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The Mountain Inferno
Ayer, en una votación descacharrante de estas que tanto gustan a los políticos españoles –tan carentes ellos de principios o nada sólido que se le parezca y siempre pendientes de salir en la foto (Y por tanto no moverse, como ya vaticinaba Guerra)- el Partido Popular y el resto de fuerzas políticas de Galicia decidieron ponerle punto y final a las obras de la Cidade Da Cultura de Galicia.
En otras palabras, decidieron no seguir construyendo, lo que no significa que no vayan a seguir pagando en una liquidación que se prevé más tensa que un baile de vampiros en pabellón de hemofílicos, dado que sospechamos andarán pendientes modificados, reformados…. y dado el simple hecho de que lo que las constructoras contrataron fue la obra completa y la paralización implicara demandas de compensación. Les parecerá extraño, pero como me dijo una vez un jefe de obra de cierta constructora española: “Yo cobro por hacer y cobro por dejar de hacer”.
Pocas obras como la Cidade da Cultura (Con el agravante de llevar además ese nombrecito como recochineo) representan el pantano por el que ha circulado una parte de la arquitectura pública; una representación que permea todo el ecosistema y que incluye en igual orden de responsabilidad en el despropósito a la casta política (des)gobernante, a la profesión –representada por jurados, instituciones, universidades, etc- y a los medios de comunicación sean estos generalistas o especializados.
Veamos, someramente.
La Nausea
BSO no obligatoria para este post: Money. Pink Floyd.
La noticia se publicaba hace unas semanas. Por fin, tras años de pedirla, el diputado de EU David Blanco, calculadora en mano, pudo revisar la documentación correspondiente a las obras de Santiago Calatrava para la comunidad Valenciana (Perdonaran ustedes que obvie a la empresa pub(l)ica interpuesta, porque a ese juego prefiero que jueguen sus inventores: Los políticos).
Como decíamos, calculadora en mano, la cosa salía como salía: Noventa y cuatro (94) millones euros, grosso modo. Simplifiquemos con 100 millones que a lo largo de 20 años de “colaboración” (EJEM) sale la cosa a 5 millones por año.
Que se dice pronto… y se cuenta en más tiempo. Y si se cobra en Suiza no se pagan impuestos.
Calatrava había permanecido silente a este respecto. Hasta el pasado martes, en que publico un comunicado con el que pretendía “aclarar” conceptos.
Hoy, hemos añadido a la lista de cuestiones que nos hacen pensar que Calatrava es un arquitecto tróspido, una más. Quizá sea personal, lo admitimos, pero es irrefrenable:
La nausea.
¿Quieren saber por que? Lean.
El Chivo Expiatorio
Resulta encomiable –trabajazo oigan- la pechada de ver documentos que se ha pegado el diputado de IU David Blanco para obtener la cifra final resultante de los cobros de Calatrava en Valencia que ha llenado las portadas de los diarios digitales y las redes sociales desde finales de la semana pasada y que ha cristalizado en la web Calatravatelaclava, que les recomendamos que visiten rápidamente.
Resulta altamente aplaudible haberse pegado una mano de calculadora y lápiz, para saber que la cifra final ronda los 100 millones de euros.
Lo que no nos resulta es, tristemente, sorprendente. Ni exclusivo del personaje.
Lean, lean.
Maquiavelo Films
Suele ser común en esta sociedad -en la que el attention-span cada día se reduce un poquito más- la tendencia al olvido. La carencia de análisis que acompaña a la máxima maquiavélica de “El fin justifica los medios”, y que bien podría traducirse en arquitectura XXI por “Dejemos que el fin oculte los modificados de proyecto”.
Es conocida nuestra opinión sobre Metropol-Parasol. Un ejemplo preclaro de boutade digital y de mamotreto de coste desmesurado y mantenimiento brutal. Un icono, valga la redundancia aquí, de esa arquitectura icónica, ensimismada y egoísta, pensada únicamente para epatar en las fotos, sin el más mínimo interés por el respeto al dinero público o incluso a la racionalidad más estricta.
Acabado el proyecto de Jurgen Mayer, el resultado de la batalla es un sobrecoste de un 100% (Mas de 100 millones de euros, donde debían haber sido 40) y unos retrasos de mas de 4 años.
The Twilight Zaha
La famosa arquitecto de origen Iraní Zaha Hadid se escapa viva de una entrevista en ElPais con Anatxu Zabalbeascoa.
En esta ocasión no achaco el problema a las preguntas de Zabalbeascoa que esta incluso afilada, y lo suficientemente inteligente como para no caer en las clásicas trampas-cliché de la diva (Aunque podría, en mi opinión, haberlo estado mas), sino al palpable alejamiento de la realidad de una profesional que parece habitar en una dimensión paralela.
Como ejemplo, la entrevista nos deja algunas perlas de difícil digestión.
Comprobemos. Lean, lean…..
Highway Disco Ball
B.S.O no obligatoria de este post: Staying Alive / Bee Gees. Highway to Hell / AC-DC
Miren, de verdad se lo digo, que no es por ser malo ni por criticar, pero a veces nos ganamos a pulso ser el hazmerreír de cualquier reunión de técnicos serios que se precien. Estamos a un milímetro de que los chistes empiecen con “Van un ingeniero de caminos, un industrial y un arquitecto en un avión…” y les dejo adivinar quien es el que se va a tirar con la mochila.
Se publica a bombo y platillo (Y como veremos, nunca mejor dicho esto de platillo) el ultimo concurso ganado por BIG en Suecia, el masterplan de un enorme nudo a tres niveles entre dos autopistas para el que Bjarke propone, háganme el favor de sentarse….
¿Lo ven bien? No, no es de mentira. Se lo juro por el Katia de Frank Gehry.
Does Starchitecture love Dictatorships?
Antes de tirárseme ustedes al cuello por el titulo, entiendan que no se trata de si a los starchitects les pone la democracia, son más del rollo anarquista o son directamente de dictadura y paso de la oca, algo que me da bastante igual. Más bien se trata de poner por escrito mis personales dudas sobre lo mucho y muy bien que florece cierto tipo de arquitectura cuando las condiciones son….digamos… “tangencialmente democráticas”, esto es: cuando no hay democracia o esta se encuentra totalmente pervertida.
Parece resultar evidente que las características de la arquitectura espectáculo, en la que la imagen “vendible” es incluso mas importante que el resultado “usable”, se benefician de entornos en los que la discrecionalidad, y a veces el puro capricho, son ley sin tener que dar demasiadas explicaciones.
El Mito de la Cabaña (Blue Harvest Style)
BSO No obligatoria para este post: Imperial March (John Williams) / Imperial March (rage Against the Machine) / Cantina Band (John Williams, Star Wars BSO).
Echen mano de sus recuerdos, allá por Estética y Composición de segundo (Llamada por algunos desaprensivos Es-tétrica y Des-composición aunque no por nosotros que siempre la tuvimos en el mas alto pensil de la excelencia universitaria) recordaran ustedes que un buen día en clase nos ponían la filmina (Si amigos, entonces había filminas, que viejo me siento pardiez) de la cabaña primitiva del abate Laugier.
El buen abate, que respondía al nombre completo de Marc-Antoine Laugier y que pertenecía a la venerable orden de los Jesuitas, compilo su teoría sobre el concepto naturalista de la arquitectura en el ensayo (anónimo en su primera edición, así de modesto era el hombre) Essai Sur L’arquitecture. Las teorías de Laugier se basan en una aproximación protoracionalista al hecho arquitectónico, emparentada con una filosofía de raíz naturalista (La naturaleza implica una suerte de bondad y la aplicación de sus principios es por definición bondadosa) y que tiene su expresión mas clara y definida en el mito de la cabaña primitiva que se convertiría en arquetipo base del texto.
La cabaña, en la imagen, es lo que hoy en cualquier cátedra de proyectos llamarían despectivamente la casita de Heidi y que solo colaría si viniera acompañado de muchos (Pero muchos eh?) esquemitas sobre la propagación del efecto de los rayos gamma sobre las margaritas. ¿Es esto criticable amigos? Permítannos afirmar con la rotundidad de una torre de hincar pilotes prefabricados por punta que no.
Y es que, a la postre, no nos engañemos: El abate Laugier es más antiguo que la cuerda del pozo, o incluso que el hilo negro, queridos compañeros.
Bellos y Graciosos
Parece que pasada la época de los fastos, la arquitectura del showbiz y los negaedificios insostenibles, de los presupuestos escritos en una servilleta y los modificados a lo que valga, por que yo lo valgo, esta habiendo una avalancha de entrevistas en la prensa generalista que trae consigo un cierto tufillo de “Cualquier tiempo pasado fue mejor….. para mi”.
Vimos ya la de Alejandro Zaera la semana pasada – por la que les agradecemos en lo que vale el magnifico debate -, asistimos algo asombrados a las de Eisenmann y Perea sobre el Gaias en múltiples medios de comunicación (sobre las que ya hablaremos, we promise) y el asunto no parece que tenga trazas de decaer. Es la hora de hacer balance. Eso si, un balance bastante peculiar.
Peculiar porque en casi todas ellas se respira por parte de las arquiestrellas -hace tiempo que se viene haciendo- una desconexión total con la realidad que les rodea: no solo con la crisis económica, empleada únicamente como coletilla al uso; tampoco en lo tocante a la sostenibilidad – Que ya es el nuevo Feng Sui, del que todo el mundo habla y que nadie en realidad tiene en cuenta – sino, sobre todo, en lo que respecta a las circunstancias propias que conforman los aspectos mas básicos de sus encargos y su relación con las (nefandas) instituciones españolas.
Tomemos un ejemplo breve y paradigmático, El articulo aparecido en Plataforma Arquitectura sobre la casita que Jacques Herzog se ha construido en Tenerife.
Misreading Bartleby
Hemos dicho aquí muchas veces que en esta profesión a veces lo importante es saber cuando hacer un Bartleby. Saber decir, como el famoso protagonista de la novela de Melville, ante unas circunstancias no deseadas o que van contra nuestra profesionalidad, nuestras creencias o que no consideramos apropiadas: “I’d prefer not to”. Preferiría no hacerlo.
Corregimos, lo importante no es saber decirlo, cosa que hasta un papagayo bien enseñado podría hacer, sino saber CUANDO y PORQUE.
Una entrevista en El País a Alejandro Zaera de reciente publicación empieza con la categórica afirmación de que el Madrileño sabe, como Bartleby, decir que no. No lo dudamos. Lo que afirmamos es que ni lo hace a tiempo ni creemos que por las razones adecuadas.
Nos referimos como imaginan al edificio del Campus de la Justicia de Madrid que FOA gano en concurso (En realidad lo gano una constructora con el proyecto de FOA, ya que el concurso era una de esas maravillas democráticas que se llaman “De proyecto y obra”). Es, curiosamente, el único construido. Lo primero que uno ve al salir de la T4 en Madrid. Es un edificio del que FOA se desentendió en su momento. Hablamos ya largo y tendido sobre el tema cuando el asunto era noticia y genero muchísimo debate en esta casa.















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