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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

Generaciones

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El problema de la crisis económica, ya lo hemos dicho alguna que otra vez, es que ha sacado a la luz otra mucho más profunda que estaba latente hace muchos años en nuestra profesión. La de una absoluta desestructuración interna y una perdida infinita del rigor técnico prácticamente generalizada.

No cabe ahora destacar de nuevo los puntos en los que basamos esta teoría (Lamentablemente practica en infinidad de casos) baste decir al respecto que si se nos aplicaran los criterios de licitación o de control de calidad que se aplican a nuestros competidores no pasaríamos el corte ni un 2%.

¿Tiene carácter generacional esta situación? El debate se planteaba el otro día en un comentario sobre las mas que próximas, inminentes elecciones a la presidencia del CSCAE.

En lo tocante a las instituciones colegiales, el debate surgió hablando de ellas, es evidente que algo extraño sucede. Empezando por una patente indiferencia al respecto, respuesta inevitable a una generalizada indiferencia del CSCAE para con los colegiados (envuelto en luchas intestinas, renovaciones de cargos y reparto de regalías) cuando no a una absoluta falta de respeto (A las pruebas nos remitimos, queridos responsables de la crisis inmobiliaria).

Baste como ejemplo las reuniones a las que tuve “el placer” de asistir con motivo de la quiebra absoluta de la ECC. Un ejemplo perfecto del proceder del CSCAE frente a situaciones que no controla. La aparición del seguro decenal y con él la de las Oficinas de Control Técnico (OCTs) era para el CSCAE una amenaza imparable. La forma de contrarrestarla no fue impulsar la creación de OCTs creadas y gestionadas por arquitectos, generando así un campo bastante amplio de trabajo (No me des peces, enséñame a pescar). Fue, en una línea absolutamente inconsciente e infantil, la creación de una empresa (ECC) controlada por los COAs, que en determinados casos curiosos podía haberle hecho la competencia…. !a sus propios colegiados!.  El final, que se veía venir desde el principio: Por magnifico que fuera el personal de la ECC (que lo era en muchos casos) la empresa se gestiono con el criterio general con el que se organiza todo en el CSCAE. La guerra interna, el politiqueo de bajo espectro a la caza de cota de poder, la improvisación y el oscurantismo. En las reuniones se estaba más pendiente de los “madres mías”, de a quien le tocaba la presidencia o de no ceder parcela que de convertir aquello en una empresa rentable o en su caso, darle el carpetazo como el absoluto fracaso que fue.

Es claro que en parte el motivo es que el acceso y funcionamiento del CSCAE es absolutamente oscurantista, y dudo mucho que un porcentaje alto de los Colegios convoque una asamblea para apoyar a un candidato o a otro, o incluso para tomar una decisión conjunta sobre a quién votan, quedando esta decisión en las solas manos del Decano correspondiente. La perdida de interés está garantizada. Y la impunidad general para hacerlo no ya mal, sino fatal, es casi segura.

Admitamos pues que los COAs están, al menos en los cargos de cabeza, dominados por una determinada generación. Dado que la elección de presidente del CSCAE recae en los decanos (Dos colegios tienen que apoyar a cada candidato) lo normal es que la estaticidad sea ley y una pesada losa. Lo normal también es que el amiguismo impere y campe a sus anchas.  No obstante es necesario un ligero tirón de orejas a las generaciones más cercanas, dado que la maldad del sistema no justifica la pérdida de interés o de participación. El porcentaje de colegiados de las generaciones más jóvenes es infinitamente superior al de la algo más mayor y dominante en los puestos directivos. Para quien no ha sido vocal, les diré que es, por días, ingrato, pesado, no está pagado con todo el oro del mundo (En fin, no está pagado de ninguna de las maneras), y que lo más probable es que solo consigas, (Los COAs son maquinarias con una inercia enorme) un 25% de lo que te propongas. Aun así, y esta es una cuestión de conciencia, los cambios no se van a producir sin una intervención decidida. Resulta curioso que la juventud vote mayoritariamente a  Juntas mas quietistas y con las que tiene menos en común que a otras que le deberían ser por edad e intereses mucho más cercanas. No sé qué parte es miedo, que parte apatía y que parte convencimiento.

Quizá el motivo es que los últimos diez años, y volvemos a la cuestión profesional alejándonos (aunque no mucho) de COAs y CSCAEs, han traído una explosión de trabajo que ha volcado a la profesión o a parte de la misma en la producción (no entro a calificarla, ni a etiquetar al personal, eso se lo dejo a otros. El trabajo es el trabajo). Sin embargo, y pese a admitir que la cuestión generacional está presente en las instituciones, no estoy tan seguro de que sea determinante en este otro aspecto.

Yendo por lo simplificado, explotadores los hay de 30 y de 60 años. Profesionales cuestionables también (Y nos referimos a cuestiones PROFESIONALES y no estéticas). Es cierto que las generaciones de mayor edad tienen más trabajo, lo cual no sé si es achacable a una mayor presencia en el mercado o a la propia experiencia acumulada. Quizá el error más destacable venga dado por ciertas consecuencias de la voracidad desenfrenada con que se ha trabajado estos años.

Una voracidad que no es negativa a priori, entendida como ambición, como afán de mejora y crecimiento, y asociada a un incremento normalizado, racional y legal de la estructura productiva, pero que en nuestra profesión ha supuesto por el contrario y en general o una bajada de calidad en el servicio (No se llevan igual 2 obras que 20) o un incremento falso del sistema de producción mediante contratos falsos y en precario empleando el personal no como un activo a valorar de la empresa sino como un consumible.

Escuchaba el otro día en lo de Ultzama, lamento no poder ponerle nombre al  ponente, un análisis sobre la crisis en el que se negaba su existencia y se le llamaba regularización. Sospecho que interviniente pertenecía a una generación mayor que la mía. En resumen la teoría era que antes se hacían dos proyectos y después se paso a hacer (Tener que hacer, creo que se decía) 20, lo cual suponía un descontrol del sistema.

Tengo que negar la mayor, es un descontrol del sistema si el sistema permanece estancado. Es evidente que la única forma de hacer 20 donde antes se hacían 2 es hacerlos a la carrera o en su defecto mal (No presupongo nada al interviniente, estoy hablando en general). La regularización de la que se hablaba (que no era tal sino un inmovilismo disfrazado) no tenía que haber llegado por la vía del punto de no retorno y el colapso, sino por la gradual del crecimiento lógico. Más proyectos, más gente, más trabajadores. Y quizá una mayor diversificación de la estructura productiva, o incluso una especialización (Por programas, por partes del proyecto, por normativas… este es otro interesantísimo debate) que hubiera supuesto no poner todos los huevos en la misma cesta y haber podido encarar el batacazo económico y financiero de otra forma.

Quizá esta es la diferencia generacional más destacable. Quienes podían haber estructurado una profesión por su posición de dominancia en el mercado o por su mejor punto de partida cuando empezó el boom, mantuvieron un sistema anticuado de aprendizajes y pasantías, cuando no de ilegalidades manifiestas, y un desinterés completo por la renovación e implementación de sus estructuras profesionales. La más simple regla de la competitividad impide que las generaciones más jóvenes emprendan esta transformación y o se adaptan a una estructura reducida de batalla que puede plegarse ante la tormenta, o lamentablemente se dedican a repetir la revestida de otras características y de un cierto “coolness” que no deja de ser un maquillaje que no aguanta el rascado de una uña.

Por comparar, igual de profesionalmente deficitario es un estudio que con 3 personas factura 5E6€ al año (Limpios de polvo y paja) que cuando contrata a alguien lo hace en precario y que cobra rebajas inenarrables por no ir a las obras, que otro que ficha alumnos gratis para concursos, que los gana y redacta los proyectos precariamente y que envía a las obras a becarios sin capacidad ninguna de reacción (Y a veces sin la mas mínima cobertura legal y sin seguro).

Existen, bueno es decirlo, excepciones a la norma. Estudios que han decidido que no son el McDonalds sino Zen-Mobu trabajen o no en el sector privado. Esto es, no ofrecen un producto seriado y quizá más despersonalizado sino una personalización particularizada y por fuerza más cuidada, pocos clientes menos gastos y un mayor control de lo producido. El mercado estos años pasados ha absorbido no sin cierta dificultad estas presencias que encontraban su nicho (Muy vinculado a la redacción de concursos, generalmente). Por el otro extremo, más concursero si quieren, la dicotomía existía también. No todos los estudios dedicados a la obra pública se presentan a los Europanes, Palmerales de Elche y otros concursos de postín y Couche sino a muchísimos concursos de licitación que suponían una fuente de ingresos sino constante al menos bastante decente.

El problema actual, es que la caída de la demanda en todos los frentes y la escasa diversificación de los “grandes facturadores” (de una vía o de otra) sumada a sus muy precarias estructuras en muchos casos bastante similares a las de los estudios más pequeños, ha supuesto que el mercado se descontrole y que esto se convierta en un todos contra todos sin orden ni concierto en el que cualquier método sirve.

Incluso los concursos de tamaño medio que durante mucho tiempo presentaron cifras de participación razonable, y a los que por una cuestión de tamaño no se presentaban los “sospechoso habituales”, se han convertido en eventos masificados en los que el número mínimo de participantes excede las previsiones más optimistas.

No nos engañemos con esto, quitando concursos digitalizados o aquellos en los que el amiguismo funciona a toda máquina, aun imaginando un concurso limpio como una patena, el incremento de participantes implica una reducción de posibilidades que ha convertido la tradicional cifra de “uno de cada diez” en imposible de cumplir. Se da en este aspecto el caso curioso de que muchos de los presentados, retornados del trabajo privado en muchos casos, no manejan el lenguaje habitual en este tipo de trabajo y sus propuestas se parecen más a un folleto inmobiliario que a un panel de concurso al uso. No se trata de hacer burla de la situación sino quizá de señalar que el precipitado retorno a esta disciplina como último recurso de salvación hubiera supuesto de haber se hecho bien y en su momento una diversificación más que deseable en estudios más organizados, pues habría traído la incorporación de personal más joven de forma gradual (asociados, contratados, en cooperativa o cualquier otra forma legal) que hubiera aportado una visión más actual y un manejo más eficiente de ciertas herramientas imprescindibles en el mundo del concurso público hoy en día, a cambio de un muy necesario aprendizaje en obra, construcción, tramitación etc.

Simbiosis. Crecimiento ordenado. Implementación. Savia nueva combinada con experiencia. Aprendizaje mutuo (Lo cual no significa que no te paguen y no te contraten de forma legal, ojo).

Estas palabras están más que olvidadas en nuestra estructura profesional. Y es quizá un problema que tiene su origen en una generación determinada pero que, no lo neguemos, ha permeado con una facilidad pasmosa a todas las edades.

Quizá es cierto que exista una responsabilidad generacional a origen basada en la “creación” del sistema disfuncional y perverso que vivimos, aunque como herederos del mismo las generaciones más jóvenes no han (hemos) hecho tampoco un mal papel.  Por otra parte sospecho, que a unica forma en que saldremos de esto es estando todos juntos y haciendo piña, independientemente de si somos de poner balaustradas o de manejar el Katya, cosa que otras profesiones consiguen (Al menos para lo importante) con una facilidad que resulta envidiable.

Por supuesto, hablamos de una generalidad. Ni todo el mundo es Satanás ni todo el mundo san Gabriel.

Excepto el CSCAE, que es como las portadas de los discos de Iron Maiden.

Y sin música.

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Written by Jose María Echarte

septiembre 10, 2009 a 10:47

10 comentarios

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  1. con 3 personas factura 5E6€ al año

    eso es 5.000.000 €. Nosotros somos 2 y no facturamos eso ni de broooooma…

    Miguel Villegas

    septiembre 10, 2009 at 18:40

  2. Nosotros somos tres y estamos pensando en vender nuestros cuerpos serranos al mejor postor.

    Pero lsamento decirte que es tan cierto el dato (Estimado, calculale un error de +-10%) como podrida la praxis.

    jmer73

    septiembre 10, 2009 at 22:20

  3. ¿Pero te refieres a PEM o a facturación de honorarios? 5.000.000 € menos 50% de gastos e impuestos (que calculado sobre 5 mill es mucho) da a 700.000€ por arquitecto/año y eso es mucho dinero como ingresos…

    Miguel Villegas

    septiembre 11, 2009 at 5:53

  4. Sí, yo tampoco lo he entendido muy bien….

    brijuni

    septiembre 11, 2009 at 8:13

  5. ¿Por arquitecto?. He dicho que estaban tres, no que los tres cobraran a partes iguales.

    No vas desencaminado, Miguel y es una estimacion que calculamos en su dia sobre un caso real evidentemente tirando de baremos. Como bien sabes e imaginas cuando la produccion alcanza estos niveles (Te hablo de proyectos semana si y semana tambien en varios municipios) las “bajas” son espectaculares y por otra parte se consigue llegar a todo como lees en el texto. No yendo a la obra por ejemplo. Pero lo real es que existe la potencialidad de que con una estrutura productiva a todas luces insuficiente estes facturando lo indecible.

    De cualquier forma, no te quedes en el dato numerico, cambialo si quieres por “Una pasta indecente” o por “Un Cayenne en la puerta y un Hummer en el garaje”.

    jmer73

    septiembre 11, 2009 at 8:24

  6. Eso no me parece indecente, me parece aberrante. Solo el hecho de que sea verosímil me da escalofríos…

    Miguel Villegas

    septiembre 11, 2009 at 8:36

  7. Lo que han visto estos ojitos daria para 20 conferencias y un tratado.

    jmer73

    septiembre 11, 2009 at 11:22

  8. Lo que habría que plantearse es ¿cómo es posible que un promotor-constructor acepte unos honorarios bajos sabiendo (deseando a veces) que el arquitecto no pase por la obra? Yo pensaría que no nos necesitan ni nos quieren en demasiadas ocasiones, pero hay unas leyes que nos hacen obligatorios, que no necesarios; tenemos que estar. Y no nos quieren ni necesitan porque nuestro trabajo se ha degradado de forma abismal, transformando el proyecto en una pre-guia para la edificación que los encargados y jefes de obra resuelven in-situ. Pero esas leyes no estarán para siempre; no somos eficientes y otros si y quizá desaparezcan las leyes que obligan a que estemos en el medio (por enmedio) igual que desaparecieron los honorarios mínimos, que muchos creian (me han contado) como algo impensable.
    Esa cuestión es como para debatirla, no?
    Saludos.

    JCM

    septiembre 14, 2009 at 19:37

  9. Tampoco nadie creia que desapareceria el visado y parece que (POR FIN) va a a hacerlo. (Preparaos para una defensa inexplicable por cuenta y riesgo de quienes ven peligrar el momio, more to come on this subject in proximos posts ^_^).

    Llevas gran parte de razon. Hemos hecho muchas, muchisismas cosas mal (hablo en general con lo que ello conlleva de injusto para quien es un profesional decente y honrado) y hemos dejado por unas razones o por otras, por desidia o por un tontunismo cool subido, de ser tecnicos respetables para ser “Los que cobran por el sellico (lease visado) y la firmica” o “los artistas que ponen la tapa” [Sic, a un concejal de IU].

    la perdida de prensencia y valoracion social es tremenda. Y efectivamente es un tema a debatir, gracias por la sugeremcia!.

    JMER73

    septiembre 14, 2009 at 22:00

  10. Nos llaman de una obra de Rehabilitación Autonómica para decirnos que han terminado y nosotros: “¡Pero si ni sabíamos que había empezado!… Bueno entonces ¿que es lo que habeis hecho?.. todo diferente al proyecto.. pues entonces no hay fin de obra, os vais a quedar sin ayuda… y ellos: “pero es que no sabiamos que había que avisaros” (y esta frase nos la dice un aparejador familiar de la beneficiaria)
    A ESTO ES A LO QUE HEMOS LLEGADO muchos técnicos en general, no solo los arquitectos

    De un aparejador técnico de un ayuntamiento: ” El peto de la terraza se considera una medianera vista y no lo permite el PGOU” hablando de un peto perteneciente a una fachada que tiene ventanas pero el considera que como el peto es un muro ciego es una medianera”. Parecida frase la de otro técnico hablando dele muro medianero entre dos patios de viviendas colindantes: “es una medianera vista y no la permite el PGOU” Claro vista para los dueños de las viviendas pero ¡NOSE VE DESDE LA CALLE!
    Deberiamos recuperar nuestros puestos como técnicos municipales

    Miguel Rodríguez

    septiembre 15, 2009 at 15:10


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