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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

Little Big Horn

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¡A la carga! ¡Desenvainen los sellos de visado!

Dejando de lado la grandiosa interpretación de Errol Flynn (Aquel hombre que tocaba el piano con…. mucha audacia) y la no menos magnifica de Olivia de Havilland, el Custer cinematográfico debía parecerse más bien poco a su contrapartida real, cuya fama se debería más –si hacemos caso a los historiadores- a una combinación de suerte e inconsciencia que a otra cuestión.

No se exactamente que sintieron los hombres del regimiento Séptimo de Caballería cuando vieron la que se les venia encima en Little Big Horn, pero seguro que más de uno y más de dos miraban a Custer y pensaban que, con semejante mando, el desastre era solo cuestión de tiempo. El suficiente para que se acabara la suerte, o mejor dicho la inercia.

La inercia, el inmovilismo en movimiento, cuando se trata no ya de una persona sino de una institución, resulta tanto más peligrosa. La inercia convierte la actividad en toreo de salón, la presteza en supervivencia a cualquier costa y la realidad, en las sabias palabras de Joaquín Reyes, en un puntito que se aleja, se aleja…

Y el CSCAE, el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, a la sazón nuestra más alta institución representativa, vive, hace ya demasiado tiempo, instalado en ella.

Si necesitábamos pruebas el presidente del Consejo, D. Jordi Ludevid, está más que dispuesto a ofrecerlas, y lo hace a través de dos publicaciones en prensa, una entrevista y un articulo, lo que nos hace sentirnos como aquel “late” Felipe González cuando de todo se enteraba por los periódicos. Cabe recordar, a estos efectos, que D. Jordi Ludevid se presento al cargo que ocupa con la declaración firme (así lo expresó en los debates) de mejorar la comunicación del Consejo con los arquitectos. Duda uno de si se refería a esto.

Entrando en materia, ambas publicaciones le dejan a uno cuerpo de soldado de caballería ante horda de indios.

En la primera, sorprende lo categórico de ciertas afirmaciones sobre la actual situación si se contrasta con lo endeble de las realidades y las soluciones aportadas. En las sabias palabras de Marcellus Wallace: “No queremos creer, queremos saber”, y el más alto cargo de los arquitectos españoles nos sitúa en un limbo a medio camino entre el buenismo inconsciente y un cuento de la lechera al que son nuestras instituciones muy dadas.

Así, y tras un análisis que en términos shakesperianos equivaldría al “Cry havoc”, D. Jordi Ludevid se lanza a enumerar un cúmulo de ambigüedades más cercano a un apaciguamiento para mentes previamente convencidas que al “Let slip the dogs of war” necesario.

Sobre la tan traída y llevada ley de rehabilitación todo son esperanzas y la afirmación –sorpréndete, por lo cándido- de que, realmente, nuestra más alta institución no “conoce con detalle el contenido” [sic]. Eso si, esperamos un incentivo. ¿Cuál?

Pues tampoco lo sabemos. Es más, nos ponemos a hablar arquitecturés, método conocido en la profesión cuando hay poco –o nada- que decir y que ya traíamos ensayado de aquella visita del presidente a Chez Roca, donde nos contó aquello tan bonito (Y espiritual) de la maquina banal y la entropía social. Apunten, que es de libro:

Para rehabilitar necesitamos un método, transversal e integral con el objetivo de hacerlo más eficiente por la vía de la planificación. Estos cambios no se pueden realizar de un modo improvisado, sino de una forma técnica y arquitectónica.

Entiende uno el espíritu del asunto. O al menos –para que no se diga- hace uno por entenderlo. Pero, oiga, ¿Hacía falta ser tan críptico? Costaba mucho quizá decir:

La rehabilitación debe incluir a muchos profesionales entre los que ocupan lugar destacado los arquitectos cuyas competencias legales en la materia son claras en la ley. Cualquier cambio legislativo al respecto debe tener esto en cuenta.

De nada.

Descubrimos así que la tan cacareada –por el Consejo- apuesta por la rehabilitación es algo de lo que no conocemos el contenido, y sobre lo que nuestra opinión –al menos la oficial- es un galimatías transversal. A este respecto tanto el CSCAE como algunos Colegios (El de Madrid sin ir más lejos) apostaron por una participación económica de las empresas eléctricas que nunca nos quedo clara y de la que el presidente, preguntado por su inclusión o no, y por no romper la dinámica, afirma que:

No sabemos

No nos extraña, dado que cuando se hizo la propuesta ya parecía algo sacado de una chistera de inventos del TBO, y que no tenía en cuenta las peculiaridades de un sector eléctrico que –con el recibo magníficamente controlado- consigue siempre lo que quiere vía presupuestos generales del estado. En otras palabras: Si lo que sale de las eléctricas vuelve siempre… ¿Cuánto, vía impuestos, nos va a costar la idea del CSCAE? ¿Ha hecho alguien el numerito? ¿Hay un mínimo estudio de viabilidad? ¿Una memoria económica? ¿Qué volumen de negocio es esperable? ¿Estamos seguros de que quienes más necesitan una rehabilitación (que no viven precisamente en La Finca) van a poder hacerle frente máxime con unos tipos de IVA disparados? ¿Cuántos profesionales podrían, en función de esa demanda, dedicarse a este sector? ¿Qué beneficios se esperan? ¿Qué ventajas –descuentos- van a ofrecer los Colegios? ¿Cuáles el estado, los ayuntamientos o las CC.AA.? ¿O aquí vamos a las reuniones con cara de poker y al ritmo de “mi perro se comió los deberes”?

Siendo esto grave, dado que una de las funciones primeras del Consejo es representar a los arquitectos ante el estado y ser –por así decirlo- su lobby, la cosa empeora –hasta rozar la desidia- cuando se pregunta al presidente por los contratos precarios de falso autónomo, autentico cáncer de esta profesión y de su estructura laboral. La respuesta no puede ser más aberrante:

Personalmente he trabajado en el pasado para impulsar la regularización laboral de todos los despachos de arquitectura. Regularizar significa en ocasiones laboralizar, pero en otras realizar los contratos pertinentes. Sin embargo, en estos momentos de severa recesión, donde se están produciendo cierres de empresas o despachos, el reto pendiente de la regularización resulta, por desgracia, mucho más pequeño. De hecho, muchos profesionales ya no tienen gente asalariada de ningún tipo, simplemente resisten con el titular y el socio.

Siente uno que a Don Jordi Ludevid le falta entonar aquel “Algunos de mis mejores amigos tienen contratos de falsos autónomos, pero…”, antes de decirnos que por lo visto ahora no toca y meterse en un jardín de paños calientes en el que lo adecuado (Lo honesto) seria poner la cara roja a los sinvergüenzas que así han actuado y que se pierde en una incomprensible diatriba sobre regularizar, laboralizar y realizar los contratos pertinentes que parece querer ocultar que en este país se ha estado explotando a una generación entera a la que se ha puesto a los pies de los caballos por la vía de la ilegalidad más cochambrosa. Que oculta y calla, silente y palaciega, que eso que el cree “más pequeño” se relaciona directa y claramente con la bajada general de precios, con la competencia desleal, con la desestructuración de unas empresas en absoluto preparadas para internacionalizarse, con el uso torticero de puestos de trabajo públicos, y con la conversión de una profesión completa en un camino de una única salida (Explotar o ser explotado) atado por una rigidez antediluviana, más propia de un “guild” medieval que de un sector que –de boquilla siempre- se precia de su modernidad y su progresismo.

Y además, ojo amigos, lo mas surrealista es que el problema es “más pequeño” porque, total, ya nos han despedido a todos. Muerto el perro se acabo la rabia.

Un ejemplo más del alejamiento de la realidad y desconocimiento enciclopédico de la estructura de la profesión. Uno que, caso de seguir por el mismo camino, nos condena a no aprender de nuestro pasado reciente y seguir repitiendo nuestros errores, aquellos que en mayor medida nos han traído hasta aquí.

Y no es ya la explicación de ultraliberal en horas bajas la que nos aterra, es además la inconsistencia de quien afirma esto, para después, algo más abajo, contarnos que:

Ha disminuido mucho el trabajo por cuenta propia y, por el contrario, ha aumentado por cuenta ajena.

¿Y como cree usted, querido presidente, que se desarrolla ese trabajo por cuenta ajena que ha aumentado (O eso dice)?

¿Quizá  con esos contratos “deslaboralizados” que según usted suponen ahora un problema “mucho más pequeño”? ¿En que quedamos?

Sería deseable para quien ocupa el cargo de presidente del CSCAE que, como poco, mantuviera la coherencia, si no de una entrevista a otra, al menos si dentro de la misma.

Pero, me corrijo, cierta coherencia si se mantiene. La de estar en otro mundo. En la corte. En una realidad paralela en la que lo que importa es, agarrense, el visado y ese reglamente absurdo que llevan al menos dos años preparando y que van a sacar cuando ya no hay nada que visar.

La coherencia de primar a la institución sobre sus miembros, la de no querer darse cuenta de que las reglas del juego han cambiado y que la barca no aguanta mas parches.

Así lo demuestra el otro articulo, publicado en Expansión, en el que nos dice (Hace falta estar fuera de la realidad) que el sector esta ya de por si desregulado y en el que la defensa, no es la de la profesión sino la de sus instituciones a ultranza.

Una defensa basada en el sostenella y no enmedalla del “Esto es lo que hay” sin parase a pensar que ese “lo que hay” es lo que ya no funciona, no solo a la sociedad, sino a los propios arquitectos que ven como se esta defendiendo un visado a todas luces anticuado y que supone –en el mejor de los casos- una doble comprobación que además conlleva una responsabilidad (Civil y, ay amigos, penal) para con los colegios (Y que pagaran, en caso de venir mal dadas, sus integrantes: Ustedes y nosotros).

Una defensa que mueve a la risa cuando además se nos habla de la labor deontológica de los colegios. ¿Labor deontológica? ¿Con lo que hemos visto en estos años, nos habla usted de labor deontológica? ¿Dónde estaba esa labor cuando había quien se presentaba a los concursos públicos mintiendo? ¿Dónde cuando se contrataba a dedo a “compañeros” de reconocidísimo prestigio a los que no solo no se les afeaba la conducta sino que además se les premiaba con el público reconocimiento de la institución? ¿Dónde cuando se construía, por ejemplo, toda una Ciudad de Las Artes y las Ciencias sin un maldito concurso publico?

Y de nuevo, la separación de la realidad cuando, para finalizar y como guinda del asunto, nos pone D. Jordi Ludevid, como ejemplo de exceso de regulación normativo del sector el Código Técnico de la Edificación, que define como “Muy complejo” y que…..

¡Se aprobó con todos los parabienes de un CSCAE en el que él mismo estaba como Consejero en su calidad de Decano del Colegio de Cataluña!

Confunde el presidente la profesión con sus instituciones, desregular las mismas con desregular la profesión, y lo hace además olvidando el creciente malestar entre un sector, el de los arquitectos, que encuentra en el CSCAE un inmovilismo lento y cortesano, basado en politiqueos internos y repartos de cotos de poder, que olvida constantemente (A las pruebas de lo que es “mucho más pequeño” me remito) el día a día de los profesionales, perdido como esta en una estructura insostenible, ingobernable y cada vez mas alejada de la realidad.

Hacen muchas cosas bien los Colegios. Muchas. La mayoría relacionadas con el trabajo y los problemas reales de los colegiados y –por el contrario- alejadas de la inercia inmovilista, en la que sus cúpulas dirigentes y el Consejo viven –desnortados- desde que empezara la crisis. No es el momento de “no saber”. No lo es de minimizar los problemas (Y tener a más del 50% de la población profesional en ilegal lo es). No lo es de ponerse estupendo con explicaciones para consumo interno (Interno reducido al pleno de consejeros) plagadas de ex antes, ex post y ridiculos “filtros latinos” cuya justificación mas elocuente es que ya están ahí sin entrar en la profundidad del asunto.

Es, en cambio, el momento de decir las cosas claras, sin paños calientes, sin medias tintas. De ordenar. De volver a la realidad y de saber. No de querer creer, ni de esperar encomendándose a San Le Corbusier. De saber.

Primero donde estamos, después a donde queremos ir, que nos sobra, que nos falta, que necesitamos, que hay que –irremediablemente- cambiar. Aquello que no evoluciona esta condenado a estancarse y a desaparecer, más aun cuando –como Custer- se confía demasiado en la inercia. Cuando se dejan de lado los refuerzos y las ametralladoras y se lanza uno a galope tendido a mantener el sistema existente porque hasta ahora dio buenos resultados.

Los indios están ahí, esperando, y por muy bien que nos quede el uniforme, nos lo van a dejar, a este paso, llenito de agujeros.

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Written by Jose María Echarte

octubre 11, 2012 a 13:52

6 comentarios

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  1. Inercia o resistencia al cambio de las organizaciones es un tema del que trato continuamente y de compleja solución…

    geciar

    octubre 11, 2012 at 18:53

  2. Mucho me temo que habrá que seguir bailando hasta que la música cese.

    JCM

    octubre 12, 2012 at 0:11

  3. No JCM, ocurrirá que el Consejo y los Colegios tocarán la misma música, como la orquesta del barco que se hunde !coño como en el Titanic!, para entonces todos los demás ya nos habremos ido…

    dandieva

    octubre 12, 2012 at 0:42

  4. Este tipo de artículos pone de manifiesto el temor a que la próxima liberalización implique la no colegiación obligatoria de los arquitectos…y se termine de desmontar su chiringuito, que es su preocupación.

    En el segundo párrafo del artículo de Expansión nos une junto a médicos y abogados cómo ejemplo de profesiones reguladas, casualmente las dos que si mantendrán su obligatoriedad.

    Hay más artículos, como este:
    http://www.cscae.com/index.php?option=com_content&view=article&id=2182:articulo-sobre-la-ley-de-servicios-profesionales-por-enrique-soler-arias-secretario-general-del-cscae&catid=59:juridica&Itemid=100

    y los que quedan.

    noname

    octubre 12, 2012 at 12:19

  5. Aquí el Sr. Secretario, cargo político no elegido directamente por el colectivo que dice representar, utilizando las instituciones para el beneficio propio. ¿dice algo de reducir las cuotas colegiales? Los colegios siguen en el “porque yo lo valgo”. En situación de ruina económica los colegios no paran de aumentar cuotas dando menos servicios. Aquí iniciativas para acabar con este abuso.

    cuotacolegialminima.blogspot.com

    http://www.change.org/es/peticiones/ley-de-servicios-profesionales-pedimos-un-limite-legal-a-las-cuotas-colegiales-excesivas

    Cuota mínima YA

    octubre 15, 2012 at 21:12

  6. […]  ¿ha visado algún colegio los 22 planes de actuación urbanística madrileños? ¿estaba la labor deontológica, de la que hablan en sus estatutos, de vacaciones cuando había quien se presentaba a los concursos […]


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