamientos excesivamente acostumbrados al gasto en épocas de excesos urbanísticos y cuya máxima adaptación ha sido la subida impasible de estos dos conceptos.

Y un largo etcétera, que, como entenderán, afecta realmente a una sola casta: La política y su afición al desmelene presupuestario, la creación de organismos interpuestos y otras costumbres patrias. Por lo visto es más fácil lo otro, con la facilidad del ignorante, o tal vez más interesante si uno quiere –como suele ocurrir también- acabar de consejero de sectores… liberalizados de aquella manera.

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Written by Jose María Echarte

febrero 11, 2013 a 11:52

4 comentarios

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  1. Está claro lo que pasa, tanto en esto como en todo lo demás. No se trata de mejorar la sociedad ni las condiciones de vida del ciudadano; se trata de abonar el terreno para ellos y sus amiguetes, si es que existe separación entre ambos “colectivos”, pero que nadie se queje ni se sorprenda porque el partido político que gobierna fue fundado precisamente para esto y somos los españoles los que los hemos colocado ahí con una abrumadora mayoría de votos proletarios.
    Y no es que los otros lo hubiesen hecho mejor, pero al menos podríamos acusarlos de desleales. A estos ni siquiera eso.
    En cualquier caso, como siempre, gracias José María por tu visión global y tus magníficos (y divertidos, dentro de lo que cabe) análisis.

    JCM

    febrero 12, 2013 at 12:28

  2. Los tres puntos finales son para quitarse el sombrero

    Mirodlo

    febrero 12, 2013 at 20:31

  3. No estamos acostumbrados a que se justifiquen opiniones, eso es lo que hace, que tus aportaciones tengan un gran valor . Me sorprende que “con la que está cayendo y la que está por caer” no haya más movilización. ¡Ánimo! la crítica constructiva siempre enriquece.
    Como ciudadana sigo sin entender que repercusión positiva tiene para mi que se carguen todo nuestro sistema de formación , si todo vale hagamos una carrera que sirva para todo, como la que dben estudiar los políticos que saben y valen para todo : ediucación,sanidad, obras públicas…. . La diferencia es que ellos o ellas nunca asumen responsabilidades (veamos la crisis en la que estamos, el deterioro de algunas profesiones..) y cada profesional es responsable de sus decisiones ¡gran diferencia!. Felicidades

    MGR

    febrero 14, 2013 at 9:59

  4. […] yo que lo ha hecho maravillosamente bien  (No a la LSP explicado por n+1 aquí, aquí, aquí y aquí ) tampoco es lo peor que le ha pasado a esta […]


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