n+1

Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

Gummy Architecture

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Yummy!!!.

Corría el año de nuestro señor de 1996, estudiaba este, su seguro servidor, en Madrid, en la imperfecta, querida y adorable ETSAM, en la época en que empezaba a quemarse el pastel de las capacidades técnicas y se respiraba un tufillo extraño a requemado de artisteo del malo, autosuficiente, autosatisfecho y banal. Sin embargo, como la rana en el agua tibia, aun no notábamos las ancas ponerse tiernas. En estas estábamos cuando un compañero de fatigas, Jaime, alias Sensei, se matriculo en una de las cátedras de moda por aquel entonces en la escuela: La de Frechilla.

[Nota: En la Etsam podías elegir que cátedra preferías en proyectos. No siempre había sitio en la que querías, y había una tendencia a la moda altísima que extrañamente para navidades se había relajado por abandono de más de la mitad del personal.

Esto no significa en modo alguno que fuera más o menos difícil aprobar, ni que las cátedras más populares fueran las más sencillas. (De hecho era casi al reves).

De forma antisimetrica, había cátedras donde estaban cuatro y el bedel y en las que era muy fácil (Y quiero decir, MUY FACIL, extremadamente fácil) aprobar]

Recuerdo asistir al primer día de clase acompañándole (Yo estaba con Cabrero aquel año) y aquello parecía el camarote de los hermanos Marx, pero sin gracia. Frechilla himself salio a la palestra a decirles que aquello era lo que era, que estaban saturados (Cosa extraña dado que había un numero máximo por profesor y cátedra y si no se cumplía no eran los alumnos los responsables, sino la dirección, pero estos son otros López) y que se acababan por tanto las correcciones tipo “confesión” para pasar a un sistema en el que se pinchaban y presentaban los trabajos de forma rápida una primera vez para, en clases sucesivas, pinchar y estar a las correcciones que el profesor hiciera sobre los proyectos que decidiera que eran mas aprovechables, o mas didácticos.

Avanzado el curso, uno de los ejercicios era un edificio deportivo, una especie de gimnasio especifico, en un solar en pendiente con la cota mas baja pegada a la M-30. Se podían seleccionar los deportes y el programa era por lo demás tan vago como suelen serlo los de los cursos de proyectos, en los que los cuartos de las escobas no existen y las instalaciones no ocupan espacio. Pero esta es también otra historia. De terror, pero otra.

El edificio de Jaime era bastante bueno. Una pastilla alargada, alta y estrecha, con una planta en la cota mas alta del solar y sesis en la parte baja , que se clavaba en la pendiente natural del terreno dejando un par de adarves laterales poco tratados, rústicos, y que se empleaban para meter luz en las piezas de servicio. El deporte elegido era el squash, que tiene un modulo muy curioso, y que permitía apilar servicios y usos de forma muy clara. En la fachada estrecha de la pieza, arriba, aparecía un gran hueco de unas 4 plantas de alto que se dejaba como única apertura hacia la M30, una especie de ojo vigilante y polifémico que se empleaba para iluminar las diferentes zonas mediante ciertos juegos de entreplantas que a su vez servían para diferenciar usos (Amateur- profesional / publico – privado, etc).

En fin, todo estaba bastante bien pensado, ya digo, con los tics propios de un proyecto de escuela, indudablemente, pero el resultado era apetecible.

Llego el momento de presentar y Jaime empezó con “La parcela se orienta…. Y la posición de los accesos…” explicó el proyecto de forma sencilla y comprensible. No llamo a Deleuze, ni tampoco a Guatari (Tan de moda en aquel entonces), tampoco se subió en los hombros de Rem Koolhas (Que ya empezaba a pegar fuerte) pincho en la pared sus croquis de plantas y secciones, aun en proceso, y algunas imágenes exteriores abocetadas. No me mueve la amistad para decirles que alli se veia trabajo, o al menos, unas intenciones claras sobre unas bases bastante solidas (Jaime era mayor que yo, y aquel era su ultimo curso de Proyectos).

Paso sin pena ni gloria con un “Bien. Siguiente”.

El siguiente alumno puso un CD portátil con altavoces, enchufo Daft Punk a todo lo que daba y pincho unos collages de pistas de tenis pegadas a capón sobre las fotos de la parcela (Y no me refiero al fotochop, sino a pegadas con barra de imedio) en las que jugaban unas muy sexy y muy recortadas supermodelos (Esther Cañadas entre ellas) y dijo, bajando a los Daft un instante:

“Mi problema con este proyecto son las ideas y las drogas”

Sin haber mucho más que comentar (Ni el lo hizo, ni aquello daba mas juego, la verdad), el asunto dio para media hora de debate intenso sobre el proceso proyectual del idealista drogado (O del drogadicto idealizado, que también podría ser).

Visto que este era el nivel comparativo del asunto, Jaime desespero porque estaba seguro de que se lo cepillaban y porque nadie miraba sus planos dado que siempre había ideas y drogas más interesantes a las que atender.

Llego el momento de hacer una maqueta (Obligatoria) y llevarla a clase. Se corregiría el resto del ejercicio sobre la maqueta.

La maqueta que llevaba Jaime, que era bastante limpia (siempre fue muy fino con el cutter y el loctite) con el terreno y el edificio en cartón blanco, estuvo como un mes viajando a la escuela de convidada de piedra. Virgen. Quiero decir, virgen de comentario alguno. Llegaba el final del plazo, la entrega, y quedaba solo una corrección que se presumía de llenazo absoluto.

La noche de antes de esa correción, en un momento de iluminación y epifanía digno del House más empastillado, agarramos la maqueta, e hicimos el siguiente experimento-chorrada:

Cogimos una bolsa de ositos de gominola, de los que son solo goma y no estan cubiertos de azucar, dejamos solo los amarillos, los verdes claros y un porcentaje mínimo de rojos (uno rojo por cada cinco verdes y por cada cinco amarillos). Los pinchamos en el cartón con el que estaba hecha la pendiente del terreno, alrededor del edificio, con las patitas para arriba en alfileres cortados a diferentes alturas.

En resumen:

Los pusimos en la maqueta haciendo de árboles.

Al día siguiente, ultima corrección, lleno hasta los topes, maquetas como para descarrilar el expreso Almeria-Irun…. Y entre ellas la de Jaime con sus osos.

Profesor que se acerca y da una vuelta….y a la primera maqueta que va es a la de Jaime. Mira los osos. Los remira. Saca uno. Se lo come. Coge otro rojo, le saca el alfiler de la espalda y se lo pone abajo para colocárselo después en la solapa a modo de “pin”. Remira el edificio. Pregunta:

“¿Esto tiene buena pinta? ¿De quien es? Vamos a verlo”

El resto (Y el aprobado de Jaime) son historia.

No es que yo no supiera ya en aquel entonces, o al menos que intuyera, que un altísimo porcentaje del resultado de los cursos de proyectos (De algunos cursos de proyectos) estaba en contar la película de determinada manera, ni que aquella fuera una espectacular caída de un guindo de sistemas de representación diédrica en el que yo vivía felíz y abstraido.

No les negare, no obstante, que el hecho de que tres descerebrados armados con una bolsa de osos de goma (Y mas de un tercio de Mahou en el cuerpo) pudieran convertir EL MISMO PROYECTO de medianía del montón a “Vamos a verlo”, supuso una comprobación empírica de la teoría de lo mas interesante.

Ahora no empleamos osos de goma, tenemos renders y otras ayudas, pero el resultado viene siendo mas o menos el mismo. Lo que es en el relato anterior una anécdota de las muchas que pueblan mi transito por la universidad, tan excepcional o sintomática como uno quiera entenderla y con tan poca repercusión como tiene el trabajo de un alumno cualquiera en un curso cualquiera de proyectos, adquiere tintes algo mas macabros cuando de lo que se trata es de trabajos profesionales, de concursos públicos y de dineros del contribuyente.

La lista de ejemplos es extensa no crean. Si tuviéramos que nombrar un representante, tenemos en Andalucía ese orgullo en forma de amanita muscarida con elefantiasis, esos níscalos hipertecnológicos que crecen (lentamente eso si) en la plaza de la Encarnación de Sevilla. El proyecto Metropol-Parasol es el ejemplo perfecto, un concurso ganado con la espectacularidad de unos renders a todo píxel que se convierte en una pesadilla técnica (Irrealizable tal como esta según Ove Arup), en un agujero sin fondo presupuestario y en una evidente estafa al resto de concursantes.

No puede uno sino preguntarse cuando empezó a importar más lo bonito del panel que el posible resultado, o que el resultado fuera posible (Ambas dos). La situación actual en la que los jurados siguen tomando a chicota su trabajo, con reuniones de media mañana (Comida incluida claro) para ver 300 trabajos compuestos cada uno por un mínimo de 3 DIN A1 no ha mejorado la situación, antes al contrario, el pintalo de colores es cada vez mas evidente y hay proyectos que en su puesta sobre la realidad no aguantaran ni el rascado de la uña mas delicada de la mano de Tarta de Fresa. Con guantes de seda.

Y no, no le quito importancia a la representación, a la forma en que se cuentan las cosas, a la estrategia con que se cuentan. Simplemente a veces me encantaría que el despliegue de medios visuales se soportara en paredes más sólidas. Quizá es que simplemente estoy harto de ver que las novísimas y revolucionarias (A decir de sus autores y su banda de corifeos) investigaciones sobre la sociología, la política, la arquitectura, los medios, el universo y todo lo demás son banales enumeraciones de hechos ya conocidos y poco analizados, cogidos con pinzas y alfileres muy poco sólidos a, eso si, representaciones espectaculares y mas artísticas de lo que deberían, esto es, sujetas a un ignoto código caprichoso que las hace mas digeribles para ocultar con ello su escasa profundidad.

Quizá es que uno no puede entender que se ganen concursos porque la planta asemeja un campo de margaritas, algo que adorara el gremio de pilotos pero que a los demás nos dará igual cuando el resultado sean unas fachadas en las que limpiar una esquina se convierta en misión de audaces y una ordenación en la que el repartidor de correo mas aguerrido y curtido pasaría las de Caín para encontrar algo.

Quizá es que últimamente uno ve demasiados ejemplos del “Art befote Architecture”, o mejor aun del “Art INSTEAD of Architecture” que si bien no tienen nada de malo por si mismos, se convierten en lo peor del mundo cuando invaden, imparables, inmisericordes y excluyentemente talibanes, espacios educativos en los que las prioridades deberían ser otras (O al menos ser ADEMAS otras) o concursos públicos en los que las cuestiones a dilucidar deberían ser MUY otras. Demasiados proyectos de escuela se recrean en investigaciones (Mal llamadas así) esquemáticas e infladas de vacuidad que acaban, con resultados muy cuestionables, entre la casita de Heidi pintada por Agatha Ruiz de la Prada y el objeto imposible, sin teneren su mas profundo background ni unos conceptos básicos (que a nadie importan o parecen importar) que no aprendidos en su momento, costara horrores somatizar.

Hace años (Muchos) me presente a un concurso en Alicante con mi buen amigo (Y grandísimo arquitecto) Jorge López. Era para la sede del nuevo Colegio Territorial, y se trataba de la adaptación de un edificio ya existente. Lo más curioso del tema es que de los tres paneles, dos venían prediseñados: Aquí una planta, aquí un alzado, aquí póngame usted la sección principal a tal escala, y el restante era de composición libre.

En aquel momento me pareció una parida, una limitación. Hoy, con mas tiros pegados, quizá no me lo parezca tanto y aunque no estoy seguro de que sea la solución ni mucho menos si encuentro ciertas ventajas en el asunto. ¿Ustedes que opinan?

Quiza lo que me acaba obsesionando siempre es que los árboles, aunque sean de gominola, tapen un bosque que más que el de Solveig en Peer Gynt, parece el de Sleepy Hollow en día de tormenta.

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Written by Jose María Echarte

diciembre 13, 2010 at 20:17

Publicado en cogitationes privatae

24 comentarios

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  1. Me has recordado a un proyecto de un amigo que presentó y suspendió.

    Con dos cojones volvió a presentarlo, esta vez, en vez de negro sobre blanco, en línea blanca sobre negro. Sin más cambios.

    Aprobó.

    Álvarez del Vayo

    diciembre 13, 2010 at 20:32

  2. jajajaja
    no me lo creo (lo de las gominolas-osito) la foto es de esa maqueta o la has hecho ahora? necesito pruebas
    y encima en una cátedra tan seria como la de frechilla…

    paco

    diciembre 13, 2010 at 20:33

  3. Jajajaja. Paco, no tengo fotos de aquello, una pena.
    La foto es de internet, pero mas o menos ese era el efecto, aunque no estaban tan alineados.

    La catedra de Frechilla era seria, si, pero no todos los profesores eran tan serios jejejeje. Algunos eran muy poco serios de hecho.

    jmer73

    diciembre 13, 2010 at 21:07

  4. No sabes cuánto me he divertido leyendo este post, cuántos recuerdos me ha levantado y qué consuelo de tonto he sentido.

    Porque yo estudié en la escuela de Sevilla y pasaba lo mismo. Algunos profesores del colapsado taller de vanguardia (allí a las cátedras las denominábamos “talleres”) eran avatares de una civilización que venían a enseñar la Verdad. Yo también asistí a clases donde aquellos gurús invocaban al habitante del afuera, morador del rizoma del pliegue del no-lugar. También se presenciaban correcciones de proyectos sinsentido cuyo arbitrario aprobado dependía de la concatenación adecuada de los mantrams al uso. Y a muchos compañeros les brotó la esquizofrenia (a algunos literalmente) ante tanta barbaridad de sinsentidos.

    También sufrimos las incoherencias en las preentregas de propuestas resultantes de programas inexistente (perdonen mi ignorancia, probablemente desconocía el hermético lenguaje avanzado utilizado en el taller). Un proyectito discreto en papel diapost (¿os acordáis?) pasaba desapercibido frente a una maqueta de lonchas de jabón sobre alfileres que representaba la cubierta de tres hectáreas de superficie en medio de un erial (lo que viene siendo un traje nuevo sin emperador). Recuerdo particularmente ese día por la sarta de elogios que desencadenó en los docentes tal despliegue de poder, lo que no impidió que preguntara qué iba a ocurrir debajo de tanta lona, exponiéndome (y finalmente cayendo) en la excomunión y la irremediable condena del abandono (de la asignatura).

    He aquí que la realidad nos da la razón. Las premisas de las escuelas eran erróneas y lo siguen siendo. Las posturas enfermizas de mediocres profesores frustrados profesionalmente debe tener fin para evitar el contagio y el castigo que supone a los jóvenes estudiantes, que serán (fuimos) el futuro.

    Muchas gracias

    geciar

    diciembre 13, 2010 at 21:46

  5. Dios, cuantísimas veces habremos hecho las mismas reflexiones algunos compañeros de la Escuela. Me alienta de veras saber que alguien más piensa lo mismo. No podías citar mejor ejemplo en el mundo de los concursos: el campo de margaritas. Sólo diré un cosa: MANDA HUEVOS…

    Brunelegqui

    diciembre 13, 2010 at 21:51

  6. Pues Jose María, no me parece ninguna tontería lo que dices de limitar la libertad de maquetación en concursos.

    Yo añadiría otra que presumo beneficiosa para la profesión: paneles en blanco y negro (negro sobre blanco). Con dos cojones.

    David M.

    diciembre 13, 2010 at 22:27

  7. En Alemania, en los concursos públicos de arquitectura se les obliga a hacer una maqueta blanca, a determinada escala, que encaja en una maqueta del entorno que ha encargado el convocante del concurso. El resultado es frío y poco emocionante. Sin embargo, los proyectos que no encajan saltan a primera vista.
    En las escuelas de arquitectura alemanas, a menudo, también están así de limitados los formatos de presentación.
    Me remito a los resultados del planeamiento urbano alemán y su arquitectura para que decidáis si es un buen sistema o no…

    Baobab

    diciembre 13, 2010 at 23:22

  8. Esto me ha recordado al día que fui a corregir, como quien dice, con un a4 en blanco y a los cinco minutos acabé con un ¡oh como me gusta tu idea!….[en Coruña, a veces, ocurrían estas cosas inexplicables...]

    Conde

    diciembre 13, 2010 at 23:28

  9. En muchos paneles de concursos se aprecia más preocupación por la representación que por el proyecto. Por desgracia, es una componente que no podemos pasar por alto, sobre todo, teniendo concursos con más de 100 propuestas presentadas. Lo que cuenta es captar la atención del observador.
    Un buen comienzo para igualar las condiciones de todas las propuestas presentadas a un concurso puede ser eso de limitar el diseño de los formatos y lo del encaje de las maquetas de las propuestas en la del entorno hecha por el convocante del concurso. Aunque pueda resultar más ‘frío’ creo que sería un buen comienzo para que el jurado valore el proyecto y no sus florituras.

    Jose

    diciembre 14, 2010 at 1:02

  10. Enhorabuena jóvenes, gran precisión sobre todo en la explicación del lodo actual a partir de aquellos polvos.
    Como esa gente fatiga que aprovecha en las conferencias el turno de preguntas para colar su royo particular, me lanzo con perdón de la concurrencia:
    El mundo editorial de la arquitectura necesita un consumo de imágenes que tiene un ritmo vertiginoso respecto a los tiempos de la arquitectura. Ese mundo editorial marcaba (¿marca?) los criterios de lo que está bien o no, por tanto tiene una influencia poderosa en las escuelas, eso ha propiciado ese ambientillo de vender la moto del famoseo, del como sea, de traficar con humo para llegar a los canapés, de vivir de las maquetas (de acuerdísimo en lo de las “mal llamadas investigaciones”), en resumen, de generar imágenes y material agradable y cool de forma intensa, periódica y rápida .
    Y se olvida enseñar que esto es una carrera de fondo.
    En resumen: http://www.elerlich.com/2009/04/brillante.php

    Estanis

    diciembre 14, 2010 at 1:28

  11. Germán! Qué alegría leerte por aqui!
    Un beso!

    María

    diciembre 14, 2010 at 3:54

  12. La sorpresa y la alegría han sido mías al encontrarte aquí. Un abrazo así de grande

    geciar

    diciembre 14, 2010 at 9:19

  13. Todo lo que decís es cierto y me ha tocado vivirlo primero en la escuela y más tarde en la profesión, pero son los tiempos en que vivimos y para desgracia nuestra hay que ser arquitecto, publicista y prestidigitador, que en el proceso no se te olvide que eres arquitecto y cual es tu verdadero trabajo y encima cobrar menos que cuándo bastaba con ser arquitecto.

    albertof.

    diciembre 14, 2010 at 11:17

  14. Tristemente así nos va, cuando en la Escuela importa más que hagas paneles bonitos a que la arquitectura (o lo que sea) que estás representando merezca la pena.
    También soy de la ETSAM y la cosa sigue exactamente igual, las cátedras de moda, las maquetas o proyectos fabricados con materiales inverosímiles únicamente por llamar la atención del profesor
    Por cierto, también tengo una historia de un amigo, que con la misma maqueta, sin modificarla en absoluto, empezó la primera correción con un 3 y terminó con un 7…

    E

    diciembre 14, 2010 at 12:18

  15. he retrocedido años (muchos) leyendo vuestro texto… ha sido genial revivir el tufillo que entonces se respiraba en la etsam.
    los codazos para ser “visto” eran de gominola, de jabón y hasta de huevo duro. pero para ser justos habría que decir que no toda la culpa de esta tendencia a la forma sin más venía por parte del profesorado (era vergonzoso cómo podíamos venderles la moto de un día a otro)… los estudiantes querían ser volúmenes de pastas de plástico, el gel verde que vestía el suelo de aquella exposición en arco, o incluso una horquilla del pelo de chinchilla (porque a sus láminas era imposible emular con dignidad sostenida).

    hoy así lucen los concursos. y lo que antes decidía si eras un 9 o un 5 ahora reparte millones a cambio de absurdos impresentables. antes era el aprobado y ahora el parné. así es. lamentable.

    hay que saber venderse, todos escogemos la camiseta del día de entre todas por la mañana, pero no esconder la nada. no es tan complicado distinguir a las monas vestidas de seda…

    gracias por el viaje a aquellas tardes de 5 a 8 y subiendo. grandes recuerdos!

    etsam-inada

    diciembre 15, 2010 at 15:05

  16. jajajajaja!!!! esas cosas pasan…y nadie se explica el por qué!!el experimento puede salirte perfecto…o fatal!no hay término medio. Yo estudio 2º de arquitectura y me da bastante miedo arriesgar de esa manera…pero tal vez esa sea la clave!
    mi lema: “lo importante es que quede bonito”
    saludos! =)

    marta

    diciembre 16, 2010 at 16:31

  17. Madre mía, qué recuerdos….. nunca olvidaré una entrega de la cátedra de galiano sobre el “refugio urbano” que un figura resolvió con una ampliación de un billete de metro a tamaño A1….

    Para Marta: otro lema que no falla: “que parezca trabajado..”

    Saludos

    Jose Luis

    diciembre 16, 2010 at 20:28

  18. jajajajaaj!! muy buen lema Jose Luis! :)

    yo soy de Madrid, per estudio en la universidad de Malaga. Un profesor que esta de practicas, nos contó que se presentó a un concurso (que ganó), y que estaban bastante escasos de materiales y de presupuesto…así que fueron a la cocina, y sacaron todo lo que habia, desde lentejas, garbanzos, pasta…hasta trozos de tarta!!jajaja imaginación al poder! =)

    marta

    diciembre 17, 2010 at 0:38

  19. Me hubiera gustado [mucho] veros a muchos y a muchos de los que habláis en la escuela de Valladolid.
    Sólo quiero recordar a un profesor, Ignacio Represa, cuya mayor afición era “reconducir” las maquetas del alumnado. El verdadero inventor del corta y pega…bueno, pegar pegar no siempre lo pegaba, a veces sólo cortaba, estrujaba y tiraba al suelo….
    Y el tribunal del PFC, el año antes de que yo entregase, echando pestes de un sencillo rénder [por la escuela se siguen llamando "cónicas"]…
    Ah, la sequedad castellana….

    Daniel - CCAD

    diciembre 19, 2010 at 13:44

  20. Buf, la interminable historia de las formas y el fondo … del engañabobos. Me imagino que para un profesor debe ser aburrido ver proyectos “normales” contados de forma “normal” cada día, y que alguien le venga con ensoñaciones culturetas hace que le saque de su rutina … y ahí estamos los demás con nuestra “integridad” comiéndonos por dentro ante la injusticia.

    Leyendo el artículo me he acordado de una escena que viví el otro día. Estaba con 3 amigos en casa (uno de ellos es mi pareja, ingenieros todos) hablando sobre qué es arte (oh! tema profundo) … pues bien, yo era la única que decía que la arquitectura no es arte. Que la gente confunde lo que es arte con hacer algo con arte (lo que pocos arquitectos consiguen) … en fin, algunos dirían que es una escena subrealista en estos tiempos y la cosa es que cada vez me pasa más …

    Orphan Girl

    diciembre 24, 2010 at 17:05

  21. Eso sigue pasando a día de hoy. Alguien presenta una maqueta tipo Chinchilla, que parece que se les ha caído el costurero encima de un cartón pluma y es “super evocador y sugerente” y a otros que traen la planta pensada y mucho más desarrollada les critican el tamaño de los pilares. Al primero ni siquiera le preguntan “Y todo esto….¿cómo se sujeta? O, ¿cómo lo piensas cubrir?” No sé, preguntas que creo que son elementales. Primero piensas cómo quieres que te quede y luego ya si eso le metes la estructura. Vergonzoso.

    Asturiana

    enero 12, 2011 at 15:06

  22. Manly tears were dropped.

    Valerian

    enero 12, 2011 at 17:39

  23. Jejeje, muy bueno el artículo, el mundo de la harquitectura es un campo de Ego + Banalidad 2.0. El día que ante un sesudo esquema de soleamiento de un edificio que estaba presentando, con su escala de colores en función de la cantidad de radiación, recibió de mi superior un “oh, qué científico parece esto, vamos a ponerlo en verdecitos para que haga juego con el panel” fue el que decidí que ya me valía de tantas chorradas artísticas. C’est la vie du architect.

    Ex-arquitecto

    enero 12, 2011 at 19:07

  24. Evocadores recuerdos de un pasado algo lejano…

    En mi caso en la ETSAB, me he topado con los siguientes comentarios de maestros “ilustres” como Bonell, Terradas o Bach, por citar algunos:

    – Pesa poco… (dice Esteve Bonell sujetando mi entrega como si fuese una naranja…)
    – ¿A cuanto va el kilo de aprobado?, contesto.
    Evidentemente fui vilipendiado y tuve que cambiarme de cátedra para poder tener una oportunidad de aprobar.

    – Si me lo hubieses entregado antes que éste, igual habrías aprobado. (otra perla de Bonell comparando un proyecto hecho con CAD y algún render -mitad de los 90- con mi planos a lápiz sobre cartulina y una maqueta en balsa)

    – Bufff… ¿aún queda uno? (refiriendose a mi después de toda la mañana esperando mi turno en la corrección del PFC)
    – Es que ya es un poco tarde.
    – Y yo me tengo que ir a comer (añade Bach)
    Conclusión: el pringao no corrige y se va a casa con planos y maquetas y se queda sin su corrección intermedia.

    Y muchas más experiencias religiosas: como pasar de 4 a 9 con el mismo proyecto en diferente cátedra y ser presentado como el mejor proyecto del trimestre en la sala de actos para verguenza del anterior profesor :),…

    Es que daban ganas de agarrar a alguno por el cuello y explicarle un par de cosas, pero bueno, de todo se aprende.

    saludos, excelente blog !

    Oscar

    enero 19, 2011 at 13:41


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