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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

Luces Bajo las Puertas

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Behind every light under the door... hay un arquitecto renderizando como si no hubiera mañana

España esta de puente. Al menos una parte. La otra se divide entre los que han dedicado el fin de semana a admirar el rotundo cromatismo de la estructura de la T4 y los que no están de puente.

[Offtopic: Me he llegado a preguntar si no podrían militarizarnos a nosotros. Que si, que ya se que lo de la disciplina castrense y el uniforme es un bajonazo, pero oigan, tengo para mi que esta gente contrata con seguridad social y da vacaciones pagadas…. Todo seria ver pros y contras….]

Tengo una relación de amor-odio con los puentes. Y no, no me refiero a los de DIOS SA, con esos rompí hace tiempo. No congeniábamos, era mejor dejarlo y quedar como amig…. bueno, era mejor dejarlo.

Quiza sea porque nunca he hecho un puente completo. Ni de los de con tablero volado ni de los de “Vente a la nieve, Pepe”. Al menos no tengo recuerdo de haberlo hecho, y siempre me encuentra el asunto de los días feriados en serie con un concurso o una entrega de algo atravesada.

Me he puesto a pensar en ello, ¿Cuándo fue la primera noche que me quede sin dormir por algo relacionado con la carrera?

Como no cuentan fiestas, juergas, fines de curso, noches en Las Vegas viendo a “Los Pepes” en la ruleta y carreras por la escaleras de Rocky en Philadelphia con cogorza (algun dia les cuento esto, con unas cañas delante), tengo claro que fue en primero y que la asignatura fue dibujo técnico con Diego Cano Pintos (Hijo de Julio Cano Lasso y hermano de Alfonso, Gonzalo y Lucia), y que fue en el primer trimestre, probablemente por estas fechas. En puente, si. Probablemente este mismo puente.

Si no recuerdo mal, teníamos que dibujar la villa Stein de Le Corbusier. Plantas, alzados, secciones, axonométricas seccionadas. A mano claro.

Recuerdo acabar hecho unos zorros, con mas ojeras que Gargamel, y pensar que la próxima vez me organizaría mejor. Famosas últimas palabras. Nunca lo he conseguido. O miento, si que lo he conseguido, pero no se porque extraño motivo mi cerebro tiende a ralentizarse para que, me falte lo que me falte, siempre me ocupe toda la noche.

Sirva como ejemplo la entrega final del curso de Aranguren-Gallegos en tercero en la que juro por la calva del Capitan Piccard que no se en que se me fueron la horas porque a las doce solo me faltaba rotular las laminas (Cangrejo) y poner las escalas y acabe viendo amanecer junto a Jaime Solesio (Compañero, amigo y Sensei) en la cafetería del Pio XII, donde daban una cosa que parecía café, olía a café, tenia el color del café…. pero no era café.

[Anecdota Aside: Después de aquella entrega, con las endorfinas por las nubes, Salvador Moreno, Marcos de Pedro, Jorge López y yo (El cuarteto resplandor ^_^) nos fuimos (en lo que no puede ser sino un ejemplo de gran decisión estratégica) a tomar cañas. Y después para rematar la faena (Y en otro alarde de wishful thinking) al cine. Nunca se me olvidara que vimos (Es un decir) "Estallido". Ya saben, la de Dustin Hoffman, con un mono que propaga un virus. Con el calor y la penumbra nos quedamos dormidos. No dormidos, no. SOPA. Nos debimos dormir cuando aun no había pasado nada y nos despertamos con Dustin perdiendo el oremus por encontrar al mono. Entre nosotros nos preguntabamos "¿Oye...que es esto del mono?" hasta que un pobre espectador grito "Eso, encima de haber roncado en polifonía, ahora preguntad por el mono!!". Nos fuimos del cine discretamente.... con el firme propósito de no volver a repetir la jugada.... en lo tocante al cine claro, las cañas eran sagradas]

Shocking.

Había algo bueno no obstante en esas noches que, en mi caso, transcurrían en un colegio mayor: Pasear por los pasillos echando un cigarro. Veías luz bajo las puertas y en un altísimo porcentaje de los casos eran compañeros pasando el mismo trago nocturno que tu, con las mismas ojeras y la misma cara de haberle puesto un monumento a Juan Valdez y al burrito a base de cafés solos de los que se hacían en un puchero y se sabia si estaban listos porque la cucharilla flotaba.

Producía cierta sensación de compañía, de conciencia grupal si quieren, saberse acompañado. Mal de muchos consuelo de tontos dirán ustedes, y no estarán muy equivocados….pero en aquellos momentos cualquier cosa servia, y las luces bajo las puertas era lo que había.

Seguramente, muy seguramente, todos sabrán de lo que les hablo. De esas noches en que el cenicero parece un puercoespín y la cafeína corre como agua de Mayo. De esas noches en que uno, por no moverse del tablero, no cambiaba el CD (El MP3 no existía amigos) que escuchaba en repeat hasta que ya llegaba un momento en que cantaba la siguiente canción en los blancos entre una y otra. Así aborrecí el “No prayer for the dying” de Iron Maiden, que solo últimamente he podido volver a escuchar sin que se me vaya la mano como si estuviera tirando rayas con un Faber-Castell.

Porque esto que les cuento, algunos se acordaran, era con Faber-Castell. Con estilógrafos, vamos. Había un momento más terrorífico que verse la saga de Crepúsculo del tirón en un cine de verano rodeado de quinceañeros, y era quedarte sin 0,1 a las tantísimas de la noche… Se llamaba a los amigos, se dejaban mensajes en Radio Oeste del tipo “Juan nos deja este mensaje: Por todo lo mas sagrado traedme un rotring 0,1 al VIPS de Julián Romea. Y os dedica la canción The End de los Doors”.

Radio Oeste hacia compañía también. Era una emisora pirata, o al menos alegal, que solo emitía mensajes y música. Los mensajes estaban pensados para “Pepe te quiero mucho, como la trucha al trucho”. Los estudiantes de arquitectura, prácticos como ellos solos, la convirtieron en la primera red social de comunicación que conozco por el sencillo método de cambiar el texto de los mensajes por cosas tipo “El que tenga una sección de la villa Schroeder, la cambio por unos croquis de la fachada”. La canción había que elegirla por narices, y si uno era un poco macarra la podía poner a tono con la situación. Así por ejemplo podía mandarles a sus compañeros el “Fast a Shark” de Accept para recordarles, con cariño eso si, que quedaban menos de cinco horas para soltar la entrega.

En mi caso, en un colegio mayor con luces bajo las puertas, era más fácil encontrar alguien que tuviera un estilógrafo a mano. También lo era ayudar y recibir ayuda. Recuerdo estar cuatro personas dibujando en un plano (Recuerdo a Pablo Calzado y a José Luis León, que eran menores que yo, y a los que ayudamos alguna vez, sorprendidos de ver tantas manos en sus vegetales). Quizá sea esto algo que se me ha quedado, o que se le queda a todo el mundo pero la tónica general en mi experiencia es que normalmente es fácil encontrar ayuda entre arquitectos. O debe ser que los que yo conozco son muy majos y tremendamente desprendidos, pero muchos vendrían a regarte los geranios del proyecto a las 3,00 de la mañana sin preguntar mucho. Eso siempre es de agradecer.

Otro drama era quedarte sin tabaco. Más de una vez tenías la tentación de salir a comprarlo a algún bar de copas que estuviera abierto a esas horas. La posibilidad de mandarlo todo a tomar viento a la farola y quedarse en el bar de copas y no volver era demasiado tentadora para aventurarse. Recuerdo a un chaval mayor que yo, Chaves se apellidaba y lamento no acordarme del nombre, que tenia la habitación encima de la mía y que bajo una noche a pedir “unos cigarros”. Le pregunte que si dos o tres y me dijo que mejor 20 o 30. Se decía por el colegio que nadie dibujaba con tanta fluidez como Chaves con un marlboro  en la comisura de los labios, que aguantaba la ceniza con unos equilibrismos dignos de los hermanos Tonetti y que tenía los ojos encallecidos de aguantar el humo sin soltar una sola lagrima. Un mito vamos. Era de la cátedra de Fullaondo si no recuerdo mal, y hacia unos proyectos “Choque de trenes” que eran la verdad tremendos. Manejaba el aerógrafo con la misma facilidad que Billy el niño un colt, y a veces te lo cruzabas por el pasillo con la mascara de “aerografiar” y un peto negro de goma de revelado fotográfico que se ponía para no mancharse y no sabias si era el, o Darth Vader que venia a por tabaco.

En fin, el tiempo ha pasado. En Septiembre del año que viene hará 20 años que me fui a Madrid a estudiar. Ahora no tenemos (Ya no soy yo solo) entregas de dibujo técnico, ni de análisis de formas, tenemos concursos y otras cuestiones. Y pese a que hemos conseguido mejorar mucho y a veces hemos empaquetado un concurso a las 12,00 pm del día anterior a la entrega, a veces seguimos quedándonos sin dormir.

Ya no usamos estilógrafos. No existen los aerógrafos. No se dobla la punta del 0,1 a las 2.00 de la mañana. Mi viejo cangrejo Leroy reposa en una vitrina en plan arqueológico y algún compañero mas joven lo ha mirado alguna vez como si fuera una herramienta propia del hombre de neardenthal. Nos peleamos en cambio con las cabezas inyectoras del plotter, con ese PDF que se corta a la mitad porque el plano pesa muchísimo y el distiller o el PDFmaker dicen que “hasta aquí llegaron los bytes”. Nos epatamos al descubrir que nos hemos quedado sin cartuchos de tinta para la Epson.

La música ya no es en CD, escuchamos Spotify, que es mucho mejor y que permite hacer listas como la mítica ZAS (Paco, you are the crack, man!), que despierta mas que una tuna borracha debajo de tu balcón, y con mas calidad en los decibelios. No tenemos “loros” descomunales, tenemos el ultimo y minúsculo juguetito de Steve Jobs en múltiples colores (Para compensar nos ponemos unos cascos que ni Nooddles la de Gorillaz).

Radio Oeste ya no existe. Tenemos otras herramientas con mas posibilidades e interfaces mas sencillas que permiten compartir esos momentos de tensión con el ratón en la mano, pedir ayuda o incluso llorar amarga (y digitalmente) en el hombro de alguien por la caída del decimoquinto café en el teclado con la consiguiente defunción del portátil. Dos de los miembros de este Blog compartieron una vez confidencias, lloros, gritos y risas el día de antes de un concurso al que ambos se presentaban por separado con mensajes como “El panel 5 es la muerte”, “No puedo mas, me voy a dar a la absenta” o “Si mi socia no quita a Manolo Moles, meto la cabeza en el plotter”.

Tampoco quedamos a las tantísimas en el MacDonals de Moncloa para intercambiar fotocopias de croquis, tenemos Dropbox, Rapidshare, correos electrónicos….

Pero en el fondo seguimos haciendo lo mismo. Seguimos trabajando horas y horas. Seguimos teniendo los puentes como el del rio Kwai al final de la película, hechos un asquito. Seguimos teniendo las vacaciones a salto de mata, tarde mal y nunca.

Por lo demás, aquellas luces bajo las puertas de cuando era (mas) joven son ahora digitales, y del color verde “activo” de Google talk. Pero siguen sirviendo para lo mismo.

Por muchos años.

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Written by Jose María Echarte

diciembre 6, 2010 a 20:40

Publicado en cogitationes privatae

24 comentarios

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  1. Nostalgia de puente y post-encuentro planetario: bajón total ^_^

    yaku

    diciembre 6, 2010 at 20:47

  2. Yeah. Total total.
    Y el plotter atascao.

    jmer73

    diciembre 6, 2010 at 21:02

  3. jaja, !menudo peligro tenías que tener hace 20 añazos!
    Muy chulo el texto!

    Stepienybarno

    diciembre 6, 2010 at 21:05

  4. ya les echo de menos!!!

    mil ideas para el próximo reencuentro!

    :*

    María

    diciembre 6, 2010 at 21:47

  5. We miss you too boss!!!

    jmer73

    diciembre 6, 2010 at 21:58

  6. Mi primera noche en blanco. ETSAM, 1º, Dibujo Técnico, “Ginés11:30″

    JARF

    diciembre 6, 2010 at 22:30

  7. “Gines11:30″ recomendaba mezclar café instantáneo con Coca-Cola. Gran enseñanaza para un primer día de clase. Si tomabas mucho no necesitabas plantilla de curvas porque tenías el pulso como un electrocardiograma.

    Carmen

    diciembre 6, 2010 at 22:33

  8. Ay Oma!

    JMER, ya los estudiantes no hacen de las nuestras… Yo estrené la sala de estudio de la ETSAS, que abría 24 h para un exámen de Física I…

    BTW, no les digo nada de nuestro “puente”…

    Miguel Villegas

    diciembre 7, 2010 at 0:16

  9. Me encantaba el sonido de la cuchilla sobre el vegetal, pero oirlo significaba “la has cagado”.
    Bonito post, buenos(?) recuerdos…

    JCM

    diciembre 7, 2010 at 1:06

  10. Me encantó el texto!!!! Me trajo muchos recuerdos de mi etapa de estudiante, buenos recuerdos, pero yo tampoco tenía vacaciones!!

    marcela

    diciembre 7, 2010 at 2:19

  11. Muy bueno el post! me ha traido grandes recuerdos… GRACIAS!
    Yo escuchaba a “butano” a las 12, cambiaba a la ser para el “hablar por hablar”(con Gemma Nierga!) y después a las 4:30 la repetición de “el larguero” que ya enganchaba con Iñaki Gabilondo.
    La única persona que veía por la noche era mi madre que a veces se levantaba para decirme: “¿te falta mucho, hijo?” (para cuando un post acerca de las sufridas madres y novias-esposas?) y menos mal que estudié la carrera en casa porque si llego a tener que irme fuera no creo que la hubiese terminado en la vida!
    Por cierto! hoy tampoco estoy de puente…

    Ted Kaczynski

    diciembre 7, 2010 at 11:52

  12. Yo apenas se ta de lo que hablas porque el contexto que me ha tocado a mi vivir lixiviaba que ver con el que tu sufriste. Pero hoy yo tampoco tengo puente, ni tengo sueño. Ya casi no bebemos café en esta carrera , estamos trabajando por el desarrollo de la inmunerabilidad al redbull. Un gran articulo el tuyo, sinceramente genial, te lo dice un estudiante de Arquitectura, a las 5 y media de la noche.
    Sin puente tampoco.

    Daniel

    diciembre 8, 2010 at 6:29

  13. Muy bueno y que buenos recuerdos, aunque creo “imperdonable” que no hayas mencionado aquellos agujeros en el estómago que se abrían entre las 4 y 5 de la mañana, después de las “flamantes” cenas de la residencia de estudiantes y que eran dignas de servirse en un club de adictos anoréxicos.

    Nunca nada me ha sabido tan bien como aquel atún de Barbate con manteca que hacía la madre de Arturo, ni la sobrasada que traía Jeanmi de Mallorca, ni el queso y los chorizos de Castuera celosamente guardados en el armario por mi vecino y que, mientras duraban, aromatizaban no el cuarto, sino toda la planta cada vez que se habría la puerta.

    Pero aquellas viandas eran delicatessen, lo normal era beber los vientos por una lata de Apis o de atún calvo, entonces sin abre fácil, y que demostraban hasta donde era capaz la mente humana de ingeniárselas para abrir una lata sin abrelatas.

    Eso sí, café…como si fuera agua.

    Y por supuesto aquí seguimos, sin puente y de concurso en concurso…salud y suerte.

    jc

    diciembre 8, 2010 at 14:11

  14. [...] This post was mentioned on Twitter by n+1, n+1. n+1 said: Luces Bajo las Puertas: Behind every light under the door… hay un arquitecto renderizando como si no hubiera m… http://bit.ly/eRHiiF [...]

  15. #zas! http://bit.ly/etclJ6 dedicada al auténtico y genuino crack: @j_echarte ! Should I stay or should I go! ;D #spotify

    Paco González

    diciembre 8, 2010 at 21:36

  16. jajaja!! buenísimo… que tiempos.
    Yo si he estado “de puente” pero cuidando de dos pildorillas de 1 y 4 años que ya te digo yo a tí lo que el menda ha descansado… en algún momento casi que he tenido la tentación de rebuscar en la web para ver si había algún concursillo que echarse a los lomos…
    Por cierto gran aporte la lista de Paco, ya estamos suscritos y prometo enviar alguna que otra aportación. Un abrazo a todos.

    Eduardo

    diciembre 9, 2010 at 11:33

  17. Me extraña que no hayas hablado de los estragos que a las 4 o 5 de la mañana había hecho el pegamento Imedio. Las maquetas era normalmente lo último que se dejaba en una “entrega”……. en aquella época diferenciar a un estudiante de arquitectura un lunes de entrega a las 8 am, de un trasnochado “pastillista” de fin de semana en el urbano, era simplemente imposible. En mi grupo nos poniamos música trance…… lo aconsejo… después de un rato no te enteras y no necesitas tanta cafeina ;)
    Un saludo a todos.
    Gracias por este estupendo blog.

    D. Oiza

    diciembre 10, 2010 at 19:09

  18. Jaja, buen post si señor, he disfrutado leyendolo.
    Muchas gracias ;)

    Eduardo

    diciembre 10, 2010 at 21:32

  19. Apúntaos esta otra…

    dedicada al blog y a todos esos momentos a altas horas de la madrugada en le entra la risa floja al grupo!

    Ydna

    diciembre 13, 2010 at 12:58

  20. Mi primera noche fue con procedimientos de expresión… y lo peor es que hasta me he reído a carcajada limpia aunque en el fondo siento una enorme tristeza. Los que aquí paramos somos del mismo clan y compartimos dogmas. No ceso de replantearme estas cuestiones. ¿De verdad es sana esta postura? ¿Es necesario este castigo físico? ¿Cuál es su justificación? ¿No existen otras vías que permitan conciliar la profesión con la vida? ¿Queremos que los que vengan hereden esta cultura de sacrificio? ¿No se trata de un masoquismo conductista contraído en las Escuelas?

    geciar

    diciembre 13, 2010 at 22:12

  21. Enhorabuena jmer, un artículo brillante.
    Has capturado a la perfección el ambiente de esos tiempos (cielos, así de mayor sueno?) y me has dejado un sentimiento de nostalgia…Aunque fueron duros, tenían la frescura de lo recién estrenado, el compañerismo, la inconsciencia… lo de la magdalena de Proust debió ser algo parecido.

    johncuttlas

    diciembre 20, 2010 at 23:27

  22. Muy descriptivo, Chema. Por unos minutos he vuelto a verte encorvado sobre la lámina, encima del tablero traslúcido, o echando una cabezada con las gafas puestas para despertarte pronto, o a algún ICADE trasnochador que se acercaba a echar un rato, al padre Pita patrullando, a las luces del san pablo a lo lejos, escuchaba “i’m a rock” en tu cd, la angustia de dar con “la idea” que me sacará del atolladero creativo, mis disertaciones de que éramos demasiados arquitectos (creo que el tiempo me ha dado la razón. Me apunto una). Luces bajo las puertas, tu lo has dicho. Qué tiempos, pero…cuánto compañerismo…

    Sensei

    diciembre 18, 2011 at 1:09

  23. Jo, qué recuerdos. Qué de noches pasadas en la sala de estudio de la escuela coloreando làminas a mano (con pasteles!!), cuàntas noches en vela, inyecciones de cafeìna y despropòsitos varios; entregas de proyectos, entregas de urbanismo, entregas de estructuras. No comprendo por qué habìa tanto trabajo en grupo, al final me encontraba yo arrastrando los trabajos de los demàs, o bien perdiendo el tiempo en reuniones màs que en horas de trabajo productivas.

    Lo mejor que pudimos hacer en un curso era que tres amigos nos dividimos tres trabajos en grupo, para que cada uno hiciese uno y lo entregase en nombre de los tres. Qué alivio.

    En otra ocasiòn (ah, entrega de septiembre de procedimientos) una amiga tenìa que entregar 20 làminas. Y allì que nos presentamos en su casa siete colegas, y en 24 horas le solucionamos el percaz. Aprobòn con mis croquis y mis acuarelas, las làminas a tinta de David, las de color de Juan Francisco, los collages de Maria Luisa.. oye, quedò estupendo!

    Eso sì, en el momento de la entrega, al menos nos afeìtabamos, duchàbamos, vestìamos guapos y maquillaje para las niñas, para que se notase que “ìbamos sobrados”. Después ìbamos a la cafeterìa de enfrente a tomarnos algo lìquido (generalmente de contenido alcohòlico..). Tengo una foto nuestra tras una entrega y dos noches sin dormir, carnaza gràfica hacer chantajes.

    Un saludo, compañeros del “staedler” (sì, yo tenìa staedlers, y mi pedazo de cangrejo Leroy). Ah, nunca, nunca nunca pude ir a una “Fiesta de la primavera”. Siempre me coincidìa con la entrega de algo. Ah, Arquitectura, cuànto daño has hecho!!

    Augusto

    mayo 22, 2012 at 14:26


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