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Aquí también hay que leer compulsivamente (LFC)

Miss Petrificada

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En el suplemento El Cultural de The Worrrrld (O sea, el Mundo) Siempre hay al principio una especie de editorial al que llaman (En un gesto de bíblica modestia) Primera Palabra. El de esta semana pasada lo escribe Luis María Ansón.

Contra todo pronóstico, el texto no acaba con “Te alabamos Luis María”. ¡Shocking!

Se titula (siéntense por favor) “Calatrava, música petrificada”.  Melifluo titulo donde los haya que le daría a “Mi pequeño Pony” un subidón de glucosa suficiente como para que lo ingresaran en el hospital de Anatomía de Grey como remate del pastel almibarado.

Se podría alegar entrando más a fondo y sobrepasado el trago de fructosa, que hablando del valenciano universal, más de uno estará por la labor de pensar que la música petrificada debe ser un tostón similar a un concierto de diez horas de marchas militares.

En cualquier caso, y recordando que hace poco hablábamos de la incapacidad manifiesta de la prensa para escribir sobre Arquitectura, Justo es decir en descargo de Luisma, nobleza obliga, que sabe algo más que el ínclito redactor de El País que quería convertirnos en chicos/as Foster (Du-dua-du-dua). Al menos sabe quién es Adolf Loos, y le suena la Bauhaus a algo más que a un grupo alemán de rock electrónico.

Y sin embargo, el problema de Ansón, es que como muchos otros antes que él, y los que te rondare morena que vendrán después, se pierde por unos jardines selváticos en los que empiezan a aparecer Schopenhauer, Malraux, Goethe (El pobre Goethe, oigan, es que no se pierde una) y del que no se sale ni con una motosierra, no digamos ya con el machetito mellado de la oda caramelizada a la figurita de relumbrón.

Por ello, como siempre también, la hagiografía se queda en la superficie. En el ejemplo tontaina y altamente equivocado. Por mucho que se haga una cita cada tres líneas y por mucho que se escriba Ornament Und Verbrechen en vez de Ornamento y Delito.

Empieza mal la cosa cuando hay que buscarse una excusa en el pasado para justificar las ignominias construidas del presente, en este caso la excusa no puede resultar más falaz. Jorn Utzon, que debe estar el pobre revolviéndose en su tumba, no solo por la comparación con Calatrava sino por el hecho de que este, según nos cuenta Ansón, “Haya galopado audaz sobre las nuevas técnicas y haya incorporado decididamente la escultura a la arquitectura”.

Cabria aquí explicarle al miembro de la Real Academia Española (Los sillones de la academia parece que los regalan, oiga) que Utzon no solo hizo la Opera de Sidney, sino que era capaz de obras de extraordinaria sensibilidad y belleza sin importar el tamaño o el presupuesto. Habría que recordarle que las únicas viviendas de pequeña escala que se le conocen a Calatrava son un fiasco imposible e infumable, fruto de trasladar el artificio fallero al que tanto nos tiene acostumbrados a una dimensión en la que quedan al desnudo todas sus mentiras y carencias.

Y es que para Utzon, Sidney fue un ejercicio, basado en un sistema constructivo de posteados por dovelas, y solo posteriormente la imagen del velamen fue adoptada como forma sencilla de explicar el proyecto. La ventaja de Utzon, es que siendo como era arquitecto y no escultor, fue capaz de no convertir la anécdota en Opus Vivendi. Y mucho menos en Modus Operandi.

Y es que Luis maría, cuando uno se convierte en una constante copia de si mismo, en un sistemático esfuerzo por epatar o, hablando en plata, por liarla cada vez mas parda, se deja de ser un técnico y de tener una forma de hacer las cosas, para ser un artistilla (Y el diminutivo no es casual) y tener una receta que llega, en la mayor parte de los casos, a chiste ensimismado y retorico.

Solo hay que poner un ejemplo. Este dibujo de Utzon. Este de EL.

Quien dibuja lo primero, está entendiendo que aquello es un acantilado, que hay un bosque detrás, que quiere enfocar unas vistas, que hay un techo que se eleva y se comprime, que hay un suelo físico…

Quien dibuja lo segundo solo está interesado en hacer el triple salto mortal sin red, ensimismado en su propia imaginería falsa y en el aspecto autoconlcusivo y relamido de una escultura a la que en un momento dado le saldrán unas viviendas más por empotramiento que por convencimiento (Un rascacielos no es un cuerpo humano, y desde luego no es un torso).

Pero si la comparación con Utzon resulta apáticamente falsa, peor lo es la comparación con Le Corbusier por lo que tiene de recalcitrante. Según Ansón, Calatrava “Se ha sacudido el polvo y la paja del siglo XX y ha proyectado su genio sobre el XXI”.

Antes al contrario querido Luisma, Calatrava se ha rebozado a gusto por lo peor del pajar no ya del XX sino del XIX. Se ha bañado con absoluta delectación en el lodazal de lo peorcito del rococó.

Y lo ha hecho de la forma más consciente y peligrosa posible. Aquella que asume que su arquitectura es un mero ejercicio formalista, una escultura a la que solo su tamaño permite albergar (de cualquier manera en muchos casos) un programa. Un fondo de foto carísimo para el corte de cinta a la mayor gloria del político de turno que podrá entonces presumir, cual nuevo rico de boina a roscachapa, de tener “Un Calatrava”.

Escasa diferencia hay entre los pabellones chinescos del tardo-eclecticismo del XIX y primeros del XX y los cascos y naves espaciales de los que Santi siembra el suelo patrio y no tan patrio. Son formalidades, caprichos visuales (y carísimos). El punto genial del primer Le Corbusier es el de entender que la vivienda es una máquina para habitar, alejada de estilos y de órdenes, de elementos que respondían a otras cuestiones y que exentos de ellas se habían convertido en meros elementos decorativos banalizados. Y es aquí donde la comparación con Le Corbusier o incluso con Loos, al que también se nombra, resulta ridícula. La obra de Calatrava es Toda decoración. Toda ella una falla (Valenciana) de cartón piedra. Attrezzo. Una Tramoya.

Respecto a la capacidad técnica, siempre tendremos la duda de si Ove Arup ha hecho más daño que bien a la arquitectura de finales del XX y principios del XXI. O en otras palabras, poder hacer algo, no significa que debamos hacerlo. Ni siquiera que sea buena idea.

La arquitectura no es escultura. No lo será nunca. La comparación entre ambas parte de la simplificación del objeto arquitectónico, de su reducción a mera caja exterior, a su aspecto formal más infantil, más sencillo. Es el Big Mac de la arquitectura. Fácil de tragar, sin complicaciones. No exige esfuerzo alguno. Es un casco. Es una paloma. Es un saltamontes. Es el Enterprise. Es un cocodrilo. Es un pájaro. Solo le falta ser un avión y para finalizar, ser Superman.

Es esta la única habilidad que hay que reconocerle a Calatrava en toda su plenitud. La de haber colocado con profusión un revisionismo trasnochado como el no va más de la modernidad. La de haber conseguido que le construyan sus esculturas a escala 1:1 convenciendo a todo el mundo de paso de que la anécdota gruesa de fácil digestión es un discurso de profundidad.

Y todo ello sin entrar en que las “Galopadas audaces sobre la técnica” de EL, han costado a Españoles y foráneos (Y últimamente a los neoyorquinos) ingentes capitales no presupuestados, modificados descomunales y sumas de dinero público ingentes, traídas a cuenta de la necesidad de contar un edificio, no por lo que vale o su funcionamiento sino por su capacidad de salir en Fieras de la ingeniería en Discovery Channel.  Hay responsables económicos de Ayuntamientos que preferirían que la galopada la hubiera dado Atila el Huno con toda la horda detrás y en pleno ataque de colon irritable. Les habría salido más barato.

La única incorporación de la escultura a la arquitectura, Luis María, que recordamos en esta santa casa con interés es esta. Y requirió del primer Oiza y del genio de un Jorge Oteiza inspirado para funcionar sin mayores aspavientos y sin necesidad de hacer chistes fáciles.

En sus estelares apariciones en los jurados de Miss España (Cuyos decorados se asemejan más a la obra del galopador de lo que él cree) Ansón suele repetir aquello de que No están todas las que son, pero son todas las que están.

El problema con la Arquitectura en España es que muchos de los que son, no estarán nunca, y peor aún, algunos de los que están no son. Y nunca lo serán.

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Written by Jose María Echarte

junio 16, 2009 at 13:02

6 comentarios

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  1. Suscribo el post.

    El “efecto Calatrava” es consecuencia de la total ausencia pedagogica entre “arquitect@-cliente”, de esta manera proyectamos una imagen de tipos raros y caprichosos que nos queremos “lucir a costa de los euros de otros”, pero bueno, somos “artistillas incomprendidos” y hay que dejarnos en paz…[leer en tono de ironía]

    No, es una cuestion de actitud, hacer el esfuezo de enseñar y aceptar que a veces mentemos la pata, sino nos quedarmeos como meros “diseñadores de fachaditas” y lloraremos por bolonia, cte..

    erRe_1

    junio 17, 2009 at 9:08

  2. Chapó as usual.

    ¿Le has mandado copia al Sr. Ansón?

    Miguel

    junio 18, 2009 at 16:02

  3. No he leído el artículo pero por el post me hago una idea, lo de siempre, escrito por los de siempre y como siempre. Trasladad esto a la economía, la política, la sanidad, etc… y vereis con que cuidado nos tenemos que leer los periódicos. Alguno dirá que ni tocarlos.

    A mi de esta semana me preocupa más el de Fernandez-Galiano en EL PAÍS, Elogio del ladrillo , se llama…

    http://www.elpais.com/articulo/opinion/Elogio/ladrillo/elpepiopi/20090618elpepiopi_12/Tes

    …lo grave es que este es ARQUITECTO (o así firma)!!!!

    A mi entre la tergiversación de las palabras de Sota (lo de dar liebre por gato) y la comparación con los tenistas (Calatrava = Nadal :-?) me ha dejado el cuerpo del revés.

    Lo siento, pero a mi Santi me parece un tío al que le prestaría el grafo 0.1 comparado con Galiano

    Enhorabuena por el blog

    joan sure

    junio 19, 2009 at 21:33

  4. Buen repaso, ciertamente da vergüenza ajena el dibujito del torso. Menudo talento gasta el “artista” (del tunig, en todo caso).

    Respecto al articulo de Galiano, ahora nos sale con el socorrido “lo pintamos de verde a ver si cuela”, a buenas horas…

    Pablo

    junio 22, 2009 at 12:03

  5. mea. al premio Calatrava como maestro fallero

    anarkasis

    junio 22, 2009 at 12:24

  6. A todos los TEMPLETON PECK de la arquitectura: mi enhorabuena. ¡Qué suerte cuando un pibón atraviesa vuestra puerta como cliente¡
    Yo, cual COLOMBO, he de gladiar con el vecino entrado en años, cansado de trabajar y ahorrar mientras mira la cancamusa por la ventana, y que ahora, sudado y magullado rehabilita por fin su casa.
    Miremos con envidia sana lo que deja el paso del pibón: porque como Herzog ¿Quién habría dicho que no?

    Oscarq

    mayo 14, 2010 at 14:59


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