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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

Australian Love

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Los Aussies, dandonos sopa con onda.

De siempre he tenido, sospecho que los de mi generación coincidiremos, dos amores Australianos: Kylie Minogue y Natalie Imbruglia.

[Dice mi santa que añada, para las lectoras hetero a Hugh Jackman y a Eric Bana y yo, obediente (Y consciente de que el ordenador es suyo) los añado]

Pues bien, desde hace unos días estoy dispuesto a traicionarlas a ambas (Y no digamos a ambos) por mi nueva pasión australiana, que no es otra que:

El RAIA. O lo que es lo mismo: El Royal Australian Institute of Architects.

Y ¿Por que, dirán ustedes con razón, abandonas las curvaceas formas de Kylie y Natalie por la dureza administrativa del RAIA?

Lean, lean….

Verán, hace tiempo que decidí no presentarme a más concursos en Españistan. Hablándolo el otro día vía twitter con Miguel Ángel Díaz, descubrimos que hemos sobrevivido –en parte- gracias a segundos premios y accesits, y que cuando hemos ganado, o no se ha construido, en sus dos vertientes: sin trabajar (la que menos) y trabajando y sin cobrar (la que más), o hemos construido pero empatando por los pelos del profesor Charles Xavier.

Que quieren que les diga, un sistema en el que lo rentable es ser el segundo, algo tiene de tróspido.

Como decía decidimos, junto con el equipo de sospechosos habituales con los que me presento, no presentarnos mas –o durante un tiempo prudencial- a concursos en España (Santiago Calatrava debe estar respirando de alivio….oh, wait!) y en la búsqueda de concursos allende los mares he caído recientemente en uno en Australia.

No les diré que están mucho mejor organizados –en general- que en España. Que hacen un uso de las redes sociales y de las nuevas tecnologías con el que los que alguna vez hemos concursado en este país y hemos tenido que llamar a una copistería para pedir los planos hemos soñado. Tampoco entrare en la cuestión política de que el concurso no se convoca hasta no tener justificada la inversión.

Podría, pero no. Vayamos a lo bueno. A la guinda del pastel. El concurso esta sometido, y les aseguro que suspiro solo al teclearlo, a las:

GUIDELINES FOR ARCHITECTURAL DESIGN COMPETITIONS, del RAIA. GUIDELINES

O en cheli, las Directrices para Concursos de Arquitectura del RAIA.

Y oigan. Que directrices. Léanselas, hagan el favor, les aseguramos que no es tiempo perdido.

Claras. Concisas. Tajantes. Serias. Fáciles de entender. Sin dobleces, sin áreas grises.

Y con todo, todito, perfectamente especificado: Los clientes, cuando debe convocarse un concurso y cuando no, los tipos de concurso, los premios, los jurados.

La parte que encuentro más interesante es la que define perfectamente (Y de forma en absoluto farragosa) las labores de cada uno de los agentes. Y lo hace además con equidad, y valorando la responsabilidad de cada uno de los intervinientes.

Así, encontramos claras las obligaciones y compromisos del cliente (El convocante del concurso) pero –ojo- también las del participante. Entre ellas –la primera de hecho- esta:

The role of the competitor is to meet their professional responsibilities by acknowledging the competition rules in any design they prepare, in particular by respecting the budget and program requirements for the competition and the client’s statement of design intent.

Y que incluye las olvidadísimas (Al menos en España) expresiones: “Responsabilidad profesional” y “Respetar el presupuesto” (¿Eh Alejandro? ¿Eh Santi? ¿Eh Peter?). Porque se ve que en otros países lo de decirle al cliente nada mas ganar que las cosas no se pueden construir con el dinero que hay lo ven mal. Vamos, que lo ven como si fuera una trampa. Ya saben, estos australianos y sus locuras.

No menos magnificas son las obligaciones del jurado. Si no por otra cosa porque especifican que deben producirse fallos razonados, y que debe quedar constancia por escrito de las deliberaciones y de las justificaciones especificas que llevan a que un proyecto resulte ganador. Les animan incluso a solicitar una comisión técnica previa que valore ciertos aspectos (Entre ellos el ajuste a presupuesto). Y, sobre todo, definen unas responsabilidades iniciales claras que producen envidia para quien ha visto como jurados con mas interés en la comida que en el concurso se chutaban 500 paneles DinA1 en dos horitas, para después emitir un fallo que eran dos líneas de un folio y que rezaba “Ha ganado fulano”. True Story.

Interesantísima resulta también la figura (Inexistente en nuestra celtibérica patria) del “Professional Competition Advisor” cuya labor es la de engrasar todas las comunicaciones y feedbacks entre el resto de agentes (El cliente, los participantes y el jurado). La de ser la “Go to person” en caso de cualquier duda y el encargado de que todo funcione como la seda.

Tradicionalmente esta labor se ha encargado en España a lo que se venia definiendo como “Secretario del Concurso”. Y las más de las veces en concursos públicos recaía en un funcionario de la administración contratante. En el sistema australiano, la independencia (A priori) del cargo y su profesionalización, garantizarían una mayor protección del concursante, que se encuentra muchas veces forzado a acudir a vías externas para denunciar posibles abusos dado que el Secretario y el Cliente son, a la postre, la misma cosa. (Recordamos el caso de Laura Álvarez y una surrealista situación con un envió por correo, que dejaba a la administración Andaluza al nivel del Pony Express… a lomo de mulas).

Les diremos también, en aras de la transparencia, que hay cosas que nos gustan menos. Quizá la única sea la de que se acepte el cobro de un “Fee” (fianza) por participar y cuyo propósito es cubrir los gastos que genere el concurso. Si bien es justo también aclarar que las administraciones anglosajonas tienden a funcionar con unos presupuestos completamente diferentes de los españoles, y que quizá –en ese aspecto- sea más entendible. Aun con ello, repetimos, es el único punto (No hay regla sin su excepción) que eliminaríamos con toda seguridad.

En fin, si no tienen tiempo para leerlo todo, vayan por favor al final. Vayan a la parte en la que pone: SCHEDULE OF RECOMMENDED PRIZES, y lloren de emoción.

Se la reproducimos aquí, para lagrimeo generalizado, saquen sus pañuelos:

Lagrimones como -muy propiamente- kiwis.

Igualito, pero igualito, que en España.

Y si, ya sabemos que el COAM por ejemplo tiene una oficina de concursos, sabemos que hay COAs que han redactado pliegos tipo, que el CACOA tiene uno, sabemos todo eso, pero:

¿Cuesta mucho editar unas directrices únicas, conjuntas, y tan claras como las que han sustituido a la voluptuosa Kylie en mi negro corazoncito?

¿Tan difícil es ponernos de acuerdo y presentar un único frente común? ¿Una declaración de principios clara y justa, cuyo cumplimiento implica calidad y equidad y que pueda servirnos para poner –literalmente- a escurrir a aquellas administraciones que decidan no adherirse a ella (El tiempo de las medias tintas ya pasó, hace mucho)?

Mientras, en España –ya saben, donde da lecciones de moralidad un señor que caza elefantes a 30.000 euros el bicho-  y por seguir con la cosa australiana, se publican estos anuncios en las páginas de nuestros equivalentes… (En fin, ya tú sabes) al RAIA:

Barato-barato oigaaá!

[Disclaimer: Si nos hemos molestado en photoshopear el nombre de los interfectos, es porque no queremos que aparezca. Son ustedes inteligentes. Sabrán encontrarlo. No lo pongan en los comments, gracias]

Para que les quede claro:

Dirigir una obra en Australia, en Canberra, jornada completa (O sea, mas horas que un reloj), mas de 5 años de experiencia en proyectos grandes, nivelazo de ingles…. 16.000 euros brutos. Que quitado el IVA, se quedan en: 13.120 € al año. Ah, que pone “mínimo”. ¿Y? ¿De que depende el máximo? ¿Del día que tengan los negr… perdón, los contratantes? ¿Del tiempo que haga en Canberra? El mínimo es ya de por si insultante. El mínimo, amigos, es menos de lo que cobra según convenio un delineante-proyectista.

Precioso. Lo que no me queda claro es si esto hay que llevarlo desde Australia o desde aquí. Quizá sea desde Australia, con lo que se explicaría esa línea de la descripción que dice: Viajes Internacional: Esporádico.

Oiga, y tan esporádico, con ese sueldo, si la cosa es in situ, puede que el escl… perdón, el director de obra, llegue a Australia, pero mas le vale ir ahorrando y comer poco desde el día uno o lo de volver lo va a tener difícil como no sea nadando.

En fin, que quieren que les digamos. Impriman las directrices del RAIA. Guárdenlas junto con los Playboys / Playgirls, dado su nivel de perverso erotismo intrínseco y deseo producido. Y sobre todo recuerden que hay asambleas en sus COAs, que pueden –y deben- ustedes exigir lo que es justo y que de esto, o salimos todos en bloque o nos vamos a ver peor que un cocodrilo –australiano, claro- después de cruzarse con Mike Dundee.

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Written by Jose María Echarte

abril 16, 2012 at 11:08

Publicado en Actualidad, General, profesión

2 comentarios

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  1. [...] Australian love Compártelo! [...]

  2. [...] Mientras tanto, en Inglaterra esta el RIBA. O en Australia el AIA. [...]


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