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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

Las Reconversiones

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Reconviertete, Luke, y juntos dominaremos la galaxia. Solo que yo más, claro.

En este país ha habido varias reconversiones. No les cuento como han acabado, por no ponernos trágicos desde el principio. Baste como ejemplo la de los años 80, o la segunda de los 90, en las que, con la excusa de modernizarlas, nos cargamos integras nuestras capacidades productivas industriales abriendo la puerta a esa otra industria que hemos monocultivado con fruición: La construcción.

Pero no entremos en digresiones. Reconvertirse. Reinventarse. Palabras que se escuchan con cada vez más frecuencia en el entorno de la arquitectura española.

A la fuerza ahorcan. Lejos de los pausados cambios necesarios, lejos de una muy necesaria especialización, de una racional redefinición del oficio y la profesión de arquitecto (Y con ella de su aprendizaje), nos encontramos con una carrera sin freno, un desnortamiento, en parte provocado, alimentado no pocas veces por espurios intereses cuyos objetivos son muy otros como veremos.

Recuerden, esto es España, uno de los países con mayor número de escuelas de arquitectura, con un porcentaje mas bajo de habitantes por arquitecto. Un país en el que se publican en nuestras instituciones ofertas de trabajo para profesionales a precio de delineante calcador (Y sin garantías laborales, ni seguros sociales). Un país en el que el paro alcanza a un 35-40 % de la profesión.

Es mas que evidente que con un elevadísimo numero de arquitectos en activo (Entiéndase: Con titulo) y la ingente cantidad de alumnos que llenan el –ridículo, por elevado- numero de escuelas, sumados a la necesidad de crecer racionalmente, la imagen tradicional del arquitecto en su estudio debe pasar por una necesaria reinterpretación, o mejor dicho, debe adaptarse a los tiempos que corren.

Ahora bien, uno empieza a ponerse los guantes de latex y las gafas de mirar las cosas con lupa cuando encuentra editoriales que con ejemplos que resultan risibles y análisis sobre “proletarizaciones” que mas valdría revisar con propiedad, emplean esta –repito- necesaria adaptación como excusa para mantener un penoso (Y denigrante) estatus quo, basado en la exaltación de parte de los mecanismos y errores que nos han traído hasta aquí y que benefician, como suele ocurrir, a unos pocos.

La emplean, sin ir más lejos, para defender una formación universitaria, técnica y humanista nos dicen, que, sin negar sus múltiples luces, vive en demasiados casos enfangada en una rancia moralina dirigista (Los buenos, los malos. Lo que hay que hacer, lo que no) cuando no de la banalización de la profesión, del concepto de investigación trasmutado en irresponsable especulación o de la conversión de las profundas bases sociales de arquitectura en una suerte de pretecnología con performances, autosatisfecha y de mínima profundidad intelectual.

Vean, llevo 12 años de profesión. He trabajado en una variada cantidad de labores y desempeños mas o menos (mucho menos) relacionadas con lo que yo pensaba que hacia un arquitecto. Y la realidad no es ese cliché de “Carrera técnica y humanista” que tanta inconsistencia empieza a esconder en el sistema universitario español, sino que lo qué me enseñaron en la escuela los (pocos) profesores interesantes que tuve -Importando poco si eran de calculadora o de libro de Deleuze y Guatari- fue a buscar, a estar atento, a interesarme por todo para destriparlo después, a tener curiosidad, a querer mejorar, a investigar como parte de un proceso vital. Y con eso, con ese interés atento, afilado, es con lo que se puede hacer (casi) cualquier cosa.

Entre otras, cuestionar el sistema, y a determinadas camarillas y grupos de poder cuyo único interés es, según vamos viendo, que todo cambie para que todo siga igual.

Cuyo objetivo es convencernos de que estudiar una carrera de 6 años (en el mejor, y escaso, de los casos) para acabar de repostero –con todos los respetos para tan digna profesión- es magnifico. Es el futuro. Es la reinvención que buscábamos, mientras los guardianes de las esencias arquitectónicas (A quienes mucho de lo que ocurre debemos) transportan la llama de la profesión hasta el próximo milenio. Unos guardianes que hace no mucho seguían, públicamente, defendiendo una estructura profesional basada en la explotación como única salida lógica y normalizadamente aceptable y que se han aprovechado de ella con denuedo. Esos grupos que han creado el sistema perfecto: Trabajadores entregados a la causa, dispuestos a todo por una miseria. Trabajadores a los que ahora, puestos en la calle por dos gordas, los mismos grupos quieren convencer –sutilmente- de que la alegría esta en estas –muchas veces, no nos olvidemos, forzadas- reinvenciones.

Unas que no lo son en realidad. Que nada tienen que ver con las magnificas iniciativas personales y grupales de quienes han sabido (O están sabiendo) adaptarse, aprender de nuestros errores. De quienes –este yo más o menos de acuerdo con sus hipótesis y propuestas- trabajan en infinidad de direcciones entre las cuales bien podría estar nuestro futuro.

Una reinvención falsa. En la que nada cambia. Una que viene de los mismos grupúsculos repulsivos que han intentado convencernos de que la emigración que la profesión esta viviendo (La perdida masiva de talento que sufre el país) es poco menos que una divertidísima excursión en el ínter-raíl (A la que ellos no piensan apuntarse, claro está).

Una, en definitiva, en la que lo que se nos vende es que debemos dar gracias y alegrarnos por descargar camiones, muy arquitectónicamente eso si, mientras al volante siguen sentándose los de siempre y los que debieran dirigir el tráfico están a la cuarta pregunta.

Adoremos, todos, al Hipnosapo.

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Written by Jose María Echarte

abril 18, 2012 at 18:41

Publicado en General

7 comentarios

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  1. Me gusta la frase de hacer que todo cambie para que siga igual, aunque no creo que sea del todo cierta.
    Cada sociedad demanda los profesiones que cree que necesita, si en España se utilizara todo el potencial de los arquitectos que forma, se vería mucha más arquitectura en cualquier lugar, pero la arquitectura es o era el Gran Negocio, no importa hacer arquitectura sino ganar dinero.

    rafa bermejo

    abril 18, 2012 at 20:10

  2. El 7,5% de los arquitectos hemos emigrado……..
    Me ha dejado de piedra la cifra, vale que conozca a varios (incluída yo) pero eso significa que de los jóvenes se ha ido el 50? 60? %……….
    Gente que no va a volver a España a no ser que cambien MUCHO las cosas, y a lo mejor ni con esas.
    Algo no debemos estar haciendo bien.

    eugenia

    abril 18, 2012 at 22:35

  3. @Eugenia, pues a mi me parece una cifra que tira hacia abajo. Estoy segura de que son más.

    @Rafa, gracias por comentar! A ver si nos tomamos un café un día de estos.

    mariagranados

    abril 19, 2012 at 10:08

  4. España; ese país donde un arquitecto no tiene dinero para comprar una casa. ¿Imaginan a un cirujano que no tiene dinero para ir al médico de cabecera?

    SilvestreVivo

    abril 19, 2012 at 19:27

  5. Entre otras cuestiones, quizá solo estemos recogiendo lo que hemos sembrado durante mucho tiempo. La gente no nos ve como un colectivo profesional que, por un precio razonable, es capaz de mejorar tus condiciones de vida, la imagen de tu negocio, etc.
    Nos ve como un paso obligatorio para obtener una licencia exigida legalmente, unos “que firman, cobran y no saben donde está la obra” (excepto tu, amigo lector, que no eres así).

    Solo se piensa en nosotros para la nueva planta porque hemos despreciado múltiples campos de trabajo para construir nueva planta. Eso era lo único que podía hacer un arquitecto, porque así se nos dijo en la escuela. Y si pones balaustrada o molduras porque lo quiere el cliente, complejo de culpa, de arquitecto menor y vendido. Gilipolleces, ahora lo se. Si el cliente quiere molduras, se le pone molduras, eso si, bien dibujadas en el detalle correspondiente y correctamente medidas en las mediciones y presupuesto. Si consigues convencerle de que sin molduras es mejor, a tu criterio, bien, sino, no pasa absolutamente nada.

    Y muy malos proyectos. No hablo de calidad arquitectónica, hablo de olvidar la escalera de bajada a sótano en una vivienda unifamiliar cuyo básico y de ejecución costó al promotor 2.100.000 pts (habló de 1999, yo ejercía de jefe de obras en una constructora).

    Y ahora no hay nueva planta y la gente no piensa en nosotros para la reforma de una vivienda o un local comercial, porque “no se necesita proyecto”.

    Por supuesto, hablo del entorno donde me muevo, pero creo que fue Tolstoi quién dijo “si quieres ser universal, habla de tu pueblo”.

    “Cría” fama y échate a dormir; años va a costar enderezar el rumbo, si es que se crea una conciencia real de que es necesario enderezarlo.

    JCM

    abril 20, 2012 at 14:39

  6. JCM, tus palabras sobre despropósitos me han recordado que el año pasado me llamaron para hacer viable un garaje de 1,60 libres de una casa con proyecto del 2004 (no viven gnomos y el proyectista hace años fue presidente del colegio de arquitectos) ; para completar la feria de despropósitos hace poco visité un baño de unos pisos, proyecto del 2006, en los que puedes defecar con los pies apoyados en un pilar exento (aprovechan para colgar la percha y tan contentos).
    El factor t de tiempo en la ecuación lo cura todo, y si no son 4 años de HAMBRE serán 10 a base de SOPAS.

    oscarq

    abril 20, 2012 at 16:11


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