n+1

Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

Down Memory Lane

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Un post “batallita” para estos tiempos de sollozos.

Uno se da cuenta de ciertas cosas con el tiempo. Entre ellas, que de lo que no se da cuenta es de que el tiempo pasa rápido e inexorable. Más en nuestra profesión.  Cuando empecé la carrera nadie tenía internet, google no existía, el Windows que había era el 3.0 y Autocad se manejaba (el que lo manejaba) con una tableta grafica y bajo DOS, el hombre más sexy de la revista People era Patrick Swayze (o_O) la mujer era Jennifer Love Hewitt (Alucinen) la consola de videojuegos que lo petaba en el mercado era la SEGA Mega Drive (snif) y España seguía sin pasar de cuartos.

Resulta curioso al mirar atrás el salto cuantitativo en el número y cantidad de herramientas  que manejamos. No tengo tan clara la mejora cualitativa, o mejor dicho, no tengo tan claro que el incremento del número de herramientas haya supuesto una mejora cualitativa en los resultados. En realidad lo cierto es que las facilidades son muchas más que antes lo que propicia que “podamos hacer de todo”, aunque ello evite que nos preguntemos si “debemos hacer de todo”.

Así, mirando hacia atrás (Sin ira, y con menos pelo…algunos), hemos recordado como se entregaba un ejercicio de proyectos cuando estudiábamos, y aun habiendo pasado muy pocos años… parece que estuviéramos hablando de la edad de piedra.

Por recordarles con añoranza aquellos tiempos en los que no existía el SMLXL y por si son ustedes tan insultantemente jóvenes que su primera entrega ya salió al aroma de photoshop sobre cama confitada de 3DStudio, lean……..

Pensar, en proyectos, sospecho que al principio se pensaba igual, dependía del profesor y la cátedra que te tocara o hubieras elegido, y de tus obsesiones (aunque esto no lo supieras entonces). La primera semana la dedicabas a hacer monos, fotografiar el lugar (si existía y estaba cerca) y ojo fotografiar era fotografiar con carrete y revelado (Las primeras cámaras digitales, las Sony MAVICA de disquete, llegarían años más tarde).

Quizá dedicaras tiempo a ir a la biblioteca del Reina Sofía, o a la de la Escuela, a buscar información (La wikipedia era inimaginable), a hacer algún collage, a mano claro, que representara “la idea”, incluso a leer “Las ciudades invisibles” una y otra vez para ver si alguna se parecía a lo que había en el lugar o a lo que queríamos representar.

Tras alguna corrección, de las más divertidas que recuerdo porque cada uno llevaba “espoletas” muy diferentes (Fotos, dibujos, textos, libros, maquetas de todo pelo y condición y hechas con los materiales mas inverosímiles), y con el visto bueno (o al menos el “bueh la idea no esta mal”) de tu profesor, pasabas a dibujar. A ponerlo de largo y de bonito vamos.

Cuando digo dibujar, quiero decir pasarte una tarde en una tienda de reprografía ampliando y reduciendo el parcelario. El parcelario lo habías obtenido previamente visitando la Gerencia de Urbanismo o del Ayuntamiento, porque no existía, o al menos no era accesible, el parcelario en PDF o en DWG. Si te llevabas bien con el tío de la fotocopiadora (En Madrid eran un tal Tito y un tal “El Colega” de FASTER) no te cobraban por los saltos intermedios y las pruebas. Si no ya podías ir con dinero que te iban a dar un viaje de cuidado.

Con las fotocopias aun calentitas, con el Neüfert (imprescindible), y armado de papel de croquis a cascoporro (Diamond si tenias dinero, del amarillo a dos pesetas el DIN-A1 si era fin de mes y las cañas habían hecho estragos) te ponías a dibujar. Ya saben, sobre la mesa de dibujo con parales, con escuadra y cartabón, con el parcelario previamente fotocopiado pegado con Scotch Magic y con el croquis pegado encima. Con un portaminas de 2mm afilado hasta el rechinar de dientes y, si eras zurdo como es mi caso, con una mina 2H para no dejar el croquis más negro que un pecado.

El croquis se dibujaba y redibujaba, se convertía en una superposición de hojas pegadas, dado que cada cambio o posibilidad se redibujaba encima en una nueva hoja añadida, evitando así borrar aquello que se consideraba estructurante, lo básico del proyecto, la idea principal. También podía ser porque uno era mas vago que la chaqueta de un guardia, pero queda mucho mejor lo otro, guárdennos el secreto.

Borrar era malo. “No te pagan por borrar, te pagan por dibujar” creo recordar que le dijeron a Jack Kirby, el dibujante original de los 4 Fantásticos. En realidad borrar era pesadísimo y sospecho que la inexperiencia y la falta de autoconfianza eran las que convertían cada croquis en una inmanejable plétora de papeles pegados.

Los croquis se coloreaban, se “collageaban” se llenaban de imágenes, se pasaban partes a tinta, en realidad se trabajaba sobre ellos una y otra vez lo que los convertía en magníficos documentos de trabajo o si prefieren desde un punto de vista puramente fetichista en objetos a atesorar (Que levante la mano el que no tenga una madre que le haya querido enmarcar un croquis). Si eres espabilao y tu objetivo es trascender, guardaras tus croquis como oro en paño, dado que nunca se sabe cuando te van a hacer una exposición sobre ellos.

Dependiendo del tiempo que el papel pasaba en la mesa, le podían pasar varias cosas. Desde la clásica mancha de chorizo al círculo de café de la base de la taza o si eras fumador las quemaduras pequeñas, y no tan pequeñas, del cigarro. En ocasiones y para tu desgracia, la coca-cola de las 5.00 am se declaraba fiel seguidora de la ley de Murphy y se derramaba enterita sobre el croquis, para jolgorio alegría y crujir de dientes del personal,  porque aunque intentaras secarlo el puñetero se deformaba y lo que en principio era una planta “A lo Campo Baeza” terminaba en una suerte de “Zaha was here” (Y hablamos de la época en la que los mismos que hoy alaban a Zaha la ponían a caer del guindo).

Una vez que todo estaba medianamente claro, o que te habías dado cuenta de que tu profesor estaba convencido, o cuando ya no había más tiempo, que solía ser lo normal, llegaba el momento de preparar “La entrega”.

La entrega era una serie de paneles, o de láminas, producidas y montadas como si de un concurso se tratara. Recuerden, no había plotter, ni manejábamos Autocad ni ya puestos un ordenador para nada más que para jugar al PC Futbol. Y aunque hubiéramos sabido manejarlos, estaba prohibido usarlos, en un alarde de predisposición para la tecnología y de visión de futuro que hace que cada vez que veo a un profesor de la escuela hablar del futuro en plan modernete me de la risa floja).

Lo que se hacía primero era pensar y planificar las “Laminas” (casi todo el mundo las llamaba así, toma carrera técnica) lo que ibas a poner en ellas y como. Los cartones que ibas a necesitar, si les ibas a pegar algo encima o no, si ibas a hacer maqueta o no. Si necesitabas ampliar o reducir algo en la reprografía. Como la lista de la compra pero modelo arquitecto.

Tenias entonces que dedicar una tarde a “equiparte” (Probablemente también un rato a llamar a casa a pedir un ingreso urgente de dinero en la, exigua, cuenta de la que tirabas para tus gastos). En Madrid “the place to go” era (no se si sigue siendo) SANCER, papelería técnica que estaba en Moncloa y a la que acudías con una lista que parecía la del día de la boda. Laminas de papel caballo, de vegetal de 190 gramos, de tramas, de plantillas, de papeles de colores, de estilógrafos, spray mount 3M (Primero comprabas el rojo, y cuando descubrías que era como para soldar perfiles de acero, te pasabas al azul) de TODO.

Si ibas a hacer maqueta, la cosa se complicaba, cartón pluma, madera de balsa, loctite como para sujetarle una grieta de un metro a la estructura del Golden Gate, puntas de cutter, cola blanca…

Allí te atendían “el del bigote simpático” (Que después dejo de serlo porque se afeito y paso a ser conocido por “el calvito simpático”) “el joven”, “el que fuma” y “el mayor”. Nunca consegui aprenderme los nombres. Salías de allí con un paquete que parecía la maleta de Alfredo landa en “Cateto a babor”. Enorme, inmanejable y descoyuntante.

Y carísimo. No se si la carrera entera, pero la matricula de dos años se la pague yo fijo a los hijos de los dueños. Probablemente ese día no harías ya nada mas, esa extraña sensación de “Ya lo tengo todo, la cosa va bien” que te ponía las endorfinas hasta la bandera de felicidad.

Después, según se acercaba la fecha había que ponerse al tema.

Varios eran los procedimientos, claro. El primero, el que se empleaba en la cátedra de los Pepes, y el que use (usamos) gran parte de la carrera, consistía en CALCAR en papel CABALLO los croquis, habiendo programado antes como se montaba la lamina y como se maquetaba. Por ejemplo, el titulo abajo, una imagen de la maqueta detrás, una tira de esquemas en axonométrica en el lateral, y una sección enorme en medio, con lo seccionado en negro.

Para calcar, montabas los croquis en una MESA DE LUZ, y sobre ella dibujabas con un estilógrafo…. DEL 0,1. El papel caballo es poroso, pesado, gordo y rugoso, opaco… vamos una delicia para calcar o para darle con un estilógrafo. Por supuesto si había que rellenar algo de negro, te las ingeniabas con una cartulina, o con tramas, o rellenando con tinta china con cuidado de no dejar manchas y enmascarando el resto con cinta carrocera.  (Como el de los briconsejos vamos).

Si querías hacer rayas de colores tenías que usar estilógrafos con tinta de color. Aunque el único color admitido con cierta equidad era el sepia. Los rojos, amarillos y verdes eran bastante “evitables”. Los rotuladores eran de destierro.

Los lápices de colores se admitían, pero más para los croquis que para otra cosa.

Las letras y los textos se escribían o con plantilla (Que te abocaba en según que cátedras a que te dijeran que “Si eras aparejador” [sic]) o con cangrejo. El que no haya usado nunca un cangrejo no puede saber la tortura eterna que significaba, ni tampoco imaginar las velocidades vertiginosas que se podían llegar a alcanzar.

Completada la tarea, las fotos se pegaban con Mount 3M, se montaba la “lamina” sobre un cartón pluma y se le ponía un acetato encima.

TOMA MORENO. Toma artesanía. Toma moderno. Toma de todo.

La otra opción era igual, pero todo lo dibujabas en vegetal. Tenía la ventaja de que se calcaba mejor, se raspaba mejor y los textos los podías imprimir con un ordenador para pegarlos en el vegetal. Con el vegetal y los textos pegados te ibas a Faster y allí o “Tito” o “El Colega” te lo fotocopiaban en papel couche (Mate o brillo) y ya lo tenias listo para pegarle las fotos, maquearlo y montarlo.

La pega era que el vegetal tenía que ser perfecto porque si no, la fotocopiadora “manchaba” el cocuche. La otra pega es que en ciertas cátedras (La de los PPs por ejemplo) el cocuche no estaba bien visto. De hecho estaba muy mal visto.

Algunos estarán alucinando con este modelo quasi artesanal en el que las cosas costaba hacerlas un Congo Belga. Dado que la información era probablemente la misma en el vegetal que en el elaborado panel posterior, siempre nos reíamos pensando que en la Escuela no te enseñaban a proyectar. Te enseñaban a ganar concursos y luego ya que los construyera otro. En la escuela de Madrid no se hacían Proyectos. Se hacían Concursos. No se hacían planos. Se hacían paneles. Esto no deja de ser mentira o verdad del todo y tiene algunas ventajas y como todo en esta vida, algunos inconvenientes.

Con el tiempo sin embargo no todo lo recuerdo tan horrible. El hecho de que rellenar de negro una sección costara horrores te llevaba a preguntarte si la rellenabas por algo en concreto. Incluso la imposibilidad de tener (Como con un modelo 3d por ejemplo) infinitas secciones y posiciones de cámara, obligaba a una síntesis que no era del todo despreciable. Qué sección es la buena. Qué es lo que tengo que mirar. La escala tenía que ser abarcable, dado que no existía el zoom y lo que dibujabas era lo que veías o cabía en tu mesa, Una buena forma de saber que importaba y que no a determinadas escalas.

Lo se, lo se. Son cuestiones quizá algo pedestres, pero no son tan despreciables como pensaba en aquel momento, cuando lo único que pensábamos era las pocas horas que faltaban para entregar, el sueño que teníamos y que nos habíamos quedado sin tabaco una hora antes.

EL día de la entrega llegabas allí con los ojos como el chavalote del anuncio de Vspring y probablemente la misma cara de empanados. Éramos bombas humanas andantes llenas de cafeína, nicotina, coca-colas y sueño. Una vez soltado el paquete, normalmente no había cuerpo para quedarse a nada más, y menos a clase. Las pintas eran dignas de una película de Tobe Hooper. Muchos enamoramientos pasajeros acababan allí mismo al ver al objeto humano deseado con pinta de troll gruñidor con legañas y sin maquillar o afeitar (Y hablo de ellos y ellas).

Parecíamos salidos de un alfter-hours canalla después de un cumpleaños de Ronaldo. Ojeras por los suelos, vestimentas de combate y algún celo pegado aun por el jersey. Supongo que con el tiempo, mi cerebro se ha quedado solo con la parte buena pero no recuerdo aquellos momentos (salvo el sueño, la nicotina y la cafeína corriendo por el organismo) con especial horror.  Más bien con cierta nostalgia. Los concursos son iguales en parte, aunque no del todo. Los concursos implican una responsabilidad enorme que en aquel momento no existía lo que quizá lo hacia todo diferente.

He vuelto a abrir la caja del cangrejo hoy, y no me he atrevido a usarlo, no se si por miedo a que en el estudio me llamen abuelo o por miedo a que me agarre el bucle espacio temporal (Estilo el día de la marmota) y me ponga a escribir “Jose Maria Echarte, EXP. 3266 Catedra Capitel….”

Aunque oigan, no seamos sentimentales, que si la cosa sigue como esta…. un cangrejo es un activo ecomico potente… al menos en Ebay

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Written by Jose María Echarte

marzo 23, 2010 at 11:39

12 comentarios

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  1. A mi me ha tocado pasar de esto que cuentas a al era digital mientras me saco la carrera, aunque con algunas penurias menos, porque algo de informatica ya se estilaba en mis primeros años, algo de internet había pero con modems de los que hacian ruido y te corrtaban el telefono y todo eso algo ayudaba, poco, pero ayudaba.
    He usado rotrings, paralex, plantillas, vegetales y todas estas “manualidades”, y con el tiempo he visto como los mismos profesores que te decian que hicieran el proyecto a mano mejor que a ordenador (o te lo prohibian directamente) ahora piden videos, power points y performances de la ostia.
    De todas maneras, en realidad el proceso de proyectar, o el resultado, o incluso los dolores y ojeras de los alumnos no han cambiado, igual que no han cambiado los retrogados, estúpidos y prepotentes profesores, lastima que estos, igual que las herramientas, no se hayan modernizado.

    hansbrinker

    marzo 23, 2010 at 12:10

  2. En aquellos años siempre había algún rótring meón a última hora, la típica maqueta tan blanquita que no había manera de enfocar y salían las fotos borrosas (fosots que recogíamos dos días después de haberlas tomado, con los dedos cruzados al acercarnos a recoger el revelado…), y ahora siempre se cuelga photoshop al salvar ese fotomontaje de último momento, al autocad le da por hacer un festival de errore fatales que llenan nuestro disco duro de archivos_recover_recover…, se interrumpe la conexión adsl justo cuando vas a enviar los pdfs a la reprografía…
    Vamos, que los medio cambian, pero lo demás sigue siendo muy parecido!

    Pero lo mejor ha sido el cambio de los profes, como se comenta. Recuerdo el revuelo que se montó cuando unos valientes entregaron su proyecto hecho “a ordenador”…y ahora piden renders como el que pide caramelos…

    CCAD - Daniel Moyano

    marzo 23, 2010 at 12:38

  3. Todo eso que cuentas es una historia perfectamente compatible con la de cualquier estudiante de arquitectura que ahora tenga 30 años aprox., y que haya estudiado en cualquier escuela patria. Sólo habría que cambiar el nombre de los personajes secundarios y sus localizaciones: en Valladolid Sancer sería Totem, un garito llevado por unos hermanos muy cerca de la Escuela, los de Faster serían los pollos de la fotocopiadora de la Escuela, que “casualmente” eran hermanos de un profesor de Dibujo Técnico de 1º (cosas que pasan en la Universidad española)…
    Respecto a lo de la nostalgia a lo “Cuéntame”…ninguna, oiga, NINGUNA. Absolutamente ninguna. Por lo menos en mi caso no tengo ningún recuerdo medianamente interesante, ni ninguna parte buena. Como bien dices, la visión de futuro por parte del profesorado era nula (y mejor no entremos en su preparación, que sería de traca). Buena parte del asco que aún a día de hoy le tengo a esta profesión nació de esas horas interminables calcando, raspando con la cuchilla o dando color con el aerógrafo. Todas ellas cosas que nos comían el 95% del tiempo a dedicar a nuestra formación, y que no sirvieron absolutamente para nada. Tonterías como que una línea doble, o un borrón con el aerógrafo, o una línea corrida y mal raspada sirvieran como excusa para derribar una lámina (y de paso el proyecto) son aberraciones que nunca jamás se deberían permitir en la enseñanza de la Arquitectura. O como dices tú, el uso del papel couché donde no se debía.
    Y esto no son cosas que ocurrieran hace décadas. Que han pasado como quien dice a la vuelta de la esquina. Cosas como estas me hacen pensar en que la imagen que tienen los arquitectos de divos rancios, de artistones engreidos…en el fondo es cierta. Porque nos la merecemos desde el mismo momento en que entramos en la Escuela y nos deforman para siempre (“deformación no elástica”, que se dice).

    Raúl

    marzo 23, 2010 at 12:47

  4. estamos pucela al completo…jeje…
    me ha encantado vuestro post…se me había olvidado lo que era recoger las láminas calentitas de la fotocopiadora después de haberte pasado una noche entera pasando el proyecto a tinta…jaja
    Qué buenos recuerdos eso de decir: ya sólo me queda pasar a tinta!
    De acuerdo Raúl con que puede parecer una pérdida de tiempo el rotring, el aerógrafo, la doble línea etc…pero esa obsesión nos ha ayudado a saber presentar hoy con nuevos medios nuestros proyectos…en realidad no ha cambiado nada.
    Este afán perfeccionista sigue ahí, con el autocad, con el max, con el photoshop,…hasta que no hay ni un fallo, no le dejas de dar al ratón, no?

    creo que somos afortunados esa generación de treintañeros que hemos podido aprender bien las dos cosas…la mano que nunca falte y el magic mouse tampoco!

    Laura

    marzo 23, 2010 at 13:34

  5. Bueno, es que de hecho, Laura, creo que tú y yo hemos compartido pupitres en alguna que otra maldita escuela…
    Y lo vuelvo a repetir: buenos recuerdos ninguno. Pero ninguno. Una cosa es la enseñanza de la Expresión Gráfica (cosa que está perdiendo, lo reconozco), y otra el trabajo esclavista al que se sometía (y supongo que se seguirá sometiendo) a los alumnos de asignaturas más o menos gráficas. Y te aseguro que el afán perfeccionista es muy fuerte en mi, no necesité que nadie me obligara a golpe de rotring.
    De todas formas, y sin querer divagar mucho, desde que empecé la carrera yo siempre me sentí un bicho raro, un incomprendido por el resto del mundo. Nunca me sentí universitario, como los de económicas, los de ingeniería, los de ciencias, los de derecho… Esos se iban de cañas, salían los viernes, dormían…y para aprobar no necesitaban pillar al profesor de buenas, independientemente de que tu trabajo fuera bueno o no, o hubieras aprendido lo que se pretendía enseñar. Mi padre, profesor universitario de ciencias, no entendía las cosas que yo le contaba que ocurrían en la Escuela. De hecho, los primeros años de carrera se creía que yo le exageraba, que me inventaba historias, excusas para justificar suspensos en proyectos, en Dibujo, en Análisis de Formas… hasta que gracias a un amigo suyo que daba clases en aquella universidad empezó a comprender el problema.
    Y cuando hablamos de la profesión, ya ni te cuento: el complejo de estar no ya en un mundo, si no en un universo aparte del resto de la Humanidad, eso no se me ha quitado ni se me quitará.

    Raúl

    marzo 23, 2010 at 14:38

  6. Plas-plas…¡Me ha encantado el post!

    Me ha hecho recordar otras épocas (en las que vivía con más sufrimiento e intensidad la carrera que actualmente) pero las recuerdo con cierta nostalgia, yo creo que más bien es por las expectativas y la gente que te rodeaba por aquel entonces y viviendo un poco de manera inocente sin llegar a conocer la verdadera situación que rodea la profesión. Yo creo que más bien era eso, como cuando éramos pequeños e íbamos a la guardería no podríamos llegar a pensar en la cantidad de maldad e injusticias que siendo adultos hemos ido viendo en el día a día (no ya de la arquitectura, sino de la vida).

    Yo siendo estudiante de último curso, recibí al comenzar la carrera, en primer curso la enseñanza de muchas técnicas que comentas (estilógrafos y portaminas, paralex, escuadra y cartabon…), pero siendo sólo asignaturas de expresión gráfica, cuando llegué a asignaturas de proyectos ví la otra cara de la moneda.

    En proyectos creo que mi escuela anda a la vanguardia de España en lo que a representación y método docente se refiere, no hay una metodología definida por así decirlo (no es por sentirme orgulloso, ni presumir de ello, no lo veo bien ni mal, solo hacer hincapié en el contraste que existía entre saltar de primero a segundo), escuela que es hija directa de la ETSAM, próxima a la ETSAV (para daros más pistas). Y siendo ahora como soy estudiante a punto de terminar (ya se va viendo el final del tunel), la escuela está cambiando a pasos agigantados: las viejas glorias se jubilan y entran nuevos profesores haciendo más asequible las asignaturas, además de la nueva enseñanza de programas informáticos de una manera más actual (autocad 10/rinoceros/3ds/PS).

    Entonces, los pertenecientes a mi generación, nos encontramos entre dos tierras, dentro de la marabunta de gente de cursos más bajos, yendo a curso por año (antes era impensable), con conocimientos de diversos programas, (dibujo, video, animación…) pero aunque pueda sonar pesimista, para nada, pienso que la arquitectura está (y siempre ha estado) en la cabeza de uno y en su manera de reflejarlo en el medio que sea…

    He utilizado la palabra MEDIO, para no olvidar que no hay que convertir los propios medios en FINES, porque entonces si que estaríamos equivocándonos. A veces hay que pararse a pensar y alejarse un poco del ordenador porque los ordenadores no nos van a hacer el trabajo.Si que he notado a veces que toda esta nueva cantidad de programas si las pones en la mesa de manera como lo que son (herramientas) pueden llegar a buen puerto, de lo contrario no son más que humo que te nubla la vista.

    Espero que el nivel del blog siga en aumento.
    Un saludo

    jordi

    marzo 23, 2010 at 20:46

  7. totalmente de acuerdo..te parafraseo:
    “la arquitectura está (y siempre ha estado) en la cabeza de uno y en su manera de reflejarlo en el medio que sea”
    razón tienes!

    p.d. Raúl, nuestra escuela era hardcore, cierto…pero algún recuerdo bueno tendrás no?..no sé…los compañeros (yo los tuve fantásticos) y algunos profesores (en mi caso uno)…pero bueno, yo escapé de allí pronto y quizá por eso lo veo de manera más positiva ;)

    Laura Álvarez

    marzo 23, 2010 at 22:38

  8. Raúl…no te ubico, y creo que debería conocerte! Sabes que Tótem ahora tiene sucursal dentro de la Escuela? Si es se modernizan a velocidad de vértigo!
    Lo que dice Laura…ella sabe mejor que yo la diferencia entre nuestra bendita Escuela y “todas las demás”.

    Yo, que soy un loco del software hiperactualizado, que me encanta trastear con los ordenadores y que me paso delante de uno más de medio día, creo que no es más que una herramienta más. Muy potente, pero sólo si se sabe usar. Nosotros la podemos comparar con el trasto-cangrejo o con el temible rótring meón, las nuevas generaciones compararán el autocad 2022 con el arcaico 2010 (apuesto a que para entonces Autocad hará un sombreado sin volverse tonto, y que podrá escribir textos en párrafos justificados).

    Pero creo que ciertas disciplinas no se deberían abandonar nunca, y el dibujo a mano es fundamental, desde mi punto de vista. Aunque quizá ahora dibujen croquis en el iphone…me vale igual, si saben dibujar!

    CCAD - Daniel Moyano

    marzo 24, 2010 at 9:21

  9. a mí me sigue encantando la sensación de escuela anárquica y no organizada.. es la que verdaderamente me enseñó a buscar lo que quería o lo que todavía no sabía. Lo de ahora se asemeja a una academia de enseñanza primaria..
    será que nos estamos haciendo mayores!!!

    TOKI

    marzo 24, 2010 at 15:22

  10. Qué buena esta vuelta al pasado!

    Como bien se cuenta en la entrada todo era muy rudimentario. Pero el tener la escala clara de las cosas, es un lujo que parece que se está perdiendo. Como bien dice José María, si tienes que hacer una sección a mano, y bien delineada, te lo piensas muy mucho cual eliges, y si te ocurría hacer algo tipo las perspectivas en 3D de lso primeros números de tectónica (esto no queda tan lejos) afilabas de lo lindo las cuchillas, para que te quedase bien bonito. Esos rotrins, que siempre se quedaban con la tinta seca (un par de cajas llenas todavía andan por ahí), y menudas gotazas te tiraban cuando menos te lo esperabas.

    Elegir lo que dibujabas en esas condiciones tenia un valor enorme, y dibujar medio bien y claro a mano es algo que cuando se da el “salto” al ordenador se agradece mucho.

    Y una cosa es esos profesores un tanto retrógrados de los que habláis y otra es que se pueda corregir el proyecto en la pantalla del portátil.
    Imprimir y valorar las líneas y la escala, es algo fundamental, y se pierde un poco está idea con zoon max, zoon min.

    stepienybarno

    marzo 24, 2010 at 18:05

  11. Estoy de acuerdo con Toki, si hay algo que recuerdo con agrado de todo el proceso (Incluidas las partes buenas y las malas) es haber aprendido un cierto nivel de “Adaptarse o morir”, o al menos haberme dado un armamento lo suficientemente ordenado (quiza lo ordene yo, quiza no fui consciente de como se ordenaba) sobre lo que queria buscar y como hacerlo.

    Tiendo a pensar que de todo se aprende, de lo muy bueno de lo regulero y de lo malo, y es algo que he ido comprobando con la experiencia profesional.

    Dicho esto, tan malo era que estuviera prohibido “Usar el ordenador” como me parece que lo es el hecho de que una animacion flash molona en una clase de proyectos tape las enormes carencias de un proyecto hecho a base de copypastes con poco aprendizaje real detras (Cosa que me temo pasa demsaiado en las escuelas hoy en dia).

    Creo que la diferencia de concepto con la actualidad esta en asumir que hay cosas que como dice Daniel son herramientas (Que mejoran, facilitan, ayudan y se prefeccionan) y que pese a su capacidad altamente pregnante no son sino apoyos y ayudas para otras cuestiones que tienen menos que ver con la impedimenta y la intendencia y mas con el saber hacer. Como decia el general Omar Bradley, “Primero los hombres, despues las maquinas”.

    ^_^ S&B, yo era mas de Faber Castell, que tenian una bola humidificadora en la punta, y para la ultima entrega que dibuje a mano use un Leroy (El Aston Martin de los estilografos) por aquello de no quedarme sin probarlo.
    El momento limpieza, cuando se salia el pelo del 0,1 solo era comparable en el “terrormetro” a la aparicion del tiburon en “Jaws”.

    jmer73

    marzo 25, 2010 at 8:36

  12. Pues yo opino como Raúl. El perder dias de sueño por sistema “porque la arquitectura se hace así” es uno de los argumentos más idiotas, estúpidos y dañinos que nos han transmitido los profesores (la planificación hecha ciencia, oiga, y luego pretenden dar servicios de project management). La sumisión a decisiones aleatorias del profesor de turno bajo amenaza de permanecer en la Escuela Ad Eternum (los tribunales escolares, por supuesto eran amigotes del juzgado) me volvio acrítico durante mucho tiempo (es decir, idiota). Pero el pensamiento mas terrible que me ha estado rondando por la cabeza ultimamente es si todas esas noches en vela, argumentos chorras, falta total de criterio en las correcciones, contradicciones y tal, no eran por el bien de los alumnos, para endurecerte y enseñarte, sino simplemente para moldear al empleado perfecto para sus estudios bananeros.

    Ex-arquitecto

    abril 13, 2010 at 10:11


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