n+1

Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

Perdiendo Los Papeles

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Vuelve al debate estos días la eterna cuestión de los concursos. Prácticamente nada mas podríamos añadir a lo mucho que llevamos dicho sobre el tema, no obstante uno se sorprende de encontrar aun artículos que están entre lo surrealista y la idea feliz sobrevenida y creemos que muy poco meditada.

Que alguien con un mínimo de responsabilidad plantee concursos con un único jurado (Una única unidad de carbono, que dirían en Star Trek) es, a estas alturas del partido, del mismo nivel de boutade que plantearnos que lo mejor del mundo mundial es un sistema dictatorial a la romana imperial donde haya uno que decida, muchos que acaten y en caso de descontento, la siempre divertida posibilidad de sacar las antorchas y los leones del circo a pasear.

Por otra parte me sorprende que, en mi opinión errando el tiro por millas, lo que les molesta a algunos de los concursos es una supuesta mediocridad de los resultados por contraposición a una arquitectura experimental e “innovadora” (Estaría por ver quien decide este punto, tan endeble de defender de forma legislativa como cualquier otro basado mas en la pleitesía a ciertas camarillas que a otras cuestiones). Quédenos claro de una vez por todas:

Un concurso no es, en origen, una investigación arquitectónica. No es una aportación a ningún debate. No es una fiesta de los sentidos y un a ver quien la hace mas y mas gorda. No es un laboratorio ni una fiesta de lo hype.

Un concurso podrá ser todo eso (E incluso quizá será deseable que lo sea), pero a priori, en origen, y como principal característica, un concurso es la forma en que la administración debe por ley licitar cualquier tipo de contratación, sea esta el riego de los árboles de un parque, un proyecto de una autovia o un centro de salud. Es, como diría Churchill, el  peor sistema que tenemos, exceptuando todos los otros que se han intentado.

Un concurso es por tanto una figura reglada y legislada. Una que regula el acceso AL TRABAJO de muchos profesionales, quieran estos innovar, hacer lo de siempre, poner balaustradas, pintarlo de verde, de negro Prada o de rojo locomotora, entre otras cosas porque la administración debe legislar para todos (Libre concurrencia). Lo que debería entrarnos en la cabeza de una buena vez es que lo que podemos, y debemos, exigir es el funcionamiento de la figura legal y administrativa en unas condiciones óptimas, asépticas, alejadas de gustos personales, de lugares comunes y de los estúpidos clichés con los que esta profesión se autoengaña y, a partes iguales, se endiosa. Todo ello independientemente de que los resultados puedan mas o menos entrar en las listas de favoritos de quienes suelen estar mas pendientes del render épater le bourgeois para subir a la red que de entender que lo que muchos se juegan aquí no es salir en El Croquis ni dejar su indeleble huella en las paginas de una nueva edición del Curtis, sino las mismas habichuelas. Y yo personalmente con las cosas de comer, bromas prefiero que haya las mínimas.

El sistema de contratación pública de proyectos de arquitectura se rige en España en general por la LCSP, Ley de Contratos del Sector Publico. No es una ley optima, y tampoco una ley pésima (Y no seremos nosotros sospechosos de ser acomodaticios con ella) En esta santa casa somos de la opinión de que una gran mayoría de los problemas que padecemos derivan de utilizaciones torticeras de preceptos que, si bien deben figurar en la propia ley y de hecho lo hacen, fueron puestos ahí por el legislador con intenciones bien distintas de las que se emplean habitualmente.

Pongamos algunos ejemplos. La ley establece, como ya explicamos, que algunas contrataciones pueden limitarse a un procedimiento negociado con un único licitador, que lo es por razones artísticas o de patente. En un ejemplo imbecil pero esclarecedor, si hay que ir a la luna y solo yo tengo la patente del cohete, esta claro que los licitadores se reducen a uno. Si hay que arreglar una escultura de Richard Serra y Richard Serra esta vivo… es evidente que el licitador puede reducirse a uno. Por esta vía se han colado infinidad de contrataciones a dedo (Las de Calatrava suelen responder a este perfil) en la que se aplica la vergonzosa y patética explicación de que lo que se contrata no es un edificio publico, sino un edificio publico “De fulanito”, aplicando un falso concepto artístico (Que nos hemos ganado a pulso, no se engañen) a lo que es una contratación técnica.

¿Debe existir el artículo en la ley? Por supuesto. Pero debe aplicarse donde es lógico y no para saltarse el resto del cuerpo legislativo a la torera, generalmente con intenciones puramente electorales, cuando no mucho mas oscuras y tenebrosas.

Lo mismo podríamos decir de los concursos urgentes. Como es lógico la figura debe existir (supongamos una ruina inminente que debe rehabilitarse) pero eso no es excusa para que proyectos como un campo de fútbol en toda regla con sus gradas y hasta su banderín de corner se publiquen por vía de urgencia, con un plazo de 15 días para entregar la documentación pertinente, porque: a) Vienen las elecciones o b) Mi primo Manolo ya lo tiene hecho y cuanto menos tiempo demos a los demás mejor.

Y así, un largo etcétera en el que podríamos incluir las licitaciones de proyecto y obra, las de explotación, proyecto y obra y un sin fin de variaciones. Como suele ocurrir con las legislaciones urbanísticas la LCSP es perfectible, pero el principal problema es la laxitud y discrecionalidad con la que se aplica su articulado, buscando en muchos casos forzarla hasta que encaja con los deseos (mas o menos confesables) de quienes deberían velar por salvaguardar sus preceptos.

Dicho esto, conviene señalar que no somos los arquitectos los únicos que licitamos siguiendo los parámetros legales de la LCSP. Nuestras queridas Némesis los ICCP emplean el mismo procedimiento. Les sorprenderá saber que el sustento de la gran mayoría de estudios de ingeniería sale de la obra pública licitada por concurso. Quizá un pequeño análisis de lo que sucede en estos casos nos ayude a comprender en que situación nos encontramos.

Es queja generalizada que los concursos de arquitectura exigen una cantidad ingente de trabajo que llega hasta el nivel de anteproyecto (Un 10% de los honorarios totales según los antiguos baremos). Si bien el trabajo no es el mismo para muchas de las licitaciones de obra pública destinadas a los ICCP, no deja de ser menos cierto que en su caso la solvencia técnica se demuestra generalmente mediante listados de profesionales adscritos al proyecto (contratados legalmente y firmando, ojo) cuadros de dedicación por horas y porcentajes que harían palidecer a mas de uno y que se controlan mediante constantes auditorias una vez ganados los concursos, curriculums demostrables con certificados de satisfacción de administraciones para las que se haya trabajado (Y que generalmente tienen una validez de 3 años máximo) medios propios de las empresas (Coches, maquinaria, oficinas, estaciones totales, GPS) cuentas de resultados, y un largo etcétera de condicionantes administrativos y técnicos que serian de muy difícil cumplimiento para la mayoría de estudios de arquitectura de este país.

La situación por tanto ante la que nos encontramos es la de que nuestros concursos exigen una cantidad de trabajo desproporcionada pero que a veces se compensa con la posibilidad de presentarse de forma completamente anónima sin necesitar mas complicación para demostrar la solvencia técnica que la de estar colegiado y tener un seguro de responsabilidad civil. No niego, entiéndanme bien, que la carga de trabajo sea excesiva para las licitaciones de arquitectura, pero debemos ser conscientes de que el otro sistema exige cambios en nuestra estructura profesional; cambios que vienen en parte siendo necesarios hace mucho tiempo. Cambios profundos que permitan que un arquitecto que trabaje para un tercero durante años tenga la posibilidad de tener un currículo valido y demostrable y que casan poco con la habitual unipersonalidad que se impone desde los Colegios y unas estructuras profesionales que no es ya que sean piramidales, es que son una base enorme y un punto encima que de lejos (y de cerca) se parece peligrosamente a un galera.

Llegados a esta consideración, constituye una muestra sesgada el relacionar de forma exclusiva la precariedad laboral de los arquitectos con el sistema de concursos y la necesidad de bajar los costes de producción de los mismos. Les repito, las empresas de ingeniería viven de las licitaciones públicas y pagan muchísimo mejor (Y en condiciones de legalidad) a sus trabajadores. Es mas, sus proyectos y direcciones de obra tienen muchísimos mas gastos que los nuestros (El margen de beneficios de un estudio de arquitectura es bastante mayor). Y por acabar de abundar en el tema, el porcentaje de estudios que se dedican a licitar obra pública es muchísimo menor que el de los que se dedican a la obra privada, y en ambos existe la figura del contratado de medio pelo en régimen de falso autónomo y mal pagado. Si hay que buscar culpables, hagámoslo donde debemos.

¿Existe un punto intermedio? Es difícil de decir. Los concursos de ideas ofrecen la posibilidad de ganar una licitación sin depender de un currículo que en muchos casos (Juventud, explotación previa, etc…) no esta al alcance de muchos profesionales, exigiendo a cambio esas pilas de DIN A1 que parecen pensadas para llenar la pared del salón de plenos una vez acabado el procedimiento. Quizá deberíamos pensar que lo que no se puede contar en dos DIN A3 no merece ser contado o, simplemente, es un ejercicio de onanismo grafico que complica excesivamente las labores de unos jurados con alguna que otra tendencia a la indolencia y al shock visual. ¿Es realmente necesario que se llenen 5 (¡CINCO!) paneles DIN A1 para que un jurado informado, apoyado por una fuerte presencia técnica, escoja la mejor oferta? Es nuestra firme opinión que no.

Así pues, si bien los concursos de ideas son la forma ideal de contratar proyectos de arquitectura, es claro que los concursos de licitación existen y que en muchos casos pueden funcionar de forma más que correcta. Lo hacen para otros colectivos no tan diferentes del nuestro y si nos suponen un inmenso problema es porque, como apuntábamos, nuestra propia deriva estructural como profesión nos ha dejado en un vació que costara años (Lustros) reparar. La precariedad (Salvo honrosas excepciones) de los estudios españoles aboca necesariamente a situaciones de masificación de los pocos concursos que no exigen un currículum. Hace poco leíamos que el tamaño del estudio pequeño-medio (Datos del RIBA) en Inglaterra es de 25-30 profesionales, como comprenderán muy alejado de los números de sus homólogos españoles. Los primeros tienen una estructura empresarial que buscará con toda seguridad implementar sus posibilidades curriculares y de trabajo, los segundos evidentemente ven recortado su terreno de juego de forma drástica.

Ahora bien, una cosa no quita la otra: Si bien entendemos que los concursos de licitación son herramientas validas, es evidente que las condiciones a veces imposibles fijadas por las administraciones deben ser controladas y revisadas con lupa para evitar que se perjudique el principio de libre concurrencia. No puede entenderse que se prohíba participar en un concurso a quien no haya proyectado en los últimos tres años, por ejemplo, tres obras del mismo presupuesto que la que se licita, porque nos encontraremos ante la eterna pescadilla que se muerde la cola “no poder participar por no haber ganado – no poder ganar por no poder participar”.

Valórese, si así se decide, la experiencia profesional, pero hágase sin eliminar a nadie del proceso y por supuesto siempre atendiendo a la primacía de la propuesta especifica (técnica) y déjese a cada cual decidir si su propuesta será capaz de salvar el nicho de puntos  o si deberá asociarse con otros profesionales para, de forma sinérgica, unir voluntades, capacidades, currículos y experiencias. Dependerá por tanto la cuestión de la redacción de pliegos de condiciones, casi siempre tan desastrosos como la aplicación de la ley, que contemplen esta situación y que se ajusten siempre a los tres mágicos principios que rigen (O deberían regir) las contrataciones públicas:

Libre concurrencia, transparencia y publicidad.

Es decir, que pueda presentarse quien este facultado para ello sin cortapisas. Que haya unas reglas del juego legales y lógicas que ayuden a decidir al licitador si se presentará o no y en que condiciones lo hará y que estas reglas sean claras y conocidas por todos.

Quizá, pese a que –repetimos- el concurso de ideas puro y duro es nuestro ideal, los formatos de concursos de doble vía (Con todos sus problemas) no sean una mala solución al efecto. Hay quien se presenta sin propuesta y con currículo (O con currículo y una leve propuesta) y hay quien lo hace apoyado únicamente en su propuesta y los ganadores de ambas fases se enfrentan al final. Es cierto que la exigencia de trabajo se duplica, pero como decíamos, con dos DIN A3 debería bastar para un concurso evitándonos ese horror vacui del DIN A1 por llenar y aligerando la carga de dedicación de los profesionales que guardan siempre la sensación (No es difícil hacer números) de que sus trabajos se ven a la carrera y se desechan por razones de tiempo con criterios tan absurdos como “Estar muy poco pintados de verde”.

Por otra parte, y evitándome los comentarios que me pide el cuerpo sobre quien los pide dictatoriales, es evidente que los jurados arrastran muchos problemas. Contrariamente a lo que algunos creen, muchos de ellos relacionados con la selección experimental basada mas en lo visual y modernete y en el “¿Las normativas p’a que?”, que en su supuesta mediocridad. No puede por lógica exigirse legalmente a un jurado que sea más o menos experimental, más o menos tradicional, que emplee un criterio económico, constructivo o publicitario. Debe exigírsele eso si que el criterio este claro en las condiciones del concurso (Transparencia) y que justifique sus decisiones de forma exhaustiva y razonada, asumiendo con ellas la responsabilidad de lo fallado. Incluso, entre sus obligaciones debería estar la de recurrir a cuantas auditorias técnicas de las propuestas presentadas fueran necesarias ante la más mínima duda sobre su viabilidad. No olvidemos que se licita con UN PRECIO BASE DE LICITACION, y que –de nuevo- ni esto es un juego ni el quimicefa en casa y con gaseosa. Casos como el de las famosas setas sevillanas, el del Gaias gallego, el del Instituto de medicina legal del Campus de la Justicia de Madrid, y otros muchos que pueblan la geografía patria, son autenticas debacles económicas que parten de pliegos de condiciones laxos, de baremos poco claros y de jurados que decidieron primar la pura apetencia propagandística y rockanrolera sobre las bases del concurso, de las que el precio es una de las mas importantes.

No les repetiré para que no me acusen de cansino que de esto somos en gran medida culpables nosotros mismos, adoradores como hemos sido de la peana sin criterio. Ni les repetiré que lo es también nuestro sistema educativo, empeñado en generar arquitectos para salir en el Croquis y genios en serie. Ni que también lleva su penitencia una crítica irresponsable que salvo excepciones ha construido carneros de oro como si no hubiera mañana y los ha colocado  a las puertas de los jurados, envueltos para regalo.

Así las cosas es mucho lo que tenemos que pelear, mucho lo que hay que corregir y muchísimo lo que debemos exigir. No miremos solo al exterior: tan básico como exigir la escisión de las licitaciones de proyectos, obras y servicios en apartados independientes y particularizados, es entender que la estructura profesional (colegial, educativa, empresarial…) no esta, por lo general, en absoluto preparada para afrontar con una mínima solvencia las exigencias lógicas que podrían, en aplicación de la ley, hacérsele ante un proceso de contratación y que de hecho se les exigen a otros profesionales.

No es el camino el que discurre a través de ideas felices completamente distópicas  basadas en la creencia de que los concursos son juguetes experimentales para unos pocos escogidos (se ve que escogidos por ese único jurado de atribuciones casi deificantes). Es, antes al contrario, el que entiende que no estamos hablando de lo mucho o poco que nos gusten los resultados sino de la validez del procedimiento y su aplicación legal y racional. El que asume que de lo que hablamos –se publique o no, tenga renders o no- es del procedimiento de acceso al trabajo público. El camino, en suma, que se deja de inventos del TBO y de escenificaciones de cara a la galería para descubrir que aquí estamos tratando de las condiciones de acceso al TRABAJO, que tan experimental o tan reaccionario como cada cual quiera entenderlo, deben ser las mismas para todos apoyadas en esos tres conceptos que no me cansare de repetir:

Libre concurrencia, transparencia y publicidad.

Y si luego sale de papel, empapelado, de deployé, más bonito o más feo será cuestión al margen de la que podremos (Y deberemos) discutir, pero al menos sabremos que jugamos con unas reglas fijas. Serias. Con una seguridad jurídica racional, ordenada y justa. Sabremos que, como decía de nuevo nuestro querido Winston, si llaman a la puerta a las 6 de la mañana, será el lechero y no Santiago Calatrava, con la maquetita.

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Written by Jose María Echarte

marzo 15, 2011 at 18:53

11 comentarios

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  1. Les deseo toda la suerte del mundo. Yo concurso todos los días en la calle y casi padecemos lo mismo. Me cuentan que en Alemania también se concursa en obra privada, y que ya empieza a darse en España.

    Salvador Martin Gautier

    marzo 15, 2011 at 19:47

  2. Genial que de vez en cuando se cuenten las cosas tal y como son, a ver si conseguimos entre todos que se valore más el trabajo, tiempo, dinero, ilusión… que aquellos que nos dedicamos a los concursos dejamos en cada propuesta presentada.

    A la triada propuesta añadiría el tema de los ‘honorarios fijos’, competir en calidad sería algo que beneficiaría a todos. De esta forma un estudio podría subsistir con menos encargos y a la vez se garantizaría, o eso creemos, la calidad arquitectónica en el resultado del concurso.

    Un abrazo desde accésit.

    Nacho

    marzo 15, 2011 at 20:04

  3. Elena

    marzo 15, 2011 at 21:36

  4. Me alegro enormemente de que por fin estemos tomando conciencia y atendiendo a los verdaderos problemas estructurales de nuestra profesión y del país desde la razón.
    Muchas gracias por compartir vuestro buen juicio y trabajaros vuestras exposiciones, muchas gracias por pensar gratis y ánimo, vamos a cambiar las cosas.

    geciar

    marzo 16, 2011 at 3:57

  5. La pregunta que me asalta: ¿Leerá esto “el que los pide dictatoriales”?

    Por cierto, dicha idea feliz “manda güe…”

    Miguel

    marzo 16, 2011 at 9:20

  6. [...] esto, Jose María Echarte, de N+1 (ver artículo) hace su habitual repaso afilado por todos los puntos comentados por Edgar y añade aspectos que [...]

  7. Miguel,
    Claro que lo ha leído.
    Y mientras tu te cabreas él se descojona.
    Sobre todo viendo el ultimo post de arquitextonica.
    Vaya croquis, vaya proyecto….. Vaya carrera más notable.
    Jmer,
    Imaginate el pais con muchos edificios como los tuyos.

    El otro Zaera

    marzo 20, 2011 at 16:33

  8. [...] así sigue la fiesta. ¿Los problemas laborales? Todo culpa de la LCSP, olvidando que hay incontables profesionales que trabajan gracias a y mediante la LCSP y que no tienen las carencias (Ni las ilegalidades manifiestas) que reinan en nuestro campo [...]

  9. Hombre hacia mucho que el Troll no venia a dejar su IP de recuerdo por esta casa.

    Querido mio, puestos a imaginar, si de lo que se trata es de pensar en cosas de terror, en universos completamente apocalipticos, en R’lyeh, en C’Thulhu y cosas que den mucho miedito…. solo tengo que imaginar una sociedad llena de zombies acriticos y algo servilillos con tendencia a la mitificacion…. creo que sabe de lo que le hablo.

    jmer73

    marzo 21, 2011 at 19:39

  10. [...] (el ministerio ha aprendido la leccion), y de forma estricta cumple con lo dispuesto en la LCSP. Como comentábamos recientemente al hablar del tema de los concursos, la opción seleccionada parece ir en la vía de dar respuesta a muchas de las declaraciones de [...]


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