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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

El Mismo Barco

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Vamos, que no llegamos a la entrega.

Corren tiempos extraños. Tiempos en los que quienes antes callaban sus extremas y perversas teorías no tienen empacho hoy día, metidos en un marasmo compuesto de primas con riesgo y cinturones que ya no tienen ni agujeros de apretarlos, en –Como Julio Cesar- gritar “Devastación” y acto seguido dejar escapar a los perros de la guerra.

Entre ellos, entre los perros se entiende, el que se esta poniendo mas gordo es el que consiste en la suprema y perversa teoría de la inversión de la culpa. El infierno, como todos sabemos, esta siempre en los demás. Las penas (y las culpas) compartidas son menos

En esos demás que han vivido (todos, claro) por encima de sus posibilidades. Que viven (todos, ¿eh?) en casa de sus padres mientras cobran los exiguos 400 euros que les separan de la pobreza total.

Todos incluidos los trabajadores de la cosa esta nuestra de la arquitectura, que por lo que nos cuentan algunos desde (Que ironía) el Huffington Post, no nos damos cuenta de que (Y cito):

Cualquier empresario o empleado, debe intentar generar más en todos los sentidos, cumplir con los horarios no es suficiente, cumplir con las entregas tampoco. Ahora se necesita una unidad corporativa fuerte, tanto para empleados como para directivos, sentir que estamos juntos en el mismo barco

Si no se han levantado, indignados, a pegarle un trago a lo más cercano que tengan con alcohol para templar los nervios, sigan leyendo.

Más. En todos los sentidos, nos dicen. Lo curioso es que quien escribe el articulo es arquitecto (De hecho nos habla de “cumplir con las entregas”). Y por muy fuera de la realidad que se este, siendo arquitecto en este país y conociendo mínimamente este sector hace falta ser muy perverso para escribir lo anterior (y ya puestos todo el resto del articulo) sin que se le caiga a uno la cara de vergüenza.

¿Mas? ¿Qué es más? Que lo es en un sector en el que la irregularidad y la ilegalidad laboral campán a sus anchas. En el que los ERE’s vienen con un sencillísimo “no vuelva usted mañana” y un cambio de la cerradura del estudio.

Que es más cuando hemos convertido a la generación de arquitectos mejor preparados de nuestra historia en becarios de 40 años o en prófugos de su propio país.

¿Que es generar más en este sector? Quizá habría que llevarse el cepillito de dientes y la almohada a los estudios, donde no se pagan horas extras (Nunca, jamás) porque como nos contaba hace poco Julen Asúa (Otra gran perdida para la arquitectura de este puñetero país, empeñado en echar a sus mejores) las horas extras “no lo son”. Aunque lo sean.

Cumplir con la entregas, a lo que se ve, no es suficiente. Ni siquiera cuando se cumple con ellas echando mas horas que un reloj sin que te las paguen, sin que haya un contrato que te respalde. Sin seguros sociales. Completamente vendido. Soportando sobre tus bonitos y solitarios hombros la posible responsabilidad civil de una repetición contra ti por daños porque eres un falso autónomo sin conexión contractual ninguna que te soporte con la empresa.

Y las vacaciones. Ah las vacaciones. No contento con lo anterior, el redactor del artículo nos dice que:

La cultura del bienestar ha hecho que estemos más preocupados por nuestro ocio que por nuestro trabajo, más preocupados por nuestras vacaciones que por el funcionamiento de la empresa donde uno trabaja.

Por favor, si no es molestia… ¿Qué vacaciones? Porque hasta donde recuerdo las vacaciones son un derecho del que no goza prácticamente ningún arquitecto “contratado” de los miles que malviven en los estudios españoles.  No vienes, no cobras. Es así de simple.

Quiere encima quien escribe semejante cúmulo de lugares comunes que en esas circunstancias haya quien se preocupe por la empresa en la que (no) trabaja. Y leen bien: (no) trabaja, porque a todos los efectos no existe. No debería estar allí. Es un autónomo, recuerden. Es lo que hay. Ya sabes como va esto.

Esto siempre se ha hecho así.

¿Saben que es lo más triste? Que aun con todo lo anterior, las miríadas de profesionales a los que se ha maltratado hasta la desvergüenza han dado liebre por gato todas y cada una de las veces. Han pasado noches en vela una tras otra para cumplir con las entregas y para ganar concursos en nombre de sus repugnantes explotadores. Que han sido la mano de obra más barata, más silente, más esforzada y comprometida que imaginarse pueda. Una a la que se ha pagado sus esfuerzos con un portazo en las narices y las acusaciones de que cuando alguno -en todo su derecho y con toda justicia- demandaba a sus impresentables “contratadores”, lo hacia porque no entendía como funcionaba esto.

Supongo que quien el artículo escribe tendrá a todos sus trabajadores en regla (Lo digo sin ironía). Y esa es la segunda tristeza. Que este lugar común imbecil y perverso de reversión y reparto de la culpa, este para todos café desenfocado e idiota le perjudica en primer lugar a él.

El razonamiento simplón olvida que los pocos que han intentado, o intentan, cumplir con sus obligaciones legales y tratar con justicia a sus trabajadores, se enfrentan a una situación en la que la vastísima mayoría juega con las cartas marcadas. Con unos gastos reducidos por la vía de la ilegalidad hasta lo ridículo y que nos afectan –y nos perjudican- a todos, reduciendo honorarios, con bajas fuera de todo sentido a menos que se tenga un sweatshop clandestino, cambiadas las maquinas de coser por ordenadores y los niños de la india por becarios, interns, o cualquier otro eufemismo que imaginarse pueda.

Competencia desleal lo llaman, querido amigo.

No es a quienes han demostrado de sobra su sacrificio y su capacidad a quienes hay que pedir más. Es a quienes hay que dar más. O al menos lo que es legal y justo. Habrá que pedir más en todo caso a una generación completa de arquitectos que (salvo muy honrosas excepciones, siempre encomiables) ni ha sabido ni ha querido pasar el testigo.

Que no ha sabido estar a la altura y que ha convertido la estructura laboral de la profesión en un mal chiste, un gigante con pies de barro abocado al colapso.

La realidad, lejos del cliché, es que puede que hayamos estado todos en el mismo barco, pero hemos estado en esta pose:

Unos encadenados al remo. Otros dándole al tambor.

En esa situación, el café para todos y el reparto de culpa me perecen una perversión, un echarle limón en la herida (con saña) a miles de profesionales que están huidos de su propio país o, peor aun, están en la calle con una peligrosa edad –cercana a los 40 arriba o abajo- después de haberse dejado la vida en estudios-galera en los que se pagaba religiosamente el contrato de mantenimiento del plotter pero no había por lo visto para seguros sociales.

A estas alturas, que el que marca el ritmo de boga quiera unos guantecitos porque le salen ampollas de darle al tambor, comprenderán ustedes, no es exactamente igual que irse al fondo con la galera. Y pretender que lo sea es, simple y llanamente, una falacia.

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Written by Jose María Echarte

agosto 16, 2012 at 20:07

5 comentarios

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  1. Inspecciones laborales es lo que hacen falta y muchas. Estudio que conozcamos con esas practicas, denunciarlos directamente a empleo.

    Anonimous

    agosto 16, 2012 at 22:29

  2. No entiendo como se le puede dar una tribuna a este tipo para hablar “en serio” de nada pero al menos ha valido para que vosotros pongáis una vez mas sobre la mesa uno de los temas que han dado al traste con nuestra profesión.
    Al hilo de la competencia desleal entre oficinas legales e ilegales (en lo que a contratación se refiere) querría apuntar que también se da entre empleados: qué posibilidades hay de conseguir unas condiciones laborales dignas cuando otros se venden por casi nada? Que no se me mal interprete: el mango de la sartén lo suele tener el empleador y en él recae la mayor parte de la culpa, pero por no habernos hecho respetar, además de víctimas de nuestros jefes, hemos sido verdugos de nuestros compañeros.
    Un saludo.

    JuanH81

    agosto 17, 2012 at 11:05

  3. El punto más alto por debajo del púlpito era el patíbulo. Yo cuando leí el artículo me pareció que algo había cambiado radicalmente cuando alguien puede decir eso y sus propios compañeros no se indignaban lo suficiente como para generar un rechazo colectivo.

    Bea Solache (@Gaubett)

    agosto 18, 2012 at 11:44

  4. Este individuo siempre ha vivido fuera de la realidad.
    Conociéndolo, sería muy ingenuo quien pensara que habla con conocimiento de causa. Supongo que por eso sus propios ‘compañeros’ han pasado.

    Rhevan

    agosto 18, 2012 at 20:43

  5. No se si has escrito la entrada por la petición que hice, motu propio o una mezcla de ambas. En cualquier caso, gracias.
    Yo traté de comentar algo en el Huffington Post y me censuraron, supongo que me pasé de rosca. Pero que alguien que terminó la carrera con 40 añazos, que su primera obra fue la casa de su papi, de más de 2 millones de euros y donde, cito, “mi única limitación ha sido mi talento” y que se jacta públicamente de no ir a las obras porque no le gusta, no tiene la autoridad moral para venir a monsergar a nadie sobre la cultura del esfuerzo y muchísimo menos a los arquitectos, aún suponiendo que en España el arquitecto empleador tuviese una relación contractual con el arquitecto empleado que pudiese calificarse de ejemplar.
    Y de rondón, el Huffington ha perdido un lector (algo me dice que más de uno), lo siento mucho por Monserrat. Primero por dar púlpito a un cantamañanas como este y segundo por censurar un comentario que era muy similar a lo dicho aquí, donde ni siquiera le llamé cantamañanas. Espero que no me censuréis vosotros…
    Repito, gracias José María.

    JCM

    agosto 20, 2012 at 9:30


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