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Les suponemos enterados de lo que se nos viene encima con el plan Bolonia. Y con tantas otras cosas. Por ello, les dejamos aquí esta carta. Es de libre uso. De libre distribución. Léanla detenidamente, y si estan de acuerdo con ella, imprímanla, fírmenla (Cuantos mas mejor) y entréguenla en su Colegio. Pidan además que se remita copia al Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (CSCAE).
Y peleemos.
A la tencion del Decano del COA de – - – - –
Estimado compañero:
La profesión de Arquitecto esta en este país, en estos momentos, a día de hoy, en peligro. No es un simplista ejercicio de alarmismo lo que nos mueve a hacer esta afirmación, tan cruda como pueda parecer, sino el sencillo seguimiento de los acontecimientos que desde hace tiempo vienen sucediéndose de forma imparable.
Nos encontramos inmersos en el proceso de adaptación al espacio educativo europeo, el llamado plan Bolonia. Pese a los infinitos indicios de humo observados a lo largo de al menos tres años, nada se ha hecho para evitar que el fuego llegue a las puertas de nuestras atribuciones profesionales.
La situación, a día de hoy, es, resumida, la siguiente:
1.- Las carreras consideradas tradicionalmente técnicas, Aparejadores por ejemplo, pasan a convertirse en Graduados en Arquitectura Técnica o Ingenieros de la Edificación. Añádase así a lo que en su día supuso convertirse en Arquitectos técnicos el ser ahora Ingenieros.
2.- Siendo el punto anterior grave, mas aun lo es el hecho de que los Ingenieros Superiores pasaran a denominarse Master en Ingeniería. El Master, es el máximo titulo académico. Es el que permite acceder al doctorado.
3.- Los Arquitectos, pasaremos a convertirnos en Graduados en Arquitectura, desapareciendo así el titulo de Arquitecto, tal y como lo hemos venido conociendo.
Poniendo las cosas en perspectiva, sabiendo como sabemos que el intrusismo profesional es un mal de honda presencia en nuestra actividad profesional, el hecho de que pasemos a compartir denominación con los Arquitectos e Ingenieros Técnicos, así como el que nuestros principales competidores, aquellos con los que compartimos competencias, los ICCP, pasen a ser Master en Ingeniería, no puede por menos que preocuparnos y mucho.
Agent Desmitificateur
Cuando uno estudiaba, periodo
mesozoico, segunda mitad, a la vuelta de la segunda glaciación como quien dice,
había una serie de nombres de arquitectos que eran intocables.
Pesados como losas de mármol,
arrimarse a ellos era como tocar el santo grial, como blandir la excalibur,
como pasarle la lengua a las cuerdas de la guitarra de Jimmy Hendrix o como
rozar si quiera la bolita de la blackberry de Edans.
Todo lo que hacían era magnifico y
perfecto. Magnas eran sus obras, grande su cacumen. Sabias sus frases, agudos
sus comentarios.
Eran los Maestros. Con mayúsculas.
Los Senseis. La caña de España (O de donde fuera). En otras palabras, eran el
recopin con bodoques.
Todos se imaginan de quienes les
hablo. Le Corbusier, Mies Van Der Rohe, Frank Lloyd Wright y Louis Khan, eran
la división de honor. La Champions League. Las top models. El acabose, y ya
puestos, el empezose también.
Les seguía de cerca un grupete
apretado de secundarios de lujo, Aalvar Aalto, Aldo Van Eyck, McKintosh,
Stirling, Los Eames (menos), De la Sota, Oiza….
Vean, esta profesión es mitómana por
naturaleza. Mucho. Somos el equivalente vestido de negro Prada y con gafapasta
de una chica de 15 años que se desmaya al ver a los Jonas Brothers ondear la
melena.
Así que imaginaran que el hecho de que
desde el segundo cero de carrera te repitan sistemáticamente que “Los maestros
esto…”, “Los cuatro grandes lo otro…”, no hace sino incrementar esta tendencia endémica
a la adoración deifica del personal, sea este un fumador de puros berlines con
mala leche o un relojero con gafas de pasta y cierta tendencia a la misoginia.
Sin embargo uno se hace mayor, y si
esta equipado con un cierto carácter irónico (vulgo mala leche) algo de
curiosidad y, a que negarlo, su puntito petardo, va descubriendo que ni es oro
todo lo que reluce ni todo es tan grande como parecía. O al menos, que todos
somos humanos.
Muchos de ustedes conocerán estas
historias, algunas caen en el terreno de la leyenda urbana, algunas otras no
tanto. Si son estudiantes, y no las han oído nunca, recuerden que mitificar
nunca es bueno, porque en todos los armarios hay cadáveres.
1.- Mies decía que todos los
arquitectos deben ir bien vestidos, porque nunca saben cuando les pueden dar un
premio. Se ve que la sección francesa de los CIAM no recibió el memorando y se dedicaba a
menear el bullarengue lechosillo por las costas de Niza.
Rebelion en las aulas
Dado que es el principio de curso y que estamos aun con la galbana de las vacaciones les propongo un experimento en plan reality. Lamento decirles que el experimento, como todos, tiene sus riesgos. Pero esto no hace sino incrementar el interés.
Tranquilos no voy a proponerles algo en plan Paris Hilton en “The Real Simple Life”, ni van a tener que bailar ustedes nada vestidos de cogollo de Tudela en plan Fama. Es más sencillo que todo eso.
Por otra parte en este experimento solo podrán participar aquellos que aun estén en la carrera, y concretamente aquellos que no tengan la más mínima esperanza de aprobar proyectos ese año. Siempre podrían infiltrarse ustedes en una clase de proyectos a probar, pero si, como a mi, la caída del pelo ya les afecta, les advierto que la pillada puede ser espectacular.
Así que, si es usted estudiante, si esta en una escuela de arquitectura, (La de Alicante o la de Madrid van bien) y si este año ya esta usted mas p’alla que p’aca en Proyectos lea y participe hombre, que no le cuesta nada.
El experimento consiste en ir a clase de proyectos hacer una serie de preguntas y observar las reacciones del personal. ¿Fácil eh?.
Si consiguen ustedes algún amiguete que les grabe, y la reacción es la que esperamos (Nuestros profundos estudios así lo intuyen) puede usted ser el rey del canal arquitectura del Tube.
¿Preparados?, empezamos.
Exp1.- En clase de proyectos, empiece a describir su propuesta de la siguiente guisa:
“Lo he orientado al sur para aprovechar la luz natural dejando la cocina mas a norte. Los cuartos húmedos están juntos por razones técnicas para facilitar los patinillos de instalaciones.”
Posible Reacción (PR): Mirada atónita del profesor, murmullo bajo de sus compañeros y más que segura indicación de que usted es, realmente, un aparejador encubierto.
Exp2.- Cuando un compañero, o usted mismo, enseñen algo que parezca caro, carisimo, pregunte: “¿Esto no daría problemas con el presupuesto?”,
PR: Posible referencia a que eso es de ingeniero.
La mala educación
Hoy me he encontrado con un video en Plataformarquitectura. Tiene ya algún tiempo pero se me había pasado por alto. El video esta grabado en lo que parece una sesión critica en una clase de arquitectura, de proyectos por más señas, en la que el profesor invitado no es otro que Peter Eisenman.

(Aqui, el ínclito)
Tengo mi propia opinión sobre la arquitectura de Eisenman. La tengo también sobre sus escritos. Pero estas me las voy a guardar para otro dia.
Desde luego como profesor, es malo como la quina. Debe ser de esta bonita categoria de profesores de “A mi los alumnos que me vengan aprendidos”.
Por si no son ustedes muy duchos en la lengua de Shakespeare les diré que lo que le esta diciendo a la pobre alumna al principio del video es:
“Si pones a un mono delante de una maquina de escribir, nunca va a producir literatura la razón es que no sabe lo que es la literatura y no sabe que demonios esta haciendo en el teclado”
Que fino y que sutil es Peter cuando quiere. Que gentleman. Nunca me he fiado de esas pajaritas…
La estudiante, de Yale ella, no debe saber ciertas cositas que le pasan a Peter allende los mares. No debe saber que en Galicia concretamente, a quien de esta forma tan didáctica le anima, el proyecto Gaias se le ha ido de presupuesto al triple del original (unos 373,3 millones de euros en total). Entre las múltiples excusas esta la de que el había hecho un concurso de ideas y claro, luego había que hacer el proyecto que es otra cosa. Excusa aguerrida donde las haya. Sospecho que algunos (¡inocentes!) se presentarían al concurso intentando respetar el presupuesto original. A esto en mi tierra se llama engañar. O ganar engañando. O hacer trampas.
Otra de las explicaciones, dada por el consejero, es que se habían equivocado con los metros cuadrados y los habían multiplicado por dos. Mira tu que bien. ¿Algo naif no? ¿No hay una calculadora normalita en el estudio de Eisenman? Porque el Presto otra cosa no hará, pero sumar, lo que es sumar, suma solo. ¿O es que un “pequeño” desvío de 60.000 a 140.000 metros cuadrados pasa desapercibido?
En fin, no hay nada mas castigado que hablar, por que Peter, dear, por mucho que pongas a un arquitecto estrella como tu delante de un proyecto, nunca vas a conseguir que se ajuste al presupuesto, la razón es que no sabe lo que es y no sabe que demonios esta haciendo aquello entorpeciendo su magna obra… y lo peor es que no le importa.
Recuerdos y desacuerdos
Cuando entré en la escuela, paseábamos entre admirados y curiosos por los larguisimos pasillos donde se exponían los fines de carrera. Recuerdo con claridad que los proyectos eran casi todos “Fullaondistas”. Del modelo “choque de trenes” con alzados muy deconstruidos y plantas que mezclaban un grafismo a-la-Zaha con esquemas Bernard Tschumi Style.
Recuerdo que según avanzaba, parecía dominar cierta tendencia Campista. Cubos, cajas, cubos dentro de cajas, cajas cúbicas, cubos cájicos…. Lo mismo ocurría en otras cátedras, y recuerdo que había una cierta evolución natural… De los “Pepes” (o cualquiera de los profesores de su cátedra, sin catedrático entonces) a Campo, de Campo a Cabrero…
Recuerdo que nos arrodillábamos serviles ante Tadao Ando. Recuerdo una conferencia multitudinaria en el Pabellón León XII, donde, con su publicista al lado, nos contó que su perro se llamaba Le Corbusier (interpreten ustedes).
Recuerdo que hubo, justo después la anterior, una conferencia del bailador de minuetos. Recuerdo que nos enseñaba sus esculturas y luego sus puentes. Acababa de terminar el del alamillo, y ya parecía desproporcionado. Recuerdo que me pareció inconsistente. Me alegra saber que en algo no he cambiado en estos años.
Recuerdo una exposición en la arquería de nuevos ministerios sobre Tadao. El póster era horrible. Las maquetas tremendas. Recuerdo que nos preguntábamos por que narices aparecían tantos huevos y tantas elipses en los proyectos, pero claro, aun no conocíamos a Kazuyo (su primer croquis era un numero doble, delgadito, delgadito) y a Sigeru.
Recuerdo también que un poco después se publico SMLXL. Tengo memoria de que en un principio no lo compro ni el tato. Se notaba la diferencia entre los que lo compramos muy al principio y el resto, por que los nuestros tenían las letras amarillas y los demás naranjas. (qué clasistas éramos, vive dios, que ignorante es la inocencia) (posteriormente algunas ediciones las tienen moradas o incluso azules).
Recuerdo leer “Quien teme al Bauhaus Feroz”. Recuerdo empezar a cuestionarme cosas que hasta entonces bebía como ambrosía de los dioses.
Recuerdo el concurso del Prado. Recuerdo que me gustaba más la propuesta de Matos y Martínez Castillo. Recuerdo que Foster se retiro. También recuerdo el concurso de la fabrica de El Águila, y que fue la primera vez que oí hablar de Tuñón y Mansilla, que luego me darían clase.
Recuerdo una conferencia de Foster, justo antes del concurso de Barajas. Recuerdo que salimos flotantes y ojiplaticos (éramos muy impresionables). Supongo que era más la forma que el fondo. Foster nos traía el King Kong de Peter Jackson, y hasta ahora solo habíamos visto el de Dino de Laurentiis.
Recuerdo una corrección en clase de Campo con Julio Cano Lasso. Recuerdo que me impresiono la persona y el arquitecto. También que estaba Izaskun Chinchilla de alumna.
Recuerdo el Guggenheim en construcción. Recuerdo que hasta entonces Gehry era prácticamente innombrable en la escuela y que nos producía cierta gracia aquella puerta con los prismáticos y un interés relativo su casa de California. Nada que hiciera presagiar lo que vino después.
Recuerdo que hubo una época en que no sabíamos muy bien a que carta quedarnos en la escuela. Perea estuvo de moda. Pero se trabajaba hasta agosto. Soriano podía llegar a ser críptico, pero empezaba a sonar con fuerza gracias a Euskalduna. Abalos y Herreros sonaban a detalles constructivos. Ballesteros era divertido y liberador, lúdico si me permiten, casi como ver “Agarralo como puedas” después de una sesión de cine Irani de 8 horas. También resultaba a veces peligrosamente excesivo. Recuerdo que nos contó que estaba preparando una revista y que se iba a llamar “Pasajes”. Si no recuerdo mal, no le gustaba mucho el nombre.
Recuerdo que mi primer proyecto a ordenador fue el fin de carrera. Recuerdo que quedarse sin 0,1′s (cerounos) la noche antes de la entrega era un drama. Recuerdo las aguadas, la tinta sepia, los rayadores y el eterno cangrejo Leroy (que ahora se vende como objeto de colección). Recuerdo la papeleria Sancer y la reprogafia Faster (que no hacia honor a su nombre…)
Recuerdo que muy al final, se empezaba a hablar del “proceso”. Se empezaban a ver planos llenos de esquemitas.
Recuerdo que mi tutor de PFC fue Álvaro Soto. Recuerdo que ha sido de mis mejores profesores, y que aprendí cosas que aun hoy forman parte de lo que hago, o mejor, de cómo lo hago. Recuerdo que entregue el primero de mi convocatoria, cosa que no queria, porque me equivoque de hora.
Recuerdo estar la mañana que salian las listas de PFC tumbado en el cesped del Museo de Arte Contemporaneo (hoy del traje), viendo a unas bailarinas con tutú hacer barra, mientras esperabamos bebiendo unas cervezas y fumando nerviosamente. Recuerdo que la situacion era como de pelicula de David Lynch, epoca "Blue velvet".
Recuerdo aprobar.
Cuando he vuelto después a la escuela, he visto los fines de carrera como hacia con 18 años. Ya no hay choques de trenes. Pero hay blobs, y nurbs, y torres con la cabeza inclinada y proyectos viruta y espagueti y procesos. Y quizá todo es cíclico y nada es verdad ni mentira, y quizá alguien mas joven que yo pueda enlazar aquí y recordar también.
United Colors of Baeza
Ponzano Children es un centro de infancia promovido por el Grupo Benetton y el ayuntamiento de Ponzano. Acogerá a niños en edad preescolar de uno a seis años, y a bebés de entre 9 y 12 meses y tendrá una unas 100 plazas para los residentes de la población y trabajadores de Benetton.
El proyecto arquitectónico es de Campo Baeza en colaboración con Massimo Benetton, que han tratado de construir impecablemente no sólo desde el punto de vista funcional, sino intentando ofrecer una serie de secuencias espaciales diversas; un edificio vivo en el que los niños puedan soñar y ser felices.







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