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Cuestiones de Fe
Siempre he considerado que la crítica es elemento integrante de esta disciplina, entendida como un complejo ecosistema. Uno en el que el fallo de una de las partes empobrece –y no pocas veces pervierte- al resto.
No solo me refiero para esta reflexión a la crítica entendida como disciplina canónica, sino a la capacidad de cuestionamiento basada en el análisis y el desarrollo de una ética y un sistema de responsabilidades propios. Si son lectores habituales de esta santa casa, comprobaran que en el germen de muchos de los textos que aquí aparecen subyace ese interés (Para nosotros irrenunciable) por profundizar, comprender, analizar y cuestionar todo aquello de que una forma u otra configura el devenir de esta disciplina.
Solo a través de ese cuestionamiento, de esa critica si lo prefieren –despojada la palabra de las acepciones más pedestres- es posible un franco debate de ideas. Una contraposición de procesos, conceptos, corrientes… llámenlo equis. Solo cuestionándolo todo somos capaces de aprender y de mejorar.
Es muy probable, no obstante, que tras arduo debate, posicionamiento, acción y reacción, tesis y antitesis, llegue la cuestión sometida a análisis a un punto muerto, o que no se produzca acuerdo o síntesis alguna, sin que esto sea óbice para entender que es en el proceso anterior donde se encuentra la verdadera riqueza de una disciplina que debe, por su propia naturaleza, alejarse en lo posible de las cuestiones de fe apriorísticas que niegan la posibilidad de critica.
De ellas hemos tenido notable empacho en una década (Quizá más) en la que la divulgación se confundió con la critica. Nada en absoluto hay de malo en la primera –no quieran ver fantasmas aquí- y tan necesaria es como la segunda, siempre que su preeminencia no implique la sustitución fagocitaría de cualquier atisbo de análisis critico. Hablábamos al principio de un ecosistema en equilibrio que se descompensa, más aun, cuando esa divulgación evoluciona hacia el cenáculo, hacia el conciliábulo. Hacia el reparto de carnés por intereses determinados y que poco tienen que ver con el conocimiento y si con el pensamiento único -conmigo o contra mi- poco amigo de divergencias que agiten las aguas del estanque. El problema –y de nuevo, ejemplos hemos tenido- es que el agua tiende a estancarse.
En Busca de la Autocrítica Perdida.
El jueves 20 –pasado mañana- un día antes de que vengan los mayas con la podadora “Rajoy style”, estaremos en Barcerlona Roca Gallery. El tema a tratar: HORIZONTES a REHABILITAR. Ya nos conocen, hablaremos de lo que solemos hablar, pero quizá sea necesario añadir un punto más a la lista de cosas a rehabilitar: La autocrítica.
Publica Don Anton Capitel, catedrático de proyectos de la ETSAM, un artículo en su blog sobre Santiago Calatrava.
El artículo, que encontramos profundamente desafortunado, no puede empezar de peor manera.
Los arquitectos tenemos muchos defectos, pero no es uno de ellos el de ser compañeros de Santiago Calatrava. Calatrava no es arquitecto, es ingeniero de caminos. Como se puso a hacer puentes cursis y edificios malos y disparatados, alguien, tan equivocadamente como rozando lo delictivo, le dio el título de arquitecto, pero no lo es. Nunca ha cursado nuestra carrera, en ninguna parte.
Muerto el perro se acabo la rabia. Lejos de nosotros la funesta manía de analizar si, como es nuestra opinión, una buena parte del fenómeno (De circo, ciertamente, pero del Romano) no es atribuible a la profesión. La culpa de todo la tiene Yoko Ono, y el hecho de que don Santiago sea o deje de ser ICCP.
¿Por donde empezar?
La Niña de la Curva
De los productores de “Si marcas el teléfono de Dios es posible que descuelgue en Nueva York la secretaria de Santiago Calatrava” nos llega un nuevo hito reportero-periodístico, que deja a Edward Murrow a la altura de becario portacafeses, en forma de entrevista –ojo, con mensaje y con recado- a Zaha Hadid.
Lean, lean.
La Voz De Su Amo [Nunca Pasa Nada / Actualización I]
El Fiscal General del Estado, el señor Torres-Dulce, se descuelga para el caso Madrid Arena con las siguientes declaraciones:
Detrás de las macrofiestas como la del Madrid Arena en la que murieron cuatro jóvenes “hay todo un problema sociológico generacional, familiar, de estructura familiar, que hay que atender, pero sobre todo con la perspectiva de la legalidad”.
Se nota que aquí el Fiscal emana ya electricidad estática como para iluminar una ciudad de tanto pisar moqueta y estar lejos de la realidad. Eso, y que es un buen gregario, un cómodo perrito faldero pendiente del gramófono por el que suena la voz de su amo. O ama.
Para ilustrar al señor Torres-Dulce, baste un ejemplo:
Nunca pasa nada….
Vaya por delante que en esta casa solo sabemos de arquitectura y barrios aledaños. Y que lejos de intentar un análisis a lo enfant terrible imbecil (eso ya lo hace muy bien Sostres solito) el escrito que a continuación sigue nace de el hecho de estar a cinco días de una tragedia, una que debería ser impensable en un país que gasta una de las normativas en materia de seguridad y actividades mas musculadas del mundo, sin que nadie haya admitido el más mínimo fallo ni la más mínima critica. Quizá porque la normativa luce mucho músculo, pero es este falso… lleno de anabolizantes para quienes no asumen una responsabilidad ni ante lo más claro, dado que son excelentes –en este caso si- gestores del regate administrativo, el atajo, la chapuza y el legalismo fenicio poco claro.
¡El Apocalipsis Va a Llegar!
Parte de lo más perverso del discurso neoliberal bebido, tragado y procesado hasta convertirlo en una papilla de fácil digestión, es que se presenta a sí mismo en una miríada de acabados que van del esplitado rugoso de Joaquín Torres por la vía de lo burdo, a un muchísimo más peligroso brillante epoxi en tono apocalipsis.
Es éste último el más perverso, o al menos el que personalmente me resulta más enervante, por lo que tiene a partes de iguales de falso y de simple estratagema para epatar y engordar el ego, ignorando por el camino que –en su afán por ser “más radical que naide”- está haciendo en muchos aspectos la jugada al poder. A uno del que precisamente reniega, para más y descacharrantes señas.
En este tono apocalíptico de Charles Bronson en “Yo Soy la Justicia”, se enmarca para mi la entrevista a Manuel Ocaña en Plataforma Arquitectura.
Podría parecer que la coincidencia es elevada en algunos aspectos. Y no seria en absoluto así.
Bienal. Reprise
Les prometo que no es por llevar la contraria por sistema ni por insistir.
Les juro que no es por ser malo. Quienes me conocen saben que soy dulce, se diría de algodón.
Pero oigan, es que esto me parece preocupante.
Siguen los titulares sobre la Bienal de Arquitectura, y queda claro que aquí quien manda… manda. Y que la tónica general es leerse la nota de prensa y no usar el cerebro para nada que implique un mínimo interés por analizar si lo que allí pone es verdad… o no tanto.
Así, gracias a los últimos titulares, sabemos que:
El Mismo Barco
Corren tiempos extraños. Tiempos en los que quienes antes callaban sus extremas y perversas teorías no tienen empacho hoy día, metidos en un marasmo compuesto de primas con riesgo y cinturones que ya no tienen ni agujeros de apretarlos, en –Como Julio Cesar- gritar “Devastación” y acto seguido dejar escapar a los perros de la guerra.
Entre ellos, entre los perros se entiende, el que se esta poniendo mas gordo es el que consiste en la suprema y perversa teoría de la inversión de la culpa. El infierno, como todos sabemos, esta siempre en los demás. Las penas (y las culpas) compartidas son menos
En esos demás que han vivido (todos, claro) por encima de sus posibilidades. Que viven (todos, ¿eh?) en casa de sus padres mientras cobran los exiguos 400 euros que les separan de la pobreza total.
Todos incluidos los trabajadores de la cosa esta nuestra de la arquitectura, que por lo que nos cuentan algunos desde (Que ironía) el Huffington Post, no nos damos cuenta de que (Y cito):
Si no se han levantado, indignados, a pegarle un trago a lo más cercano que tengan con alcohol para templar los nervios, sigan leyendo.
Barrer Una Esquina
Un post más caballeroso para tiempos menos oscuros que estos,
En una entrada relativamente reciente en su muro el magnífico Fredy Massad se preguntaba, sobre una ¿Instalación? ¿Decoración? ¿Proyecto? De Kengo Kuma para un Starbucks, si su publicación era resultado de lo incuestionable de su calidad o de la firma al pie de los planos, cosa con la que estoy completamente de acuerdo.
No obstante, siendo como soy, y viendo la ¿Tontuna? ¿Performance? ¿Idea feliz? de Kengo, lo primero que se me ocurrió es:
¿Esto como se limpia?
Puede parecerles una tontería, una pregunta divertida, una boutade pero, en una profesión que alardea como ninguna otra de su compromiso con facilitar la vida a los demás:
¿Sabemos, sin ir más allá, como se barre una esquina?
O mejor dicho, ¿En que punto dejo de preocuparnos, como arquitectos, una cierta domesticidad, una realidad testaruda de la cosas?
Chiringuito Mon Amour
Bienhallados todos. Tras el paréntesis vacacional (Siempre he querido escribir esto oigan) que tampoco ha sido mucho porque ha sido una semana (Magnifica la vida del autónomo, si señor), aquí nos tienen de nuevo dispuestos a empezar el curso con ánimos renovados y la consabida carga de vitriolo que nos acompaña.
Y que mejor manera de empezar que haciendo elogio de esa figura que puebla nuestros espacios públicos y playeros: El chiringuito.















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