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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

Not Tested on Interns

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Imagén del libro de Aleix Saló "Simiocracia". Un "trabajador" de un "estudio" de arquitectura.

Imagen del libro de Aleix Saló “Simiocracia”. Un “trabajador” (esclavo) de un “estudio” (galera) de arquitectura.

Llamaba la atención la semana pasada un articulo publicado en Dezeen en el que Sou Fujimoto definía el sistema de trabajadores no pagados –y por tanto, explotados- como “nice”. Simpático, divertido o “bueno” (En una acepción algo simplificada del ingles que corresponde mas a “good” y que anula ese componente lúdico-festivo (y en este caso impresentable) que conlleva el “nice”).

Analicemos el asunto.

Se extendía Mr. Foujimoto –entrando ya en un jardín ético más agreste que el Amazonas- en una serie de consideraciones, dignas de quien no tiene los pies en el suelo de la realidad o está dotado de una cara más ancha que su espalda, en las que nos confiaba el descubrimiento de un debate –y cito- “sobre si trabajar gratis es bueno o malo”, debate este más propio de un suburbio dickensiano del siglo XVIII o de una estructura feudal salida de Game of Thrones, espadón en mano.

Llegaba su –kafkiana- irrealidad al extremo de descubrir la competencia desleal…. pero por el extremo inverso-plañidera, cuando afirmaba -quejándose sin empacho- que de tener que pagar a los esclavos para que pasaran a ser trabajadores (No con estas palabras, por supuesto) podría tener muchos menos y no podría por tanto “ofrecer tal oportunidad para los estudiantes o los jóvenes de ganar experiencia en arquitectura”.

Valiente oportunidad, el aprendizaje de un sistema corrupto y explotador.

Repetía así Mr. Fujimoto el vergonzante criterio expresado, tan alegre como inconscientemente, por una Benedetta Tagliabue encantada de haberse conocido que ofrecía su peor cara al reconocer –sin rebozo ninguno, tampoco- que se dedicaba al perverso arte de cambiar mano de obra explotada por una “experiencia” que tanto en ese inmoral ideario como por lo visto en de Mr. Fujimoto, pasaba a convertirse en moneda de cambio de un chantaje vergonzoso.

En fin, nada que no supiéramos, pero sirve la entrevista para dos cosas.

La primera para comprobar la existencia de una generación de arquitectos que han comprado sus propias mentiras hasta interiorizarlas tanto como para darle visos de normalidad a lo que es, sencilla y llanamente, repugnante (Cuando no probablemente ilegal). Esta distopía –impulsada no pocas veces por unos medios y unas instituciones sorprendentemente silentes y acomodaticios- llega al extremo de haber superado a la generación anterior, que práctico esta lacra laboral con fruición pero de forma silente y sin hacer referencia a ella de forma tan descarada. Magro consuelo este, lo sabemos, que al menos evitaba esta exhibición impúdica de falta de ética en la que parece tomarse por tontos al resto de profesionales que cumplen, honradamente, con la legalidad.

Perdido ese miedo y espoleados por un entorno –profesional, institucional, mediático…- que no solo no les señala como auténticos puntos negros estructurales de la profesión (Competencia desleal, falseamiento de precios, denigración del trabajo, etc.) sino que suele además aplaudir su trabajo escindiéndolo completamente de los medios con los que se produce, lo que queda es un canto a la desvergüenza mas miserable y carnívora.

[Sobre este aspecto lean el altísimamente recomendable artículo de Fredy Massad al respecto de la misma entrevista]

Resulta curioso, por tanto, que una sociedad occidental acostumbrada a poner el grito en el cielo ante ciertas cuestiones –aunque ese grito venga cargado de moralina y responda a las estéticas necesidades de lo políticamente correcto- acepte sin cuestionamiento ninguno aquello que es –glamour impostado aparte- exactamente lo mismo, sustituyendo las maquinas de coser oxidadas del sweatshop por ordenadores Mac.

El ejemplo de Mr. Fujimoto –o el de la propia señora Tagliabue- pasan de forma inexplicable para la arquitectura, y sin embargo podemos imaginar lo que ocurriría si quien hiciera las declaraciones no fuera un arquitecto “de reconocido prestigio” sino –por ejemplo- un fabricante de calzado deportivo que alabara un sistema de aprendices (Realmente trabajadores, pues no están sujetos a una beca de formación y su trabajo forma parte de la estructura productiva de la oficina) no pagados o que se atreviera a plantearse si –en pleno siglo XXI- existe un debate sobre lo bueno o malo que es trabajar sin cobrar (Es decir: la esclavitud).

Este debería ser por tanto el objetivo primario de nuestras instituciones. Unas que tradicionalmente han ocupado la posición –equivocada- de una suerte de pseudopatronal, más pendiente de los paños calientes y de mediaciones vergonzosas (Aun en el recuerdo como se paralizó una campaña de inspecciones de trabajo con la mediación de cierta decana) que de defender a quienes son las victimas de este sistema: Los trabajadores explotados y aquellos otros arquitectos que ejercen su profesión de forma honesta y ven como la sucia competencia desleal de otros, a quienes no puede llamarse en puridad compañeros, destroza precios y denigra las condiciones de trabajo normales del sector. Y para ello, siento ser tan claro pero lo soy tanto como lo son quienes no se avergüenzan lo mas mínimo de su falta de ética, lo primero es una cuestión de visibilidad. De decir alto y claro que no es lo mismo una cosa que su némesis.

Y si bien hasta ahora las acciones llevadas a cabo por el Consejo y otras instituciones entre las que incluimos a las ETSAs –aplaudidles, no cabe duda- han tenido el problema de ser “finalistas”-esto es: haciendo recaer sobre el explotado la capacidad de denuncia mientras se mantenían a la espera- la realidad impele a la toma de otras medidas mucho mas activas y que pongan coto no ya al carajal laboral que nos corroe por dentro (Doctores tiene la iglesia y la Inspección de Trabajo) sino también a la desvergüenza y la impunidad ética y profesional con que ciertos personajes han acostumbrado a desenvolverse.

Seremos más claros: Parece necesaria, e imperiosa, la creación de un sello de calidad laboral:

“UNPAID / EXPLOITED WORKERS FREE”

Proyecto Libre de Explotados

Proyecto Libre de Explotados

Que viene a ser como el “Not tested on animals”… pero en versión becario / arquitecto.

Y asumimos que es altamente surrealista que en pleno siglo XXI en un país del primer mundo, miembro de la unión europea, haya llegado esta profesión hasta este extremo, pero como comprenderán es la respuesta adecuada a la –chulesca- exhibición de i/alegalidades y faltas de respeto como las que encabezan este articulo.

¿Su aplicación? Sencilla. Es un sello voluntario. Uno cuyo objetivo no es señalar a los explotadores, sino reafirmar a los honestos. Uno que evite la cara de tontos que adquieren progresivamente quienes no solo tienen que competir en condiciones de absoluta e ilegal desventaja, sino que tienen que soportar el infame aderezo de la elevación a los altares de quienes ejercen tales artimañas por parte de instituciones públicas que deberían comportarse con muchísimo mas criterio o por parte de sus propias instituciones.

Así, el sello es voluntario pero será NECESARIO (Auditoria -sorpresa- mediante) para poder:

-Acceder a cualquier concurso promovido por una institución pública o pagado con dinero público.

-Acceder a la posibilidad de ser seleccionado para cualquier premio, bienal, homenaje o similar en cuya intervención contribuyan nuestras instituciones u otras sufragadas con dinero público o de derecho público. (Premios de los COA, Bienal de Venecia, etc.)

-Ser publicados en cualquiera de las revistas editadas por los COA, el CSCAE o por otras entidades públicas.

-Ser expuestos, o incluidos en exposiciones sufragadas por nuestras instituciones o por cualquiera otra de derecho público promovida por instituciones públicas o pagada con dinero público.

- Cobrar un sueldo público como profesores de una universidad pública.

Etc. etc.

En resumen, un sello ISO en su versión laboral, -con su correspondiente auditoría-exigible al menos para evitarnos que en cuestiones públicas o relacionadas con las instituciones que deben defendernos -y que sostenemos todos- se ejerza no solo la falta de ética y la competencia desleal, sino también el descaro supremo de alardear de ello.

Los arquitectos de SHoP, estudio neoyorquino, han publicado recientemente –hartos quizá de lo que se ha llegado a admitir como “normalidad” en este gremio demasiado acostumbrado a creerse especial para estas cuestiones- una valiosa declaración al respecto. El RIBA exige a sus miembros que acepten como condición para pertenecer a la institución la obligación de pagar a sus “interns” (Y entendemos que por supuesto a sus trabajadores) y aceptan someterse a una inspección sorpresa que afecta anualmente a un 5% de los miembros. Las palabras de su presidenta Angela Brady no pueden ser mas claras, y en buena medida me hubiera gustado escucharlas de nuestros representantes.

Y con todo, lamento decir que no son suficientes y que, en este país, en este punto, la actitud debe ser activa. Que no debe solo -como hemos dicho- recaer en el eslabón más débil de la cadena –el trabajador, el becario, el estudiante- la completa responsabilidad de vigilancia, sino que deben ser esas instituciones (RIBA, COAs, ETSAs, CSCAE, etc.) quienes defiendan de forma clara, activa y sin medias tintas un ejercicio ético, responsable y honesto de la profesión.

Ganaremos con ello todos y solo perderán quienes están dispuestos a hacer de la explotación moneda de cambio y chantaje, importándoles muy poco la disciplina y su integridad y muy mucho su propio e inmoral beneficio a costa de los esfuerzos de aquellos a quienes vilmente explotan, tornando su entusiasmo y su vocación en simples escabeles en los que apoyar su ego.

Ganaremos la reversión de una normalidad perversa, que jamás debió serlo y que aun estamos a tiempo de denunciar y parar.

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Written by Jose María Echarte

junio 11, 2013 at 18:20

3 comentarios

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  1. JM:
    Con mi título debajo del brazo, última promoción de la ETSAM del siglo XX y logro “colocarme” en un estudio “de prestigio”. Tercera jornada, llega la hora de irse y nadie se mueve.

    Todos siguen, pasa una hora y nadie hace por irse… dan las 11:00 de la noche y un novato servidor pregunta:

    – ¿Pero que pasa?…
    – No.. es que los jefes ha decidido acabar la entrega del viernes antes de tiempo y…
    – ¿Y donde están?…
    – ¿Quién?
    – ¿Los jefes?
    – Cenando…
    – ¿Y que cenamos nosotros?
    – Mejor desayunamos…

    Aparecieron los jefes… y un servidor les cantó las cuarenta
    La única contestación que me dieron fue “que debería estar tan agradecido por trabajar con ellos que incluso debería hacerlo gratis”.

    Un servidor se largó al día siguiente. No me echaron, me largué.
    Esto me ocurrió hace 14 años.

    No quiero ponerme como ejemplo de nada pero es de las cosas que más sartisfacción me ha producido en mi vida. Esta actitud debería ser más fuerte que pensar que eres alguien regalando tu vida a alguien que tiene fama profesional. Para mi esta actitud silente de muchos estudiantes y recién titulados es peor que la ética de un programa de faranduleo de la TV. Y no me vale alegar desconocimiento, falta de criterio, etc.. en mocetones titulados superiores en muchos de los casos.
    Me largué porque si me quedo les acabo denunciando a trabajo.

    ¿Cuantos de trabajadores explotados en estudios de arquitectura han denunciado a trabajo su situación laboral?
    ¿Ocurren esta contrataciones “gratis” en un gabinete de Ingenieros?
    Con esto quiero alegar que creo que gran parte de la culpa es de dos partes sin querer justificar comportamientos impresentables e inmorables de la parte pseudo-contratante.

    Abrazotes

    Panglos

    junio 11, 2013 at 22:42

  2. exacto panglos, yo vivi una experiencia similar. Lo que mas me sorprendio no fue la intención explotadora de los jefes, sino la borrueguez sumisa y callada de mis compañeros, el mirar a otro lado, taparse los oidos o seguir como seres lobotomizados mirando la pantalla de ordenador sin inmutarse cuando les arengaba con mis propuestas de rebelión ante esa situación tan penosa. Al mes me largué y empece a buscarme los trabajos por mi cuenta. El día que me fuí, mis compañeros casi ni se despidieron de mí por hereje y “malrollista”. Allí se quedaron, abducidos por la pantalla, con el click click incesante del ratón. No hay jefes sin exclavos

    Chito

    junio 16, 2013 at 13:41

  3. El siguiente vídeo contiene declaraciones que pueden herir gravemente tu sensibilidad como arquitecto.

    Supongo que en entradas anteriores ya habréis tratado el tema de la LSP y, aunque aquí no toca, ayer me encontré con este vídeo ( http://videotecahtml5.es/informaciontv/media/alicante-hoy-parte-2-16-de-enero-de-2013 ) en el que el Presidente del Colegio de Ingenieros Industriales de Alicante demuestra una sorprendente incultura y falta de respeto hacia otras profesiones. Lo más sustancioso se escucha a partir del minuto 10 y, la verdad, no soporté muchos más.

    A los ingenieros les propondría un pacto: los titulados hasta el día de hoy nos dedicamos a hacer cada uno lo que han sido nuestras atribuciones tradicionales y a partir de ahora se unifican todos los estudios de ingeniería y arquitectura en una sola carrera (les dejamos elegir el nombre) y los nuevos súper titulados pueden hacer de todo: puentes, viviendas, invernaderos, autopistas, centrales nucleares, aviones, trenes, puertos… ¿Aceptan?

    Saludos

    Yo robot

    junio 18, 2013 at 21:03


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